Tom Kalin lleva el incesto a las calles de Barcelona
Estrena Savage Grace con Julianne Moore
( 24/01/2008 )
Ganador de un Oso de Oro en Berlín en 1992 por Swoon, el neoyorquino Tom Kalin convierte a Julianne Moore en una glamourosa e incestuosa madre en Savage Grace, sofisticado melodrama inspirado en una historia real. El director explica las claves.
Muchos piensan que, en materia de escándalo, está todo visto. Pero pocos podrán evitar que las comisuras de sus labios se abran hasta formar un ¡Oh! ante la última pirueta del cine contemporáneo. En Savage Grace, Tom Kalin se atreve a hablar, con sofisticación y elegancia pero también sin tapujos, del incesto. Lo hace a través de la historia de Barbara Baekeland (Julianne Moore) y su hijo, Brooks (Stephen Dillane), madre e hijo, ambos guapos y muy ricos, quienes en los años 70 se hicieron mundialmente famosos debido a sus turbulentas relaciones. Fue muy difícil poner en pie esta película, explica el realizador. Incluso cuando Julianne Moore accedió tuvimos muchos problemas con la financiación. Además, la historia real transcurría en lugares tan dispares como Nueva York, Londres o Cadaqués, lo que requería un enorme esfuerzo de producción. Efectivamente, Kalin quiso ser fiel a la vivencia real, reflejada en el libro homónimo de Natalie Robbins y Steven ML Aronson. Al final, convencido de que los aires conservadores que corrían en Estados Unidos por aquel entonces no favorecían precisamente la audacia, acudió a dinero español. De esta manera, Savage Grace ha sido producida por Monfort y rodada íntegramente en Barcelona, ciudad que se convierte en todas las mencionadas además de París. Mucha gente, al ver la película, me pregunta que de dónde he sacado ese rincón tan increíble de Nueva York. Pero la verdad es que no salimos de Barcelona.
Una nueva épica. La participación española se completó con la incorporación de Unax Ugalde, Elena Anaya o Belén Rueda en jugosos papeles secundarios. Kalin asegura que jamás estará lo suficientemente agradecido por su pasión y su fuerza. La mirada, sin embargo, se desliza de forma inconsciente pero ine-vitable hacia Moore y el joven Dillane, quienes interpretan con un aplomo fascinante una historia que mezcla la desesperación con la codicia, lo insano con lo tierno y la locura con la pasión: Lo más difícil fue escoger qué momentos de su biografía íbamos a reflejar. Normalmente estas producciones abundan en un tono épico y grandilocuente. Nosotros, también por cuestiones de presupuesto, estábamos obligados a hacer un filme no demasiado largo. En este sentido, me inspiraron los dramas de la Warner Bros de los años 30, esos de noventa minutos protagonizados por Barbara Stanwyck o James Cagney que lograban alcanzar un gran aliento trágico. Quería explicar la historia mediante pequeños detalles, a base de secuencias aparentemente banales que ilustraran cómo era realmente su rutina.
Ante una historia emocionalmente tan intrincada, ese arte del mostrar sin mostrar es la mayor baza de un director tan inquietante como exquisito: En ningún momento quise juzgar a los personajes. Mi intención era que el espectador desen-trañara por sí mismo el tipo de relación tan compleja que tenían. Es una película muy violenta emocionalmente pero al mismo tiempo muy sencilla de ver. En la escena final es lo mismo. Sucede algo terrible pero en la más absoluta de las quietudes. Con todo ello no quiero minimizar la importancia del dolor de ambos, sobre todo el del hijo. Es evidente que no es la relación más sana del mundo. En ningún momento tampoco se presenta como normal lo que no lo es.
Kalin también ve en su peripecia un espejo de la moral hipócrita en que vivimos. Cuando sucedieron los hechos la sociedad sabía lo que estaba pasando y se toleraba. Los ricos siempre han tenido su moral y han hecho cosas que a los demás les estaba prohibido. En este sentido, Kalin señala como significativo que en todas las culturas sin excepción el incesto sea tabú.