La papelera de Juan Palomo por Juan Palomo

El guardián

  • 05/02/2010
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No suelo llenar esta papelera de lamentos, pero desde el jueves 28 estamos, como Holden Caulfield, algo desamparados. Con la muerte de J. D. Salinger no sólo desaparece un enigma. También un genio esquivo, inasequible ante polémicas y mezquindades en los tiempos más publicitados de la historia, que supo interpretar la desolación de varias generaciones que se reconocen en él... ¿Imaginan qué sería, sin ir muy lejos, de Belén Gopegui, Ray Loriga, Mañas, Martín Casariego, y tantos otros de nuestros narradores, sin él? En fin, que como él mismo escribió en El guardian: “No sé por qué hay que dejar de querer a una persona sólo porque se ha muerto. Sobre todo si era cien veces mejor que los que siguen viviendo”.

Vicente Aranda estrena hoy, y aunque la (buena) crítica no se puede decir que le esté acompañando, por lo menos tiene la valentía de denunciar sin tapujos la complicidad de muchos intelectuales con ETA cuando aún vivía Franco. Su nueva película, Luna caliente, está ambientada en el Proceso de Burgos y más allá de la política está cargada, como e s habitual en el realizador, de sexo. Por cierto, que me pareció verle petrificado en la sesión canalla de un cine de Hortaleza ante el argumento de La cinta blanca de Haneke.

El productor Luis Miñarro, al frente de Eddie Saeta, está decidido a convertirse en uno de los hombres fuertes del cine más radicalmente autoral del mundo. Después de haber producido en España algunas de las obras más inclasificables de nuestro cine, de Honor de cavalleria de Albert Serra pasando por En la ciudad de Sylvia de Guerín hasta Liverpool, de Lisandro Alonso, su expansión internacional continuó con la actualmente en cartel Singularidades de una chica rubia, de Oliveira. Ahora, mientras prepara la próxima película del centenario maestro portugués (sí, sigue, está en preproducción de El extraño caso de Angélica), acaba de firmar para producir a otra luminaria de ese cine moroso y experimental como el tailandés Apichatpong Weerasethakul, un genio venerado por los más puristas.

Como si de una de sus novelas se tratara, pronto habrá que estudiar El Caso Willy Uribe, flamante finalista del premio Tusquets con Cuadrante Las Planas, que se publicará el mes que viene. El primero en delatar su talento fue Enrique Murillo, que editó sus novelas primerizas en El Andén y ámbar, pero el escritor parece empeñado en aportar en sus artículos, y libro a libro, pruebas irrefutables de su imaginación y sensibilidad. Un consejo: no le pierdan la pista.

Me consta que las editoriales están haciendo esfuerzos sobrehumanos para esquivar la racha. Semana a semana les iré contando. RBA, por ejemplo, que sufrió una profunda reestructuración el año pasado, apuesta en 2010 por la actualidad y se guarda para marzo tres títulos con los que espera arrasar: uno de Felipe González sobre Europa y el liderazgo (¿en quién estará malpensando?); el libro en el que Taylor Branch registró Las grabaciones de Clinton, conversaciones privadas sobre el día a día en la Casa Blanca con el entonces presidente, y una reivindicación ecologista de Daniel Cohn-Bendit, que promete reverdecer algunos tópicos en más de un sentido. ¿Verde que te quise verde?

PD: Leo que Damien Hirsch,cuyas obras se cotizan en millones de dólares,acaba de donar dos cuadros para el proyecto de otro artista que implica arrojarlos a un vertedero municipal... ¿Sólo dos?

Pilar del Castillo se retrata

  • 03/02/2010
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Hace años corría en los mentideros una leyenda urbana según la cual la mujer de un presidente del Gobierno se había asombrado al visitar a Rafael Alberti en su casa de Cádiz, y descubrir, viendo sus cuadros, que además de poeta, también era pintor.

Hoy es otra la sorpresa.

Pilar del Castillo, ex ministra de Educación y Cultura del PP (2000-2004), acaba de presentar el retrato que la inmortalizará en la galería del Ministerio. Y la autora es ella misma, pintora vocacional que ha llegado a presentarse a diversos premios, bajo seudónimo de Guillermina Blaque. Verán que el retrato tiene buena pincelada y mucha gracia, seguramente más que el que le perpetraron a Rajoy, Solé Tura y otros señores de gris.

Lo mejor es que, además, intentó que el presupuesto destinado al autor de la obra fuese destinado a varias organizaciones benéficas, y se le dijo que no había en ese momento dinero para financiarlo... ¿Tendrá que esperar a los 67 años para cobrar?

La papelera de Juan Palomo

Juan Palomo


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