BestSellers sin editorial
- 16/09/2011


El programa de autopublicación de libros de Amazon abre una vía nueva para escritores noveles y amenaza con transformar la estructura de la industria del libro. Apple o Barnes and Noble buscan también su espacio propio en el sector emergente de la autoedición digital.
La estantería Billy es una de las joyas de la corona de una de las compañías con más éxito del mundo: IKEA. Desde que Gillis Lundgren, cuarto empleado del gigante sueco, la diseñase en 1979 se han vendido más de 41 millones de unidades en todo el mundo. Cada minuto se fabrican 15 estanterías Billy nuevas en el centro de producción de Sandhem (Suecia). Hace dos años la corporación del mueble celebró pomposamente su treinta aniversario, lanzando ediciones limitadas y editando hasta dos libros que glosan su historia. La Billy es además uno de los productos favoritos de los "Ikea Hackers", comunidades de usuarios imaginativos que utilizan las piezas de sus muebles para no montarlos como las instrucciones indican, transformándolos en múltiples maneras.
Pero en Estados Unidos, el 10 por ciento de los libros que se venden ya no descansan en estanterías, sino en la memoria de un lector de eBooks. Y esta cifra no va a hacer más que aumentar. En la primera mitad del 2011 ya se compraron tantos títulos en formato digital como ediciones de tapa dura. Tras la aparición del lector Kindle -el dispositivo que marca un punto de inflexión en la trayectoria del libro electrónico- Amazon ya vende más textos de bits que de papel. Y la predicción de los analistas de la industria es que a finales de 2012, uno de cada cuatro libros vendidos será digital.

"Pimp your Billy" modificación hackeada de estantería Billy
Ante esta perspectiva, según informa The Economist, el mes que viene IKEA introducirá una versión nueva de la estantería Billy. Con más profundidad, adecuada para colocar en ella objetos y adornos, en vez de los cada vez menos probables tomos de papel.
De esta historia podemos sacar al menos un par de conclusiones. Por un lado, que una parte de nuestra época se puede contar, cada vez más, a través de la manera en que interactúan y se anulan mutuamente los grandes iconos producidos por los principales agentes de innovación dentro del capitalismo. Por otra, que cuando un producto cotidiano se ve reemplazado por una nueva forma de cumplir su función, no es sólo el producto el que cambia, sino todo un ecosistema a su alrededor que depende de él. El libro electrónico cambiará la distribución de nuestros salones, pero también amenaza con redefinir toda la estructura de la industria editorial.
La irrupción del lector Kindle de Amazon y el iPad de Apple ha transformado al libro electrónico de eterna promesa en realidad ineludible. Esta transición tiene un impacto mayor sobre el negocio que la simple desaparición de las estanterías. Para las editoriales tradicionales, las implicaciones son mucho más importantes.

Amanda Hocking
Amanda Hocking tiene 26 años, y vende todos los meses más de 100.000 ejemplares de sus relatos para adolescentes de amor y fantasía. Sin tener un contrato editorial y sin que sus libros aparezcan en las mesas de novedades de las librerías ha amasado cientos de miles de lectores en todo el mundo. Tras escribir ocho novelas y no encontrar ningún editor o agente interesado en su trabajo, en marzo de 2010 decidió probar suerte autopublicando sus libros a través de Kindle.
El programaKindle Direct Publishing apareció con poca prensa y perfil bajo en 2007, en simultáneo al lanzamiento de la primera versión del libro digital de Amazon. Su objetivo era permitir a cualquier autor del mundo publicar electrónicamente una obra completa, ponerla a disposición de los clientes de Amazon y cobrar por ella. El experimento tardó en arrancar, pero este año se ha consolidado definitivamente como una vía real y efectiva. En junio, Amazon anunció en nota de prensa que el autor autoeditado de novela negra John Locke se había convertido en el octavo escritor en vender más de un millón de libros electrónicos para Kindle, sumándose a una exclusiva lista en la que le acompañan grandes fabricantes de Best Sellers como Stieg Larsson o James Patterson.

John Locke
Amanda Hocking o John Locke son los casos más espectaculares, pero no están solos. En la lista de libros autopublicados más vendidos de Amazon hay al menos 25 autores que venden un mínimo de 2.500 unidades al mes. De estos, sólo seis han publicado anteriormente con una editorial tradicional. 2.500 libros puede no parecer demasiado, pero si hasta el 70 por ciento de su precio de venta va a parar directamente al autor, frente al porcentaje mucho más bajo de las editoriales tradicionales, no parece mal plan.
Amazon ha determinado que el porcentaje del precio de venta para el escritor oscila entre el 30 y el 70, dependiendo del precio que escoja para su obra. Esta es una de las grandes diferencias con el mercado del libro tradicional; muchos autores prefieren apostar a un precio tan bajo como sea posible para elevar el número de unidades vendidas. En Gran Bretaña, el autopublicado Stephen Leather se ha convertido en el autor más vendedor de libro electrónico del país, por encima de Larssons y Coelhos, gracias a sus thrillers policiacos a sólo 80 céntimos.
Al seguir el modelo de otras plataformas directas de distribución de autores independientes, como el exitoso App Store de Apple para aplicaciones de software, Kindle tiene un poderoso efecto de desintermediación; de repente, la larga serie de agentes que hay entre un autor y su público se reduce a uno. Pero la otra cara de la moneda es la fuerte monopolización que se produce al concentrar lo que anteriormente eran múltiples canales de acceso al contenido en un único proveedor. Esto lleva a niveles de dominación del mercado que en épocas anteriores eran impensables. Mientras que Amazon, por ejemplo, vende menos de un 25 por ciento del total de libros de papel en EEUU, en digital su cuota de mercado llega al 70 por ciento. Y aunque hay muchos otros jugadores en el mercado digital de la autopublicación, desde Apple con su iBookstore hasta la cadena de librerías Barnes and Noble, está por ver que en este sector, como en otros anteriormente, el vencedor no se quede con casi toda la tarta.
La autoedición no es necesariamente un camino excluyente al tradicional. Stephen Leather la entiende como una carrera paralela a su trayectoria de autor publicado, y piensa simultanear ambas. Otros escritores creen que ofrece la oportunidad de darle una vida a esa clase de material que no llegaría nunca a las mesas de novedades: desde reediciones de títulos descatalogados, a pequeños relatos o ensayos cortos que se pueden vender a precios muy bajos, o incluso obras que han sido rechazadas anteriormente por editoriales.
Algunas puertas reservadas para las estrellas de la industria editorial, sin embargo, ya se empiezan a abrir para los que parecían hasta hace poco sólo aficionados. Karen McQuestion es la primera autora autoeditada que ha vendido los derechos para la adaptación cinematográfica de una de sus novelas, y junto a otros autores ya ha dado el salto al papel y las librerías, de la mano de Amazon, que ha lanzado una iniciativa para llevar a lo más exitoso de esta nueva cantera a la primera división del libro.
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