Agotamientos
- 29/08/2012


No se trata tanto de saturación como de agotamiento. Un poco lo mismo que le
está pasando a la propia teleficción norteamericana. Con el fin de Breaking Bad
en esta quinta y última temporada que ahora está en marcha (y que esperaré a
comentar en este espacio cuando llegue la gran finale), tengo la sensación de que
otro nuevo ciclo post edad de oro llega a su fin en el universo de las series. Por
supuesto seguirá habiendo grandes teleficciones televisivas (ahí están Juego de
tronos, Treme, Mad Men, Enlightened, Boardwalk Empire... y las que todavía están
por nacer), pero las rupturas ya se han producido. Especialmente en el territorio
del drama, porque la comedia y la tradición sitcom pertenecen a otro universo.
Las grietas que abrieron Los Soprano (en el cine de género), The Wire (en la
vertiente política de la televisión), A dos metros bajo tierra (en la caracterización
de personajes), Perdidos (en las posibilidades del relato), Mad Men y Deadwood
(en la recreación de un tiempo y un espíritu) o 24 (en el empleo del tempo
cinemático), los seísmos y expectativas que se desataron a su alrededor, son
verdaderamente irrepetibles. Lo que ha venido después, sin restar méritos a sus
logros y la calidad de varias series, sustancialmente se ha dedicado a estirar o
perpetuar conquistas previas.
No dejaré de ver series, pero sí lo hare con más moderación y criterio selectivo.
No me queda más remedio. El tiempo es limitado, y aun así me las he apañado
en los últimos años para hacer malabarismos con los horarios (duermo poco,
la verdad) y poder también seguir muy de cerca la actualidad cinematográfica,
tanto de estrenos como de festivales. No es saturación, repito, sino agotamiento.
En este punto debo decir que disfruto más sumergiéndome en el glorioso pasado
que en el repetitivo presente televisivo, bien sea para descubrir series que aún
desconocía (Berlin Alexanderplatz, First Person, Battlestar Galactica, etc.) o para
rever otras que se han quedado incrustadas en la memoria de por vida (ahora
he regresado a la tercera temporada de Los Soprano y tengo previsto volver a la
cuarta de The Wire).

De izda. a dcha.: Los Soprano, Perdidos, A dos metros bajo tierra, The Wire, Deadwood y Mad Men.
Motivado por una combinación de pasión personal y de interés profesional, en
los últimos dos años he empezado a ver muchas más series de las que he seguido
viendo, y eso era la excepción a principios de siglo, cuando cada serie nueva era
un acontecimiento y no podía abandonarse. Ya no lo es. Al menos para mí. No
creo que The Walking Dead, Fringe o True Blood tengan especial relevancia hoy
en día. Los canales de cable se han tomado el boom como una oportunidad
única, y ahora nos encontramos con un paisaje televisivo en el que abundan las
variaciones, los simulacros y los manierismos, en el que las ideas y los personajes
y las tramas redundan sobre sí mismas, donde la atmósfera de explosión creativa
ha dado paso a un periodo de perpetuación industrial sin más interés que sacar
provecho del fenómeno espectatorial hacia las series o, en el peor de los casos,
que rellenar parrillas de programación. Un poco como le ocurre también a
Hollywood con los cómics y la literatura adolescente.
Por lo tanto, este blog, To be continued..., después de dos años y 80 posts, cambia
un poco su rumbo, pero sin tomar un sentido contrario, sino más bien ampliando
sus horizontes. Seguiré escribiendo de series, por supuesto (el motivo de volver
a Los Soprano tiene algo que ver con la necesidad de escribir sobre ella en este
espacio, uno de mis posts ausentes imperdonables), pero también encontrarán
reseñas de DVD, textos sobre películas de todo tipo, festivales, exposiciones
relacionadas con el audiovisual (un territorio especialmente rico y poco
explorado en los medios), asuntos de diverso pelaje que entroncan directamente
con el medio cinematográfico.
Espero no perder muchos lectores en el camino. Y con suerte, ganarlos.
[Breve reflexión que no podía callarme: Un crítico muy popular se quejaba recientemente, por
enésima vez, de la lentitud (yo diría negligencia) con la que trabaja la distribución española de
series, especialmente en el mercado de DVD. El crítico confesaba, de paso, que no había visto
la tercera temporada de Deadwood (¡es del año 2006!) porque no es un pirata. Artículos de
este tipo, a estas alturas, cuando por otras vías y un poco de voluntad se puede tener acceso
a prácticamente cualquier serie, en buena calidad y sin incurrir en delitos, solo me producen
estupefacción. ¿Es que yo, que sí he visto la tercera temporada de Deadwood (porque entre
otras cosas es mi deber profesional hacerlo), soy un pirata? ¿Merezco ser perseguido por la
ley por tomarme mi trabajo algo más en serio de lo que sin duda se lo toman las compañías
distribuidoras?]
Los mensajes, opiniones o respuestas a estos publicados son realizados por
usuarios de elcultural.es. El Cultural Electrónico, S.L. empresa editora de esta
publicación no se responsabiliza del contenido de los mismos. La responsabilidad
que pudiera derivarse de los comentarios publicados será única y exclusivamente
de su autor. El Cultural Electrónico, S.L. no se hace responsable de los comentarios
que se publiquen, reservándose en todo caso el derecho a resumir, refundir y
divulgar los mismos