Los dichosos derechos de autor
- 29/01/2010



El País ha sido testigo de dos polémicas relacionadas con los derechos de autor sumamente chocantes. Por una parte, el escritor Javier Calvo publicó un delirante artículo en el que proponia algo así como la desaparición de las editoriales y la venta de libros como principal sustento de su gremio para que los escritores se conviertan en empresarios de sí mismos y se ganen unos euros con, por ejemplo, los recitales. Tiene tela. Menos mal que unas semanas después el también novelista Luisge Martin le enmendaba la plana resaltando lo obvio: 1. El trabajo de los escritores es escribir, no hacerse autobombo. 2. Gracias a Dios que hay editores, si no los libros que leemos estarían mucho peor escritos.
Y Antonio Muñoz Molina y el ex presidente de la Junta e Extremadura, el eterno insensato Juan Carlos Rodríguez Ibarra, se han peleado a costa de las descargas ilegales. Lo que ha pasado es que el político publicó primero una memez y luego Muñoz Molina lo atacó mal. Decía Ibarra en su artículo primigenio (Fregonas y maletas de ruedas, como una parodia de peli de Almodóvar) lo siguiente: "¿Acaso cuando alguien compone una balada, de cuya autoría reclama la propiedad intelectual, no está creando algo sobre creaciones anteriores o contemporáneas a él? ¿No hubo antes que él alguien que escribió la primera balada de la historia?".
Es francamente asombroso que un señor como Ibarra, uno de los políticos más activos (y plastas, por qué no decirlo) de los últimos años pueda decir semejante majadería y quedarse tan ancho. Para Ibarra, la invención y la creación no existen más que como reciclaje, lo que es una verdad absurda porque efectivamente, crear significa unir conceptos de forma original para darles un nuevo significado. Pero eso lleva un trabajo, no es algo que sucede de forma "natural" sino después de muchas horas en las que un señor o una señora ha estado pensando en cómo hacerlo. Por lo visto, el único creador de la historia de la humanidad ha sido Dios, que creó el mundo de la nada. Esperemos que no comience a cobrar esos únicos legítimos derechos de autor porque nos saldrá carísimo.
Y ese señor que crea, señor Ibarra, merece cobrar, igual que usted merece cobrar por sus clases de la Universidad, aunque sería de desear que no dijera las mismas tonterías en ellas que en los periódicos. El de Extremadura, a quien siempre le ha gustado ir de gracioso (en Cataluña, sin ir más lejos, nadie le puede ni ver), prosigue su disquisición de la fregona con una comparación entre un huerto, su frutero y Sabina. Por lo visto, le resulta ofensivo que para comprar una sola canción de Sabina (Tiramisú de limon, cágate) tenga que hacerse con el disco entero. Parece que no se ha enterado de que en iTunes se venden canciones sueltas y que es absurdo pedir a la industria que publique doce singles por disco.
Pero Muñoz Molina, lógicamente alarmado por la insensatez del político, le contestó de forma displicente cuando quizá debería haberle tratado como a un ser humano, y no como al listillo con ganas de hacerse el modernuqui y popular que parece en el artículo. Porque la respuesta de Ibarra a Muñoz Molina, en la que se jacta de no cobrar su pensión como presidente de la Junta (que presidió, con rigor democrático, durante 24 años), resulta un pelo más interesante que las fregonas, las verduras y los discos de Sabina (por cierto, que esa obsesión por un cantante y músico mediocre como Sabina, al que se cita como quintaesencia de la exquisitez por parte de Ibarra y otra mucha gente demuestra la baja cultura musical española), en fin, que la respuesta es más interesante, aunque Ibarra se siga equivocando.
Pone el acento Ibarra en la distinción entre soporte y obra. Es decir, entre el cd físico y el digipak del Revolver de los Beatles y su contenido "real", la música, que es inmaterial. En primer lugar, me soprende ese desprecio absoluto por el objeto con el que se suele tratar esta cuestión. En casa tengo un libro con las cien portadas de discos más importantes de la historia y repasarlo es una delicia que te transporta a la estética y el espíritu de distintas épocas pasadas en las que la música contaba más que ahora, tenía más fuerza y capacidad de subversión. Y la música no sólo era música, era imagen, transgresión en si misma. Es falso que el contenido real del Sgt. Peppers sea solo A Day in a Life o Lucy in the Sky with Diamonds, porque esa portada también marca un canon.
Pero asumamos la desaparición de las portadas y los digipacks, aunque nos de pena, y vayamos a la cuestion clave: el soporte. Es cierto que la desaparición del soporte físico es imparable y que eso debe conllevar una bajada de precios. Pero eso ya ha sucedido. Ahora, uno puede comprar solo ese Tiramisú de limón (qué horror de título, por dios) cosa que antes no podía. Es decir, la idea debería ser que la gente compre más discos y más baratos, no que la gente se los pille gratis. Y eso, en iTunes, está pasando. Aunque quizá lo importante ya no es comprar, porque existen fenómenos, como Spotify, donde por diez euros al mes uno puede escuhar toda la música que quiera.
Spotify nos lleva a la cuestion fundamental, que obvia Ibarra en una defensa artera de lo que sabe que vende en la calle, y es si hemos pasado de la era de la propiedad a la era del acceso. O la "tarifa plana" cultural. ¿No seria maravilloso tener, por diez euros al mes, todos los libros del mundo en mi iPad como ya sucede con la música? Si todo sale bien, y soy optimista, las cosas se pondrán en su sitio; es decir, los autores se asegurararán su paga para seguir siéndolo (nadie es capaz de trabajar ocho horas en lo que sea, llegar a casa, y componer una sinfonía), la gente pagará menos, pero habrá más gente que pague, y ese acceso sera lo esencial. Ya no es cuestión de tener, sino de poder tener cuando queramos, como queramos, en seguida. Es fantástico.
Españoles en el mundo
- 26/01/2010



Estamos que nos salimos, señores. Atentos:
1. Me sorprende la poca capacidad de reacción de la prensa española ante el éxito de nuestras películas en la short list de los Oscar. Es cierto que Trueba y su El baile de la victoria se han quedado fuera, pero entre esos nueve títulos preseleccionados (entre más de 50) hay dos financiados parcialmente desde Madrid. Uno es El secreto de sus ojos, que produce Gerardo Herrero. El otro, La teta asustada, esa película de Claudia Llosa (sobrina de Mario) que ya ganó el Oso de Oro en Berlín y pagaron los hermanos Morales, de Wanda. Me temo que este es el año de La cinta blanca (que, por cierto, está arrasando en los cines) pero es una coincidencia que, sumada a los reconocimientos de Almodóvar y sus Abrazos rotos, dan cuenta de la vitalidad, a pesar de todo, de la industria española.
2. De Sundance llegan buenas noticias respecto a Buried, dirigida por Rodrigo Cortés. Cortés, un friki en toda regla que debutó con Concursante (película que tuvo cierto reconocimiento aunque yo no le vi ninguna gracia) ha arrasado con este filme sobre un hombre al que entierran vivo (el guaperas Ryan Reynolds) en medio del conflicto de Iraq con un móvil con escasa batería y menos cobertura como único medio para salir vivo del envite. La película ha sido adquirida por la importante distribuidora LionsGate y al parecer hubo tortas para hacerse con ella. Bien por Cortés.
3. Y el Festival de Rotterdam, el más importante de Europa en género documental, que empieza hoy mismo, dedica un ciclo para películas relacionadas con el Máster de Creación Documental de la Universidad Pompeu Fabra. Este máster, que ha ido labrando un importante prestigio internacional, ha servido para lanzar títulos como En construcción, de Guerín; Nadar, de Carla Subirana o El cielo gira, de Mercedes Alvárez. Son títulos nacionales que consolidan el olfato de la Pompeu Fabra, que fue pionera en un formato que ya lleva años de moda en todo el mundo, y demuestran la pujanza del documental en nuestro país. En suma, que estaremos bien representados en Holanda.
Prejuicios equivocados
- 22/01/2010



Einstein decía que es más difícil erradicar un prejuicio que romper un átomo. Voy a intentar romper ese átomo.
1. Ricky. Confieso que le tenía manía a François Ozon. Por dos motivos. Uno, por esa película barroca y pomposa que es 8 mujeres, o esa otra pedante y recargada como 5*2, que en cualquier caso es superior. Además, El refugio, la película que presentó en el último Festival de San Sebastián, que él mismo define como "menor" es efectivamente "menor" aunque tampoco desdeñable. Pero hablaba de prejuicios y este tiene que ver sobre todo con Ozon, the man. Le he entrevistado dos veces y ambas se ha pasado el rato mirando al techo, contestando tonterías y haciendo un papel de frívolo tontorrón, así como de estilista con ínfulas, insoportable.
Y a base de intentar sonsacarle alguna respuesta decente y aguantar su altivez de nuevo en el último San Sebastián, llegué a la conclusión de que Ozon es idiota y que el manierismo que apuntaba incluso aquella estupenda Sous le sable había ganado la partida. Pero la vida es un conjunto de sorpresas y Ozon, ese ser diletante que Sergi López me contó en la entrevista que hoy publica elcultural.es que es sencillamente así, o sea, diletante e intratable, es un director realmente extraordinario. Ricky es una película bellísima, turbadora y muy inteligente que te deja petrificado ante esa extraña metáfora que el director convierte en un cuento perverso cargado, de forma extraña, de una dolorosa humanidad.
2. Rebollo. La semana que viene habrá tiempo para hablar largo y tendido sobre Javier Rebollo y su película La mujer sin piano. He puesto a parir a Rebollo varias veces en este blog, y sigo sin estar de acuerdo con sus Cineastas contra la Orden y pensando que Lo que sé de Lola es un tostón de mucho cuidado. Pero noblesse oblige, he visto La mujer sin piano y es una hermosa película, un salto cualitativo fascinante. No es perfecta pero sí ambiciosa, intrigante y, a ratos, sabia.
Una de cal y otra de arena
- 21/01/2010



1. La Comisión Nacional de Competencia publicó ayer un informe en el que descalifica la labor de la SGAE y adláteres (CEDRO, DAMA, AGEDI, etc.) a los que reprocha su gestión monopolística y poco eficiente de los derechos de autor. La que faltaba. Los interfectos se han unido de inmediato para defender su negociado de 400 millones de euros que se reparten entre 100.000 socios. La ministra, como era de esperar, ha salido en defensa del establishment haciendo uso de una de ésas metáforas poéticas de las que gusta: "No podemos poner en cuestión que somos dueños de nuestras ideas", ha sido su enigmática frase para defender algo tan prosaico como la SGAE.
Salta a la vista que algo (por ser muy muy suave) debe de haber hecho mal, o muy mal, la SGAE para suscitar un rechazo de la sociedad tan contundente. Estoy a favor, como es normal, de que los autores cobren por su trabajo y me parece normal que si las peluquerías quieren disponer de un hilo musical para complacer a sus clientes lo normal es que paguen, no mucho, pero que paguen. Lo que no está tan claro es que tenga que haber una sola sociedad de gestión por estamento cultural que, efectivamente, monopolice el mercado. Lo dije hace poco y en el caso de la SGAE es diáfano, la industria se ha defendido fatal en el asunto de la piratería, con una actitud que va entre lo chulesco y el matonismo recaudatorio que produce rechazo hasta al más convencido. La idea de que la sociedad le debe algo a los artistas, que son presentados como seres en perpetua deshonra que merecen ser desagraviados de una vez por todas, que ha sido el eje del discurso de la puñetera SGAE además de ser antipática, victimista y faltona ha desvirtuado probablemente más el debate sobre propiedad intelectual que las tonterías de sus contrarios.
Respecto al famoso canon digital, si el Gobierno aplica y se toma en serio su ley antidescargas lo preceptivo es que se retire de inmediato ya que como medida ad hoc es quizá la menos mala pero es absolutamente inadmisible en un terreno de normalidad legal. Los internautas tienen razón al denunciar aquí que ha habido un abuso de lo que tendría que haber sido un mero parche. Finalmente, los grupos pequeños del Congreso tienen razón respecto a la nueva legislación sobre piratería en la red. Meterla como coletilla de la ley de economía sostenible es una forma artera de proceder que burla a los ciudadanos un debate a fondo y en serio sobre la cuestión en el Congreso. La táctica está clara, la metemos en el mogollón y que se note menos. Es un poco de jeta, hombre.
2. En medio del apocalipsis en el que vivimos, una buena noticia. Resulta que a la gente le gusta ir al cine, vaya por dios, y eso que los del cine parecen vivir en un embrollo continuo que tiene pinta de ser realmente angustioso. El año pasado la asistencia a las salas creció casi un 3% en número de espectadores y un 9 en recaudación. Ha habido varios factores. Como que las salas no se han arruinado al cumplir la ley (sí, otra ley que protege al cine español y de la que últimamente se habla poco) que las obliga a programar cine autóctono ya que títulos nacionales como Celda 211, Ágora o Fuga de cerebros han sido grandes éxitos. O el tirón que sigue teniendo Hollywood, que ha arrasado con títulos como Harry Potter, Ice Age 3 o Ángeles y demonios, por citar tres cuya calidad e interés es discutible. Finalmente, y quizá lo más importante, 2009 será recordado en la historia del cine por la brutal irrupción del cine en 3D con Avatar como santo y seña.
Respecto al 3D, hace poco decía Albert Serra (ese genio del sopor que es el director de cabecera de otra luminaria, Joel Joan), en el Culturas de La Vanguardia que esto del 3D es una chorrada que no aporta nada y que demuestra la estupidez en la que vivimos todos. Mucho me temo que van a ser unos cuantos los críticos que rechazarán de plano el nuevo formato sin más. Lo cual es una tontería tan grande como dejar de ver películas en blanco y negro porque las hay en color o al revés. Las películas en 3D por venir serán buenas, malas y regulares en una proporción probablemente muy parecida al del resto de la producción. En el mejor de los casos es posible que sean incluso mejores ya que su elevado costo quizá tiente a la industria a recurrir a personas con talento contrastado. Y personalmente lo tengo claro, me gusta ver películas en 3D y no sé qué puede tener eso de malo.
El poder del dinero
- 19/01/2010



1. La notica de ayer fue obviamente la entrega de los Globos de Oro. He defendido Avatar pero me fastidia que haya ganado en la categoría de mejor película dramática y mejor director. A Cameron desde luego no le puede estar saliendo mejor la jugada. Cinco semanas después sigue siendo número uno de taquilla en España, donde puede superar la cifra de los 50 millones de euros, una barbaridad. Es más de la mitad, por ejemplo de lo que recaudaron TODAS las películas españolas en 2008. Parece avanzar un nuevo triunfo del cineasta en los Oscar que quizá serviría para que la gente se congraciara con los premios al corto plazo pero que al largo redundaría en una falta de prestigio. Respecto a la mejor comedia, Resacón en Las Vegas es una excelente ganadora. Como comprobaron millones de españoles (fue un gran éxito de taquilla) es una producción divertida que recupera el ritmo de la comedia clásica en un contexto hiperactual. Aún no he visto el filme por el que Jeff Bridges ha ganado como actor (Crazy Heart) pero un excelente artista y un tipo simpático y me alegro. Anonadado estoy con el éxito de Sandra Bullock por la aún ignota para mí The Blind Side. Le concederemos el beneficio de la duda pero sonar, suena raro.
2. Hablando de Guardans y de sus líos he defendido en más de una ocasión la necesidad de que en España se asiente una industria seria y bien financiada que sea capaz de producir un cine comercial que conecte con el público. En este sentido, he puesto el ejemplo de Hollywood y Francia como lugares en los que se están haciendo las bien cosas. Me gustaría matizar que los retos de la cinematografía española deberían ser incluso más ambiciosos ya que Hollywood, en su papel como productor de filmes de gran consumo, cae con frecuencia en filmes repetitivos y poco ambiciosos artísticamente. Atrás quedaron los viejos tiempos en que cine popular y cine de calidad podían ser sinónimos. Sigue sucediendo, pero menos de lo que debería.
Por ejemplo, Crepúsculo, que vi este fin de semana para saber por dónde van los tiros de una película que ha sido un fenómeno de masas. Es una película no mala, malísima, con unos diálogos ridículos, una fotografía hortera a morir y una trama para niñas tontas de trece años.
Crepúsculo, y tantas otras películas abominables de Hollywood que todos los años alcanzan un insospechado éxito global, demuestran que el gran objetivo de la industria española, y europea en general, debe consistir en reinventar ese tipo de película para todos los públicos que los americanos han convertido, en demasiadas ocasiones, en productos de ínfima calidad empaquetados de lujo. Es francamente asombroso lo mala que es Crepúsculo. De no creérselo.
Genio y figura
- 15/01/2010



1. Hace poco tocaba hablar de Polanski y surgía la sempiterna pregunta: ¿puede un hombre de talento y sensibilidad fuera de serie ser un monstruo? Ahora, la cuestión se repite a la luz de una nueva biografía que, por lo visto, desmonta el mito de Clint Eastwood como ese hombre-hombre noble y recio, un tanto chapado a la antigua pero de intachable rectitud. Al parecer, el genio es tacaño, desalmado con los amigos, acumula amantes despechadas y controla con rasgos histéricos todo lo que le rodea. Estoy seguro de que la biografía que ha escrito Patrick McGillian está muy bien documentada y que probablemente diga la verdad. Pero en estos casos siempre me hago la misma pregunta: ¿realmente importa que el hombre de Sin Perdón sea un idiota? Yo, con disfrutar sus películas tengo más que suficiente. Estoy un poco harto de esos ejercicios de destrucción ajena.
2. El que tiene tela es Juan Marsé. A la vejez, viruelas. Después de cargarse de un plumazo todo el cine español en las páginas de El Cultural, se ha pillado un mosqueo que no veas con El cónsul de Sodoma, película sobre Jaime Gil de Biedma en la que el propio Marsé tiene un papel protagonista. A Marsé se le va un poco la olla, ha calificado el filme de "repugnante" e incluso ha acusado a sus autores de ser "malas personas". No pondría la mano en el fuego por el productor, Andrés Vicente Gómez, pero me consta que el director, Sigfrid Monleón, tiene más bondad que talento. Dicho lo cual, ¿es tan mala El cónsul de Sodoma? Pues la verdad, muy buena no es. El biopic es un género complicado, la vida es larga y mutable y las películas suelen agradecer un centro. Ese centro brilla por su ausencia en el filme. El problema no es el sexo (se puede hacer una película cargada de sexo y que sea excelente) sino la falta de imaginación. El cónsul de Sodoma quiere ser escrupulosa e incluso reverencial con Gil de Biedma para terminarse quedando en una sucesión de escenas inconexas en las que lo único loable es el esfuerzo de Jordi Mollá, ese actor con fama de paranoico que cuando se lo curra está impecable.
3. En realidad, "obra maestra" significa que una película podría ser distinta pero no mejor. Como es obvio, hay pocas. Hoy se estrena La cinta blanca, una de ellas. Haneke habla extensamente hoy en El Cultural, donde se loan sus logros. Humildemente les pido que no se la pierdan. Pocas veces el cine demuestra como en esta ocasión su condición de disciplina artística. Es hermosa, intrigante, misteriosa y terrorífica. Uno no la olvida jamás.
Cada día, un jaleo
- 14/01/2010



1. No he cometado las nominaciones a los Goya. Se murió Rohmer cuando iba a hacerlo. Recomiendo a los lectores que lo recuerden de la mejor manera posible, viendo sus películas. En España tenemos la suerte de que la inmensa mayoría de su obra ha sido editada en DVD. Pero estábamos con los Goya. Está claro que Celda 211, con sus dieciséis nominaciones, va a ser la gran triunfadora. Y eso que no es mi preferida. De hecho, me gustan más las otras tres candidatas: El secreto de sus ojos, El baile de la Victoria y Ágora, por este orden.
Pero entiendo que gane Celda 211 y me parecerá una decisión correcta. Los Goya, como los Oscar, no premian a la mejor" película, así en abstracto, sino a la mejor película comercial. Son unos galardones que están pensados para que la gente vaya al cine y su misión es doble: encumbrar lo bueno pero también lo popular. Y Celda 211, a pesar de algunos problemas argumentales que a mí me parecen importantes, es una película con nervio y músculo, cualidades de las que el cine español no ha andado precisamente sobrado en los últimos años.
En otras categorías también hay ganadores claros. Por ejemplo, seguro que Luis Tosar se lleva el premio como actor principal y Monzón por su dirección de la misma Celda. En actriz, el mejor trabajo es el de Penélope Cruz en Los abrazos rotos, pero ganará, ya lo verán, Lola Dueñas por su brillante interpretación, eso sí, en Yo, también. Dueñas está convirtiéndose por momentos en nuestra Gena Rowlands, una actriz con "grávitas", garra y misterio que pide a gritos un Casavettes que la mime.
Y salta a la vista que se alzará victorioso Campanella con El secreto de sus ojos como mejor producción latinoamericana y eso que Gigante, de Adrián Biniez, también es fantástica. Sospecho que Amenábar y Mateo Gil por Ágora volverán con "cabezudo" a casa por su guión original. Complicada e interesante está la sección de dirección novel: tanto Pagafantas como Yo, también, Tres días con la familia o La vergöenza son debuts poderosos. Apuesto por Planell y su vergöenza.Es la típica película que gusta en los Goya, "seria" sin resultar plúmbea, con un tema de actualidad y un premio a cuestas en el Festival de Málaga (presidido este último año por el actual director de la Academia, álex de la Iglesia).
2. Almodóvar lleva años enfadado con la Academia y por mucho que Álex de la Iglesia (again) se empeñe me temo que será difícil arreglar el desaguisado. Y será difícil porque es literalmente absurdo que Los abrazos rotos, que tanto los BAFTA británicos como los Globos de Oro consideran una de las cinco mejores películas mundiales en España no la consideremos ni una de las cuatro mejores nacionales. Me cayeron muchos chuzos cuando defendí a muerte Los abrazos rotos y la reacción española en contra fue tan contundente que llegué a pensar que tendría secuelas fuera. Pero no.
El mundo sigue amando a Pedro por mucho que en su país se le desprecie, lo cual indica que sigue habiendo vida inteligente en este mundo aunque para ello haya que cruzar la frontera. Si pasaron de Almodóvar después de leer según qué críticas ahí está en DVD para quien quiera verla. Es una película poderosa, reflexiva, extraña y brutal que da que pensar y tiene mil compartimentos en su interior. Cada vez parece más claro que hay dos Almodóvar. Uno, el populachero y simpático, el de los pedos y las pueblerinas salerosas que gusta tanto dentro como fuera (véase Volver). Otro, el enigmático y oscuro, el complicado y retorcido que sólo gusta fuera. Una pena por los de dentro. Ellos se lo pierden.
3. Los Coen. Es bastante ridículo que si Almodóvar realiza una película almodovariana hasta la médula, muy deudora de su propio universo como Los abrazos rotos, todo el mundo se eche las manos a la cabeza. Y si los Coen hacen lo mismo con una película como Un tipo serio, que además es claramente inferior a la del manchego, la gente se quede pasmada y tan desconcertada que, ante la disyuntiva, se ponga a echarle flores no vaya a ser que los tomen por tontos. Sin ser mala, que no lo es, Un tipo serio es una producción fallida. Tiene un arranque impecable, algunos gags graciosos (el personaje del amante de la mujer es genial) y, faltaría más, está bien rodada. Pero jamás logré entender por qué ese "tipo serio" sufría tanto cuando más bien me parecía que su expresión delataba una rotunda indiferencia.
4. Los catalanes, qué plomos somos. Esa pandilla de paletos con coche oficial que son el núcleo duro de ERC, envalentonados por sus prebendas y sus grandes palabras (dicen más veces la palabra "nación" que cualquier dictador fascista de la historia) han decidido que ellos van a por Hollywood y se lo comen con patatas. Su ley para obligar al 50% de las producciones a estrenarse al catalán es nefasta, improductiva y absurda. Da un poco de risa y un poco de pena.
Y que nadie se confunda, no soy Jiménez Losantos, siempre he estado a favor de medidas que apoyen el catalán, me parece normal que los pequeños se defiendan de los grandes. Pero un 50% es una locura gigantesca y conseguirá el efecto contrario al deseado. Si son tan chulos que hagan lo que ningún Gobierno se ha atrevido a hacer y realmente hace falta: prohibir el doblaje. En Estados Unidos no se puede y ha sido mil veces más eficaz para defender su producción que todas las "excepciones culturales" francesas, multas catalanas y subvenciones españolas.
¿Cuál será la próxima majadería? ¿Aliarse con Chaves para derrotar al Imperio? Estarían todos muy monos en el Parlament con cappa y espada a lo Jedi.
El hombre discreto
- 11/01/2010



Entrevisté a Rohmer hará unos seis años en París. El maestro me recibió en su productora sin límite de tiempo y al final estuvimos dos horas hablando. Rohmer tenía por aquel entonces 84 años y aunque estaba jorobado como un protagonista de TBO de Ibáñez se mantenía perfectamente lúcido. Presentaba Triple agente, una confusa y extraña producción sobre espías y contraespías ambientada en los años 30. El cineasta, que estaba entusiasmado con la idea de seguir rodando y que me aseguró que tenía varias películas en la cabeza, sólo terminaría un título más, El romance de Astrea y Celadón, un filme delirante a más no poder plagado de jovencitos y jovencitas ligeros de ropa recitando versos pastoriles. Por tanto, no puede decirse que Rohmer tuviera un fin de carrera demasiado espectacular pero en nada empaña una trayectoria impecable, en algunos momentos sensacional.
Rohmer, que en realidad se llamaba Jean-Marie Maurice Scherer, o sea, que a su manera era un presumido, fue un hombre discreto y trabajador que, como me aseguró en aquella entrevista, disfrutaba sobre todo leyendo, rodando y llevando una existencia con pocos sobresaltos. Con sus películas sucede lo mismo que con esos directores de marcada personalidad cuyas películas, para bien o para mal, se parecen todas. Se diría, que si te gusta una, te gustan todas. Y a mí me gustaban casi todas. La mejor, quizás, es El rayo verde (1986), la historia de una recepcionista que se siente sola en verano y vaga por la costa francesa en busca de un amor que se le resiste. Es un filme emblemático de la carrera de Rohmer, maestro a la hora de retratar las pequeñas miserias y alegrías que definen la vida del común de los mortales.
En sus películas se hablaba mucho y los enredos sentimentales eran con frecuencia el asunto central. A Rohmer le gustaba resaltar los dilemas y contrasentidos de la existencia, esos momentos en los que nos enfrentamos a las grandes cuestiones morales y filosóficas a partir de situaciones y conflictos a menudo nimios o casi banales. El deseo, la pasión, la amistad, la lealtad, la contradicción entre la cabeza y el corazón son temas que se encuentran con frecuencia en su obra. Rodaba con dos duros con París como escenario omnipresente. Todo el mundo tiene sus favoritas y a mí, además de esa El rayo verde, me gustan, y mucho, otras como Mi noche con Maud (1969), La rodilla de Clara (1971), Pauline en la playa (1983) o sus cuentos estacionales.
Inteligente e incisivo, mucho más divertido y sarcástico de lo que pudiera parecer a primera vista, es cierto que las películas de Rohmer (que hizo muchísimas) pueden confundirse un tanto las unas con las otras, lo que puede ser interpretado como prueba fehaciente de su indiscutible personalidad arrolladora. En la Nouvelle Vague, no quiso ser un genio como Godard ni un personaje como Truffaut. Fue un hombre de cine que aseguraba amar la literatura por encima de todas las cosas, un moralista sin moralina y uno de los grandes del siglo pasado.
Todos contentos
- 07/01/2010



1. Dice la ministra, Ángeles González Sinde, que el Gobierno presentará una fórmula sobre las descargas ilegales que "contentará a todos". Hace poco, una encuesta situaba a los políticos como tercera preocupación de los españoles. O sea, que la gente no sólo no se fía de aquéllos que supuestamente se dedican a arreglar los problemas sino que los consideran a ellos mismos otro peor. Y mucho me temo que esa desconfianza tiene que ver con declaraciones tan absurdas y arteramente manipuladoras como ésta: una ley que satisfaga a todos no existe, y mucho menos en un tema tan espinoso como éste. Si la ministra piensa que por decirlo no habrá marea más le vale darse cuenta de que, en cuanto se imponga la nueva ley (que al final, será dura, me temo) se armará la de San Quintín. No deja de asombrarme lo mal que se ha defendido la industria cultural (supuestamente formada por personas leídas) en este asunto. Y más teniendo en cuenta que los otros, los de la Asociación de Internautas y adláteres, tienen un discurso pobrísimo. Los italianos, pioneros en el copyleft y conceptos por el estilo, desde mi punto de vista no tienen razón pero sus argumentos se aguantan, aportan algo y rebatirlos requiere un ejercicio de inteligencia. Aquí, no he escuchado ni una sola defensa de las descargas, ni una, que tenga un mínimo de nivel.
2. Si hay una historia que nunca falla es la del Patito Feo que un día se convierte en cisne. Susan Boyle, esa señora fea, grosera y virgen con una voz espectacular, se ha convertido en la sensación del año junto a Michael Jackson otro que se convirtió en cisne, eso sí después de muerto. Respecto a Boyle, Dylan dijo que estaba seguro de que no saldría ningún John Lennon de un programa de telerrealidad. Estoy de acuerdo con él. Una cosa es que a la gente le guste ver como uno de ellos (un ser normal, vulgar y mejor si es inculto, o sea, quizás no sólo uno de ellos sino también alguien de quien puedan sentirse superiores, véase la alucinante Belén Esteban) de repente se haga rico y famoso. Una cosa es que envidiemos a alguien porque le toque la lotería, y otra, que la admiremos.
3. Estoy harto de leer artículos sesudos sobre Avatar en los que el firmante se cree inifinitamente inteligente porque no le ha gustado. Pero vamos a ver, ¿pensaban que era una película de Bergman o qué? Es una metáfora para que la entienden los niños, señores. Si quieren trascendencia, búsquenla en otra parte. Pero no la buscan porque la mayoría no va al cine. Muchos me temo, ni leen. Opinar es más fácil. Y criticar, no divertido, divertidísimo.
La comedia hostil
- 05/01/2010



1. Se supone que la comedia es un género menor cuyo fin es mantener la sonrisa del espectador. De hecho, hay muchísima gente que la prefiere por su aparente ligereza y su capacidad, en el mejor de los casos, para entretener sin mayores complicaciones. Pero la comedia, la buena comedia, es un género exigente y difícil que pide al director un dominio del ritmo impecable, virtud primera de cualquier cineasta. Quiero hablar de dos comedias en cartel, una buena y otra no tan buena.
En primer lugar, In the Loop, película británica que ironiza sobre la guerra de Irak y los tejemanejes políticos que le dieron carta de nacimiento (y eso que en la película la guerra se aprueba en la ONU, cosa que no sucedió en ese caso). El director, el debutante Armando Iannucci, retrata con vitriolo y mucha gracia las idas y venidas de unos personajes histéricos a través de Downing Street, los pasillos de la ONU y el Pentágono. La película funciona muy bien en dos niveles y no tan bien en otro. Acierta Iannucci al retratar la dureza de las relaciones profesionales, la brutalidad y hostilidad de personas que parecen estar jugándose la vida en cada envite. Es absolutamente real que en Occidente, y va a peor cuanto más se sube en la escala de responsabilidad, trabajar se ha convertido muchas veces en un ejercicio de humillación y dominación de los unos sobre los otros, una especie de jungla en la que sólo sobrevive el más fuerte o, como en la película, el que tiene menos escrúpulos.
Y Iannucci también explica con verismo e inteligencia cómo lo grande y lo pequeño se dan de la mano. Es decir, cómo las grandes decisiones y acontecimientos históricos son empujados por personas reales, con sus pequeñas miserias y secretos inconfesables. Lo que no funciona tan bien es lo que parece ser su propia esencia, o sea, la metáfora sobre Irak. Me temo que Iannucci sabe más del alma humana que de la alta política y, a ratos, se nota. Su maniquea visión de la maldad sajona es casi peor cuando intenta compensarla, por ejemplo a través de una Secretaria de Estado estadounidense que uno no sabe al final si es ingenua o tonta.
La otra película de la que quería hablar es Animales de compañía, una española que la taquillera del cine me confiesa que está siendo un desastre. Pues no está tan mal la película aunque sus contras, me temo, sean superiores a sus virtudes. Entre lo bueno, la solvencia de actores como Miguel Reyán o incluso Nancho Novo. Además, tiene cierto ritmo, algún chiste gracioso (sobre todo a costa del mundo del arte y la creatividad) y se deja ver sin pasión pero sin aburrimiento. Sin embargo, sus carencias son muchas y, algunas, es lo que da más pena, perfectamente salvables. No tiene sentido (ninguno) que se hagan chistes como estás más perdido que la madre de Marco u hoy me siento Ausonia, que quizá tenían gracia (tampoco mucha) en los 80 pero hoy suenan desafasadísimos. Además, su estructura de screwball comedy (que pretende reunir al final a todos los personajes en el mismo escenario rocambolesco) está demasiado forzada como para resultar verosímil.
2. El otro día me quedé de piedra al leer el Magazine de El Mundo. Resulta que Amélie, una película que además de grimosa y reaccionaria me aburrió soberanamente, es ¡la mejor de la década! Nada que objetar al resto de la lista: La vida de los otros, Amores perros o Traffic son producciones extraordinarias. Y eso que yo me quedo con otras: Mullholland Drive, de Lynch, que me parece el mejor filme de la década, una obra maestra absoluta; El pianista, de Polanski; Brokeback Mountain o In the Mood for Love. Ha sido una década, en cualquier caso, algo extraña y poco definida en la que cada autor se ha dedicado a hacer lo suyo y no ha habido fenómenos globales. Una década de grandes individualidades, algunas eso sí, geniales, que parecen avanzar un panorama fragmentado en el que dejarán de existir movimientos como, por ejemplo, la explosión del cine independiente de Estados Unidos en los 90. Por cierto, que Metacritic, página que aglutina críticas de medios internaciones por títulos de películas, sitúa a El laberinto del fauno, de Guillermo del Toro, como la película mejor puntuada por expertos de todo el mundo de los 2000. Vaya, ¡y es española!