El Incomodador
por
Juan Sardá
Ang Lee y Martínez
- 22/10/2009



1. Por fin he visto la película de la temporada que ha dividido a la parroquia. Ang Lee, el director de Tormenta de hielo o Brokeback Mountain, o sea, uno de los mejores directores de cine del mundo, no ha convencido del todo con Destino: Woodstock, su muy personal visión sobre el mítico Festival de rock. Manu Yañez en Fotogramas la consideró "festiva pero algo superficial", Ocaña en El País le dedicaba el mismo adjetivo ("superficial") y Reviriego, más contemporizador, opinaba en Cahiers du Cinéma que "es el tono leve, la dulzura picante, el conocimiento disfrazado de inocencia, lo que en definitiva redime al film de su apariencia hueca o demasiado simpática, incluso de su cargado diseño visual o su sabor edulcorado". Como mínimo, agridulce, y desde luego muy flojito para un cineasta normalmente venerado por la crítica. Lo cierto es que Destino: Woodstock adopta un tono liviano y simpático, en el que parece mucho más importante el dinamismo del Estados Unidos de entonces que la guerra de Vietnam, por esa época en pleno apogeo sangriento. Y es cierto que Lee opta por un camino sorprendente al hacer una película sobre el Festival de Woodstock sin apenas música y ni una sola imagen de los conciertos, lo que puede resultar un tanto frustrante para los fans de Joplin o Dylan, o sea, casi todo el mundo. Así, Destino: Woodstock es una buena película sobre el nacimiento a la vida de su protagonista (Elliot Teichberg), una comedia familiar y de despertar sexual bien contada y pulcra que entretiene y a ratos incluso emociona. Sin embargo, es un fracaso como filme sobre el festival y la época. Lee dice muy poco sobre el significado cultural de un evento que cambió la historia y, aunque dice mucho de algunos de sus protagonistas circunstanciales, la cosa sabe a poco.
2. Luis Martínez, crítico de El Mundo y colaborador habitual de la sección de cine de El Cultural ha recibido el premio Paco Rabal, que distingue trabajos de periodismo cultural, por un artículo titulado Jesús Franco no es humano. Es una buena noticia para los amigos de Luis, sus muchos lectores y, por supuesto, él mismo. Quienes conozcan su labor como periodista y crítico no pueden dudar de que no puede ser más merecido.
Desmontando tópicos
- 19/10/2009



1. Se supone que la gente es tonta, la vida es un asco y, para colmo, estamos en crisis. Como para dar botes de alegría. Se supone, en consecuencia, que las películas más taquilleras son a) americanas y b) muy malas. Por cierto, que no deja de ser curioso que se acuse al cine nacional de espanto y, al mismo tiempo, se asuma que lo más comercial es una porquería. Sea como sea, la lista de éxitos depara agradables sorpresas. No sólo el exitazo de ágora, también la excelente acogida de otras dos producciones nacionales estimables como REC 2 o estupendas como El secreto de sus ojos, que se está convirtiendo en un gran éxito entre ese público adulto que detesta las superproducciones de Hollywood y aupó un filme como La vida de los otros. Y Vicky el vikingo, en quinta posición, es una película infantil dotada de gracia y encanto que consolida la pujanza de la industria alemana al realizar un producto de género puro y duro y competir con ímpetu con Hollywood. Y funciona Si la cosa funciona, de Woody Allen, y ha triunfado a lo grande Malditos bastardos, de Tarantino. Así como una joya como Up sigue peleando entre las 20 primeras o una comedia tan divertida como Resacón en las Vegas sigue siendo un hit. Hay buenas películas entre las preferidas por el público, lo cual desmonta tópicos y aleja discursos estérilmente victimistas.
2. No deja de ser curioso cómo estrenar una película española parece ser una desventaja pero, en cambio, esa desventaja se desvanece cuando se trata de una película extranjera dirigida por un español. O sea, si Álex de la Iglesia rueda en inglés con Elijah Wood, Los crímenes de Oxford tiene más éxito en España que en cualquier otro país, lo cual parece demostrar que además de Wood, el director también tiene tirón, pero, en cambio, si estrena un filme con Guillermo Toledo o Sancho Gracia (es un decir) se las ve y se las desea para encontrar un público masivo. Otro tanto sucede con ágora o con dos estrenos de hoy, La huérfana, de Jaume Collet Serrra, e Infectados, de los hermanos Pastor. La promoción de ambas se ha basado, en parte, en la españolidad de sus directores, sin embargo, cuando se estrenan películas de terror realmente españolas muchas veces parece que se intenta precisamente lo contrario, encubrir su nacionalidad. En suma, podría deducirse que la gente sí se fía del talento aislado de determinados cineastas españoles pero no del entramado que los rodea, como si el motivo de que no rueden buenas películas en su país es porque el entorno (o los raquíticos presupuestos) no se lo permiten. Fomas de Hollywood y mirada española. Es una fórmula que al público le gusta.
3. El anuncio de un pacto entre Guardans y productores para salvaguardar las películas medianas básicamente deja el tinglado donde estaba aunque tiene la virtud de que por fin parece avistarse una pequeña luz al final del túnel. Por favor, que terminen de una vez.
Almodóvar y Amenábar
- 13/10/2009



1. La troupe de Almodóvar ha recalado en Nueva York. A Pedro y los suyos parece que les gusta poner a parir España en cuanto salen. En Cannes, el director dijo que la prensa española le trataba fatal, lo cual es confundir la parte (efectivamente, el equipo actual de Cultura en El País no le tiene mucho aprecio) con el todo. Ahora, los actores se quejan de que la película de Almodóvar ni siquiera estuviera entre las tres candidatas a ser seleccionadas para el Óscar. Y tienen razón, a medias. Por una parte, este año habrá hasta ¡diez! candidatas en la categoría de mejor película y es muy posible que el manchego encuentre un hueco entre tanta abundancia. Por la otra, aunque creo que El baile de la victoria de Trueba es mejor opción, también es bastante ridículo que se considere a Gordos o Mapa de los sonidos de Tokio de Coixet como películas superiores, ya ni hablemos de sus posibilidades. A la vista está, tras el pase este fin de semana de Los abrazos rotos en el Festival de Cine de Nueva York, las críticas positivas han sido abrumadoras. Cualquiera que haya leído este blog sabrá que soy fan de Pedro, pero reconozco que a veces tanto entusiasmo americano me deja perplejo.
2. Y va la segunda luminaria de la cinematografía patria. Ágora, de Amenábar, ha recaudado cinco millones de euros en un solo fin de semana. Es una excelente noticia para el cine español y para el cine en general ya que la asistencia a las salas estaba siendo desde septiembre más floja que el año pasado (que ya fue más floja que en 2008, y etc.). El éxito de Amenábar (que está teniendo muchas dificultades para vender su película fuera de España en buenas condiciones) demuestra una cosa: la gente no odia el cine español, la gente odia la mayoría de las películas españolas.
3. Y una coda final. La mayoría de la prensa no ha entendido de qué va el delito que se trata en ¡El soplón! la divertidísima película de Steven Soderbergh. Un importante crítico llegó incluso a decir que la trama era incomprensible" y el propio Boyero en su crónica veneciana daba muestras de no haber captado la cosa. Lo mismo he visto en algunos conocidos. Por lo visto, hay quien piensa que empresas rivales se reúnan para fijar precios es una cosa normal o, cuando menos, no excesivamente malévola. Nunca dejaré de asombrarme hasta qué punto en España no se entiende qué significa la ética y el buen hacer en una sociedad, como la nuestra, capitalista. Así nos va.
Los números de la Sinde
- 09/10/2009



1. Analizar los presupuestos de cultura tiene la extraña virtud de que permite contemplar de una sola tacada lo que durante el año se convierte en conceptos abstractos. O sea, uno comprueba que el follón de la Ley del Cine en realidad viene a cuento sobre quién y por qué se lleva un pedazo de esos 123 millones en juego. 123 millones, desde luego, es mucho dinero pero también sorprende que en España nos demos tantos palos por un montante con el que en Estados Unidos hacen una sola película (y tampoco la más cara).
Y la verdad es que, vistos los presupuestos, la ministra ha favorecido a su gremio. Todo baja menos el cine. Lo cual no deja de ser un tanto injusto. ¿Tiene alguna lógica que la literatura reciba 14,2 millones de euros y el cine casi diez veces más? ¿Por qué las gentes del cine tiene que ser, y no es cosa de Sinde, hace tiempo que pasa, los más mimados? Me gustaría tanto como a la ministra que las películas españoles triunfen y celebro su empeñeo en buscar, cuando menos, nuevas fórmulas. Pero también tengo la impresión de que arreglar lo del cine se ha convertido en la obsesión de todos los gobiernos (incluido el del PP) y mucho me temo que hace falta dinero, claro, pero sobre todo audacia.
2. El Festival de Valladolid, al que he ido varios años, tiene una virtud y un defecto: su calma. Uno ve allí buenas películas y se deja mecer al suave ritmo de una ciudad de provincias pulcra en la que se come bien. Tras algunos titubeos, nadie le podrá negar a su nuevo director, Javier Angulo, las ganas. Angulo, que no se pierde un sarao del cine español, sea en San Sebastián o en el Chicote, trae este año títulos de Guéguidian (Larmée du crime), el siempre fantástico Paskaljevic (Honeymoons) o todo un clásico del certamen como Ken Loach (Looking for Eric). Se verá, además, lo nuevo de Ayaso y Sabroso (La isla interior) o de Salvador García Ruiz (Castillos de cartón). Al Festival castellano le fastidió la sección Perlas de Otros Festivales de San Sebastián ya que su función principal se había establecido cómodamente en ser la lanzadera de títulos que habían funcionado bien en Cannes o Venecia. Con el programa en la mano, cabe decir que Angulo ha confeccionado una selección digna y prometedora.
La cruzada de Rosales
- 07/10/2009



1. Ayer El País publicaba un artículo de Jaime Rosales sobre el desarrollo de Guardans-Sinde a la Ley del Cine. Rosales, buen amigo y mejor pesona, argumentaba que el problema era que los del cine español se habían significado demasiado políticamente y que el papel de oposición política correspondía, esencialmente, a los propios políticos y a los medios de comunicación. Además, defendía al binomio ministerial en su afán por premiar las películas de riesgo artístico y las producciones algo más lujosas (más de dos millones de euros) en perjuicio de las pequeñas. Hoy, Manuel Martín Cuenca, que es un cineasta menos inspirado que Rosales, le enmienda la plana.
Pues bien. En el primer apartado no tienen razón ni el uno no el otro. El problema del cine español no es haberse "significado demasiado" en política ni meterse donde no le llaman porque creo que los artistas tienen el derecho e incluso la obligación de participar de la vida pública. No, el problema ha sido que el cine español se ha comportado de forma sectaria y dogmática en sus puntos de vista políticos. Está muy bien que los del cine sean de izquierdas, pero lo que no pueden ser, y muchas veces actúan como tales, es fanáticos y extremistas: es la falta de moderación su cruz, no el actuar y participar.
Respecto al nuevo criterio que guiará las subvenciones estoy de acuerdo con Rosales. Por una cosa muy sencilla, favorecer que se hagan películas algo más caras pero menos es una necesidad imperiosa del cine español. Además, por favor, estamos hablando de ¡dos millones de euros! Con ese en Estados Unidos pagan el cátering.
2. Polanski sigue entre rejas, y otro que acaba de conocerlas. Roger Avary ha ingresado un año en prisión a raíz del accidente automovolístico en el que, borracho, perdió el control de su coche provocando la muerte de un amigo que iba con él. Su propia mujer resultó severamente herida. Avary, ganador de un Oscar por el guión de Pulp Fiction junto a Tarantino es también el autor de Las leyes de la atracción, la fantástica adaptación de una novela de Bret Easton Ellis. Yo conocí a Avary en un hotel de Madrid y estuvimos más de una hora de charleta. Era un hombre inteligente, con cara de pillo y muy californiano en sus aires entre hippie y fumetas. Avary me pareció un buen tipo y esto me ha dado pena.