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El Incomodador por Juan Sardá

Occidente ama a los superhéroes

  • 29/12/2008
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Las previsiones del año que viene redundan en un fenómeno que lleva repitiéndose de forma inmutable los últimos años: la primacía de los superhéroes entre los “grandes” estrenos. Dejamos 2008 con un título claramente grabado en la memoria: El caballero oscuro, de Christopher Nolan. Es impresionante lo que el director ha conseguido con este personaje, darle la vuelta como un calcetín y, de paso, marcar el listón de hasta dónde puede llegar una película del género. Sin duda, al asistir a hechos tan terroríficos como el asalto terrorista a Bombay uno no puede dejar de pensar en la capacidad visionaria de Nolan, quien retrata como nadie la nueva forma de terror bélico al que estamos expuestos.

Sin embargo, tengo la impresión de que El caballero oscuro es la excepción que confirma la regla. Por lo general, las películas de superhéroes me resultan tediosas y demasiado simples. Véase, por ejemplo, Iron Man, una película que misteriosamente fascinó a los críticos de Estados Unidos que a mí me dejó helado en su maniqueísmo infantil. Acaba de estrenarse The Spirit, de Frank Miller, con críticas tibias. Puedo entender los motivos para ponerla verde, efectivamente, es una película mal construida que parece más una sucesión de hallazgos visuales sin ton ni son que una obra terminada. Pero reconozco que la imaginación visual de Miller es tan poderosa, algunas de sus imágenes tan extrañas y sugerentes, que no puedo evitar cierta admiración por una película fallida pero ocasionalmente genial.

El año que viene vuelve a presentarse repleto de superhéroes. Como nunca he sido aficionado al cómic, y lo digo con cierto pesar, estoy seguro de que me he perdido grandes cosas, me veo muy limitado a la hora de hacer predicciones y ponerme severo. De hecho, es sabido que los aficionados a este género artístico son especialmente tiquismiquis con lo suyo. Los expertos cuentan que Watchmen, dirigida por Zack Snyder sobre un cómic de Alan Moore es la bomba. O puede serlo si Snyder (autor de la francamente divertida y trash 300) sabe captar la esencia del tebeo (qué gran palabra abandonada) del hombre que ya parió V de Vendetta. Hay más títulos, como Lobezno (uno de los personajes de X Men) o la secuela de Iron Man.

Watchmen sucede en un Estados Unidos al borde de la catástrofe nuclear. No deja de sorprenderme que, junto a los superhéroes, la idea de la destrucción planetaria es la más recurrente. Es curioso cómo, al mismo tiempo, estamos obsesionados con nuestra inminente destrucción (títulos recientes hay a patadas, desde La niebla pasando por El incidente a Ultimátum a la tierra) y con que venga alguien, a ser posible un superhéroe, a arreglarnos el desaguisado. Durante los 80 y 90 también había héroes pero es curioso que no fueran “super” más allá de que estuviera de moda que fueran cachas.

Está visto que todo el mundo lo ve tan crudo, que ni Rambo ni John McClain, tan valientes pero sufridos, pueden con ello. O quizá es que, sencillamente, seguimos necesitando creer que existe gente mucho mejor que nosotros. En la época de cotilleo y de los famosos de tres al cuarto, cuando la religión importa menos y los políticos han perdido su aureola de divinidad para convertirse en seres en perpetua sospecha, está claro que hemos vuelto a dejar de confiar en los seres humanos para esperar que seres superiores y extraordinarios, distintos pero parecidos a nosotros como los héroes griegos, nos salven de una catástrofe que todo el mundo cree inminente. No sé si es bueno o malo, pero es el signo de los tiempos.

Blog por puntos

  • 19/12/2008
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1. Nominaciones de los Goya. Se confirman las previsiones: Los girasoles ciegos, 15 candidaturas, gran favorita; inmediatamente después, Sólo quiero caminar, de Agustín Díaz Yanes. Es bastante absurdo que Vicky Cristina Barcelona sí se considere española a efectos de calcular el porcentaje de éxito de nuestras producciones en taquilla y sólo reciba ¡una nominación! Me temo que la película de Woody Allen es bastante mejor que algunas otras más señaladas. Con Che, el argentino, tres cuartos de lo mismo. Sorpresa: El caballero oscuro, la de Batman, es candidata como ¡mejor película europea! Está visto que Hollywood es la salvación del cine europeo. Siento ser cínico, pero más cara tienen quienes hacen pasar churras por merinas. Dicho esto, el Goya que más me gustará, seguro, es el honorífico de Jess Franco



2. Me dejo caer por la fiesta de Navidad de David y Piti. David y Piti son los relaciones públicas más potentes de Madrid, los que organizan el 90% de los estrenos. Estaba todo el mundo, de Medem a Amenábar pasando por Gael García Bernal quien, por algún misterioso motivo, ha decidido instalarse en Madrid. Me cuenta que cree que es una ciudad con mucha vitalidad y ahora mismo súper interesante. Es la única nota de color en la que todo el mudno habló de lo mismo: la crisis. Medem me cuenta que sus dos próximas películas las rueda en inglés y fuera de España. Me pide que no diga nada. Le estoy traicionando.



3. Llega la Navidad y, como es habitual, se estrenas decenas de películas malas o muy malas. Eso no quita que haya películas buenas en la cartelera. Aprovechen el tiempo vacacional para dejarse caer por alguna de éstas: El intercambio, de Eastwood; Las horas del verano, de Assayas; Il Divo, de Paolo Sorrentino, o Leonera, de Trapero. Saldrán contentos. Seguro.

La amenaza Goya

  • 17/12/2008
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Si los Oscar tienen su “antesala” en los Globos de Oro, los Goya (cuyas nominaciones se darán a conocer el viernes) la tienen en los premios José María Forqué. Pasmado me he quedado al comprobar que La conjura de El Escorial, de Antonio del Real, ha sido nominada en la categoría de mejor película. Da buena cuenta de un hecho más que evidente: 2008 ha sido un año terrorífico para el cine español. Mucho peor que el anterior en el que la pujanza de Rosales y la aparición de debutantes como Viscarret, Bayona o Rafa Cortés animaban el panorama.



Acompaña a del Real en los Forqué otra película histórica: Los girasoles ciegos, de José Luis Cuerda. Ha sido la película propuesta a la academia de Hollywood para el Oscar y es la gran favorita, junto a Sólo quiero caminar, de Agustín Díaz Yanes, en los Goya de finales de enero. Los girasoles se suma a otras películas, como la aun en cartel La buena nueva o La mujer del anarquista, que llega a las pantallas en tres semanas, en tratar la Guerra Civil.



A mí, eso de que una película sobre la Guerra Civil no tenga interés por ese simple hecho me parece una tontería importante. Es un tema apasionante y es lógico que todos los años haya varias producciones. El problema es que suelen ser malas. Los girasoles ciegos película está muy por debajo de la novela y La buena nueva es terriblemente absurda. La mujer del anarquista, una superproducción con Juan Diego Botto, es también un horror. Ya me extenderé más adelante. Por eso, no se trata de “No más Guerra Civil” sino de “No más películas así”.



Me fastidia caer en la cantinela de “qué malo es el cine español” pero la realidad lo pone crudo. Soy admirador de la película de Yanes, un filme con garra y pulso que acierta a retratar un pedazo de vida con vigor. Pero hay muy poco más. Esperemos que 2009 resulte más propicio.

Tom Cruise, ¿vuelve el héroe?

  • 12/12/2008
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En una entrevista con Tom Cruise que publicaba Rolling Stone hace un par de años el redactor, que había convivido varias horas con el astro durante una semana, manifestaba la mezcla de espanto y atracción que le producía aquel hombre tan pulcro, amable y “perfecto”. Al final, confesaba haber caído rendido a sus encantos aunque Cruise, reconocía, tenía algo de relamido vendedor de coches de segunda mano. Una careta perpetua, vaya.



Lo que es la vida, el puesto que Cruise ocupó durante veinte años (ahí es nada) como actor más comercial de Hollywood, como estrella más emblemática, se lo ha usurpado ahora Brad Pitt y George Clooney. Por varios motivos, hará un par de años Cruise comenzó a caer mal y sus rivales no perdieron el tiempo. Ahora, tras el bajón de popularidad, todo se conjuga para que su siguiente película, Valkiria, que se estrena en España el 30 de enero, lo devuelva al trono.



Es muy probable que Tom Cruise jamás vuelva a ocupar el destacado lugar que ocupó pero es prácticamente seguro que, más allá de filias y fobias pasajeras, la gente le tiene simpatía y sus películas siempre atraerán a un gran número de público. Ya se sabe, quien tuvo, retuvo. Y muy raro sería que esta pulcra, entretenida pero algo superficial Valkiria no arrase en los cines, para acabar convirtiéndose a lo largo de los años en una de esas películas que todo el mundo ha visto, ya sea en una sala, en el sofá de su casa o en un trayecto en tren.



Bryan Singer, el señor que se hizo famoso por dirigir Sospechosos habituales y después hizo poca fortuna con Superman, se pone tras la cámara para contarnos, básicamente, por qué tenemos que seguir creyendo que Tom, el Tom de toda la vida de dientes torcidos y aspecto algo desvalido pero guapo a rabiar, sigue siendo el héroe que necesitamos. Y lo hace a partir de la historia real del coronel nazi Stauffenberg, quien organizó en 1944 un complot para atentar contra Hitler y tomar de inmediato el relevo en la cúpula nazi.



Valkiria surge como homenaje a aquellos militares alemanes que quisieron demostrar, como se señala varias veces, que “no todos los alemanes somos como Hitler”. Es un ejercicio de equilibrismo con cierto sentido ya que es del todo cierto que en las películas de la II Guerra Mundial los alemanes han jugado siempre el papel de malos sin matices. Sin duda, aunque conozcamos de antemano el fracaso de la operación, es un episodio histórico apasionante, por lo que es fácil dejarse llevar por los meandros de un argumento que se adivina fiel a los hechos.



Hay muy poco que reprochar a Valkiria salvo, precisamente, eso: su falta de riesgo. Tom Cruise actúa tan bien como sabe, los secundarios (Kenneth Branagh o Terence Stamp) están impecables y la ambientación, la música, el vestuario etc son perfectos. Synger, además, y no es poco mérito, no cae en la tentación de utilizar la simbología nazi para crear imágenes “glamourosas” con fines estéticos inconfesables. Tampoco es despreciable la lección de humanidad que se extrae cuando, ante el fracaso del golpe, a la inmensa mayoría les preocupa mucho más salir indemnes que mantenerse fiel a sus ideales.



Decía Luis Martínez en El Cultural que la II Guerra Mundial es el escenario cinematográfico perfecto para la confrontación entre el bien y el mal, representado de forma pura por los nazis. Sin duda, para su resurrección artística Cruise necesitaba reencontrar su segunda piel como héroe de férreas convicciones. Qué duda cabe que el Coronel Stauffenberg se adapta perfectamente al guión. La pena es que tanto Synger como Cruise han estado tan preocupados por hacer una “película de prestigio” que han hecho un producto impecable pero falto de alma. No hay nada nuevo en Valkiria, y es una pena.

Esto se hunde, esto se acaba

  • 09/12/2008
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Todos los años, el mismo runrún: esto se hunde, esto se acaba. Los del cine español hablan de rodajes parados, proyectos que se eternizan y los de las distribuidoras anuncian despidos inminentes, quiebras seguras, etc. El apocalipsis, vaya, a la vuelta de la esquina. Lo que prima es anunciar una debacle como la de las discográficas. Y el que evita ser agorero es que es tonto o algo peor. Si a finales de 2007 el griterío ya era insoportable, ahora la cosa se pone casi peor porque a la crisis del cine se suma la general (ésa sí que da miedo).



La realidad, sin embargo, es que el cine en España recaudó en 2007 516 millones de euros de enero a octubre. Y en 2008 la cifra ha sido de 497 millones. Es un bajón, uno más, pero no suficiente como para destrozar por completo una industria, tal y como algunos pretenden. En España, de toda la vida nos ha gustado la desgracia, lo llevamos en la sangre, y somos expertos en actitudes catástroficas que, me temo, no conducen a nada.



La industria, además, muy lentamente se mueve. Jaime Rosales estrenó Tiro en la cabeza en los cines al mismo tiempo que en la web. La película no funcionó ni en una ventana ni en otra. En realidad, como he dicho mil veces, el problema de fondo es la piratería por un lado y, por el otro, la desidia del Gobierno a la hora de arreglarla. El motivo es simple, las telecomunicaciones han sido consideradas un sector estratégico a cultivar y la cultura, no. O sea, de lo que se trataba era de que la gente se enchufara a Internet aunque fuera bajo un reclamo ilegal.



Ahora, se anuncian dos medidas. Por una parte, una campaña de publicidad. Por la otra, un “gran acuerdo con la industria” que se producirá en breve. Respecto a la campaña, no servirá para nada. Además de tener un logo verde horripilante, la idea (ya repetida mil veces) es comparar a un señor que cruza un paso de cebra y casi atropella a un carrito de bebé con el que se baja canciones. A la gente le importa un bledo este tipo de cosas. Además, si tan prohibido está con cerrar el eMule santas pascuas. Pero para eso falta valor.



Respecto al acuerdo, ejem. A ver qué pasa. Será el año que viene y, después de la ley del cine, puede convertirse en el nuevo culebrón interminable.



P. D.. Qué gracia me hace la gente del sector del cine, cuando hablas con ellos en privado despotrican contra el Gobierno. Y luego, cuando toca hacer declaraciones en los periódicos todo son buenas palabras. A ver si alguien se da cuenta de que les están tomando el pelo.

Hegemonía americana

  • 05/12/2008
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¿Qué le gusta más a un crítico de cine que una lista con las mejores películas del año? Una con las mejores del siglo, o de la Historia. Cuando se acercan las uvas, en los pases de prensa la pregunta no es otra: ¿Cuáles son las mejores películas de 2008? ¿Has hecho ya la lista?



La verdad es que llega un punto en el que, cuando uno ve muchas películas en parte porque no le queda más remedio, en parte porque le gusta mucho el cine, hacer listas resulta de lo más divertido porque, al fin y al cabo, necesitamos un orden jerárquico desde el que poder afrontar la cuestión esencial: ¿Qué ha habido realmente bueno?



Y la verdad es que no ha sido, en absoluto, un mal año. De hecho, es posible que haya sido mejor que el anterior. Lo que no cambia es la primacía del cine de Estados Unidos. Aunque hoy no es el día para hablar de lo mejor de 2008, que habrá ocasión muy pronto, sino sobre lo muy bueno que depara 2009. Por ejemplo, Milk, de Gus Van Sant, que he visto esta mañana. O Frost/Nixon, de Ron Howard. La primera llega a principios de enero y la segunda a finales. Ambas son serias candidatas a ganar en los Oscars.



Es curioso cómo ambas películas abordan la realidad política del país viajando hasta la década de los 70. En Frost/Nixon, a la que ya me he referido en alguna ocasión, Howard retrata la última entrevista que concedió Richard Nixon, ya retirado, y en la que confesó que había manipulado y mentido en el caso Watergate. Howard es un director que cae mal a los culturetas que suele realizar películas de gran eficacia comercial con empaque artístico: véase Una mente maravillosa o Apollo XIII.



Desde luego, Forst/Nixon es su mejor película. El virtuoso contador de historias que es Howard se alía con el artista sensible que algunos de sus trabajos denotan. Un bajo presupuesto le permite rodar con libertad y ya no hay en el filme la típica moralina que rebajaba su obra. Frost/Nixon es una película bien medida y mejor interpretada que alcanza un gran nivel dramático en el momento de la confesión. Supone, al mismo tiempo, el canto de sirena de una época, la de Nixon, y un agudo comentario sobre los mecanismos del poder absoluto.



Gus Van Sant, por su parte, militante gay de toda la vida, homenajea al concejal de San Francisco Harvey Milk en Milk. En Estados Unidos ha cundido el entusiasmo hacia este bellísimo filme en el que Van Sant retrata el despertar a la vida de su protagonista cuando, tras conocer por primera vez el amor a los 40 años, encuentra el coraje necesario para enfrentarse al mundo y luchar por los derechos homosexuales.



Sean Penn como protagonista está sublime y el director acierta al abrir el marco del asunto hacia una cuestión incluso más espinosa: “Si comenzamos discrimando a los gays con las leyes”, dice un personaje, “nada impedirá que discriminen a cualquiera por cualquier cosa”. Ese es el punto de vista del cálido y emocionante filme que ha rodado Van Sant. Después del fiasco de Brokeback Mountain (que perdió contra pronóstico) puede ser que Hollywood ondee este año la bandera rosa.



Y Clint Eastwood también retrata de forma despiadada Estados Unidos en El Intercambio, que se estrena el día 19 de diciembre. Es su mejor película desde Sin Perdón. Pero ya hablaré de esto otro día.

Australia, empieza la guerra

  • 03/12/2008
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Hoy llega a España la actriz más famosa del mundo (con permiso de Angelina Jolie), o sea, Nicole Kidman. Yo últimamente estaba un tanto preocupado con esta mujer, tanto botox la estaba matando. Pero, a lo que voy, la Kidman vuelve a brillar en todo su esplendor (y es mucho) en su nueva película, Australia, que se estrena el 26 de diciembre en España destinada a convertirse en un acontecimiento.



Australia es una película más larga que un día sin pan (casi tres horas) que transcurre en los albores de la fundación del país. Está dirigida por Baz Luhrman, que como Kidman es de las Antípodas, y como “galán” ejerce Hugh Jackman (más frivolidad, People acaba de escogerle “hombre más sexy de la tierra” en sustitución de Clooney, yo me quedo con Clooney). En fin, pareja explosiva más director de éxitos como Romeo + Julieta y Moulin Rouge debería ser sinónimo de éxito masivo, incontestable.



Pero no. En Estados Unidos el filme ha arrancado en cuarta posición, lo que no está mal pero tampoco es una maravilla. Y la crítica se ha mostrado más dividida que nunca. Pocas veces recuerdo un abismo tan insondable. Roger Ebert, el crítico más importante del país, la tilda de “maravillosa” y le dedica una crítica en términos rimbombantes. David Denby, en el New Yorker, la califica de espanto y dice que a Luhrman le gusta “tanto lo hortera como a un oso la miel”.



Pues vaya. En España, tres cuartos de lo mismo. A mis amigos del Cahiers du Cinéma les ha parecido un horror insoportable y a mí me ha parecido una producción sumamente entretenida, visualmente impresionante y sí, me ha gustado volver a ver en pantalla grande una historia como las de antes, no en vano Australia recupera de forma consciente, incluso paródica, el sabor de los grandes melodramas del pasado: ahí tenemos a esa protagonista luchando contra los elementos para mantener su granja en pie en un país a medio civilizar. Todo ello, aderezado con un discurso de defensa de los aborígenes australianos, en una línea similar a la de Philip Noyce en su poco celebrada pero notable Generación robada.



Australia es cine deliberadamente “antiguo”, un homenaje a las grandes producciones del Hollywood clásico en technicolor (de 55 días en Pekín a Las minas de rey Salomón con toques de Cleopatra), un monumento al derroche y al “bigger than life”. Su visión, es cierto, apenas deja poso salvo el de una gran sonrisa y un par de momentos de emoción verdadera, intensa. Hay quien dirá que Australia es una porquería, seguro, pero estoy seguro de que millones de personas la disfrutarán intensamente. Y es una pena que quizá muchas vayan a sentirse culpables por ello.

    El Incomodador

    Juan Sardá


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