Almodóvar y la gloria
- 24/02/2009



Ya he visto una de las películas más esperadas del año, si no la más, y el resultado no sólo no me ha decepcionado, me ha impresionado. Estoy hablando de Los abrazos rotos, la mejor película de Pedro Almodóvar con Hable con ella. El director regresa a las salas con una producción mucho más compleja y difícil que Vover, un filme en el que regresa al territorio del noir que deja al espectador devastado y con la sensación de haberse perdido algo, un sentimiento que sólo saben crear las verdaderas obras de arte.
Los abrazos rotos está estructurada en dos tiempos. Por una parte, el año 2004. Por la otra. diez años atrás. En el tiempo presente, Lluís Homar es un director de cine que se ha quedado ciego y al que adivinamos un pasado tormentoso y traumático. En el pasado conocemos la historia de Lena (Penélope Cruz, directa a otra nominación al Oscar etc), una chica de extracción social baja que acaba liada con un empresario riquísimo y malvado (José Luis Gómez).
Y no voy a contar más del argumento. Lo importante es que Almodóvar aúna en esta película sus dos vocaciones. En primer lugar, su capacidad para profundizar en las pasiones humanas, en el amour fou en todas sus acepciones. Los personajes del director son siempre seres sedientos de amor, que en su obra es llamado por su nombre: deseo. Y en Los abrazos rotos se ama, y se odia mucho. Son personajes que se persiguen y se evitan, que se atraen y se repelen en una mecánica de la atracción/repulsión que alcanza, por momentos, una violencia inusitada.
Y está también, aunque en menor medida, el Pedro divertido e ingenioso, con un punto vulgar y castizo. Ese Pedro fantástico que el público adora y que brilla especialmente en una secuencia final de comedia absolutamente magistral que puede entenderse también como un autohomenaje. Esa pirueta final es la prueba del talento inconmesurable de la pelícua.
Los actores están espléndidos. Penélope Cruz se convierte en pantalla en un monstruo de interpretación. Tiene escenas bellísimas, como la parte de Lanzarote, y el momento de la confesión con la lectora de labios (un personaje genial interpretado por Lola Dueñas) te deja totalmente fascinado. Hay tanto talento, tanta inteligencia en esa secuencia que muy probablemente pasará a la historia del cine y será recordada y estudiada en los años venideros.
Pero no sólo Penélope. También José Luis Gómez logra que hasta sintamos compasión por ese señor rico y corrupto acostumbrado a que todo le salga bien y que no puede soportar que lo que más quiere se le escape de las manos. Y Lluís Homar es el verdadero protagonista en el papel de su vida. La escena en la que pone las manos sobre la pantalla del televisor es bellísima. Y los chavales jóvenes se salen. Rubén Ochandiano tiene un papel pequeño pero le da una verdad increíble. Está graciosísimo como niño rico repelente y da miedo como treintañero curtido. Y Tamar Novas está excelente. Completa el elenco Blanca Portillo y aquí, lo siento, pongo un pero. La actriz ha estado mejor.
Los abrazos rotos es una película sobre la dificultad de encontrar el amor y sobre la pérdida. Es un filme tristísimo en el que todo el mundo puede verse identificado. Es una película sobre la ambición y sobre la lealtad, sobre el perdón y el olvido como forma de salir adelante. Tiene una trama complejísima y está estructurado como un extraño puzzle. A ratos, al director se le va la mano con su afición a las sorpresas, pero es tanta la belleza, está todo tan bien rodado (la escena de las escaleras es cine clásico, perdurable) que algunas costuras quedan sepultadas por la fuerza del conjunto.
Seguramente la película no funcionará tan bien con el público como Volver. Pero Los abrazos rotos, no lo duden, va a provocar un clamor en el extranjero como no se veía desde Hable con ella. Almodóvar se consolida, por si hacía falta, como un gran maestro del cine. Nosotros te honramos, Pedro.
¡Viva Penélope!
- 23/02/2009



La gala de los Oscar de este año no podía estar mejor resuelta ni arrojar unos resultados más justos. España está llena de carteles en los que se lee "Inspira y conmueve, una de las mejores películas de la década", y quien firma es El Cultural de El Mundo. Muchos palos me han caído por esa frase pero la realidad es que Slumdog Millionaire es, cuando menos, una de las películas más importantes de la década. Ocho estatuillas, de diez nominaciones, se ha llevado esta maravillosa película de Danny Boyle que retrata, con extraordinaria sensibilidad, la pobreza y la esperanza del tercer mundo. A algunos les fastidia que una película sobre la miseria contenga felicidad, pero parece que no entienden que la felicidad no es patrimonio exclusivo de los ricos, ni que el reconocimiento es, en realidad, el objetivo que todos buscamos. Slumdog Millionaire es una película bellísima, un prodigio de inteligencia que perdurará muchos años. Soy muy feliz.
Asimismo, es absolutamente justo que Sean Penn haya ganado el premio como mejor actor por su brillante interpretación en Mi nombre es Harvey Milk. El actor logra algo muy difícil, y es demostrar cómo ser afeminado no es equivalente a ser débil, una ecuación absurda que muchos hacen. Su trabajo es asombroso y la película, deslumbrante. Es maravilloso que se haya premiado el fantástico guión de Dustin Lance Black.
Respecto a Kate Winslet, estaba cantado que iba a ganar. Es una actriz de raza, una artista en toda regla, una mujer capaz de captar todos los matices del personaje que interpreta y desenvolverse en ellos. Bravo por ella. Su Oscar no podría ser más merecido. No sólo ha nacido una estrella. Ha nacido una de las mejores artistas del mundo.
Y Penélope, claro está. Qué alegría tan grande. Su sublime interpretación en Vicky Cristina Barcelona es de las que marcan época. Casi se me saltan las lágrimas al oír su nombre. Cuánto se la ha insultado y denigrado en este país nuestro. Una vez más, ha quedado claro por qué estamos dónde estamos y por qué somos lo que somos.
Hay que hablar, también, de Heath Ledger. Es impresionante su trabajo en El Caballero oscuro. Impresionante. Jamás el terror fue caracterizado de mejor manera. él es el paradigma de este mundo oscuro y terrorífico en el que vivimos. Es un maestro del cine, como ya quedó claro con su portentosa interpretación en Brokeback Mountain.
Hay más sobre los Oscar. Como el triunfo contra pronóstico de The Departure en la categoría de mejor película extranjera. No he visto la película pero, como ya dije, ni Vals con Bashir ni La clase me parecen gran cosa, así que me alegro.
Respecto a la gala, es indudable que Hugh Jackman ha hecho un trabajo excelente. Como decía en El Cultural Agustín Díaz Yanes, el trabajo de los actores es cada vez más físico. Después de las gracietas de John Stewart, ha sido fantástico comprobar cómo Jackman se dedicaba a hacer lo que los actores tienen que saber hacer, o sea, cantar, bailar... entretener. No sólo es un señor guapo, que también, es un performer lleno de talento y gracia.
Ha sido una gala ágil y muy bien llevada. Una lección de ritmo e inteligencia. Estados Unidos ha vuelto a demostrar por qué es el mejor país del mundo. Y la respuesta es muy sencilla, porque en vez de odiar y despreciar lo que llega de fuera, lo asimila y lo potencia. Ojalá hicéramos lo mismo. Pero eso, quizás, es sólo un sueño.
Los Oscar
- 20/02/2009



Habla Mike Goodridge en un artículo que publica hoy El Cultural sobre la decadencia que los Oscar han experimentado en los últimos años. Sin duda, la proliferación de premios por todas partes han sido decisivos en ello. En realidad, casi todo ha perdido importancia en los últimos años. Hay tanto de todo, y sabemos tanto de todo, que es difícil que determinados acontecimientos mantengan ese estatus de unicidad y glamour que los caracterizaban. En palabras de Bigas Luna, hoy los mitos son práticamente imposibles porque todo está demasiado expuesto.
Dicho esto, quiero hacer una quiniela para el próximo domingo. Ahí va:
Mejor película: Slumdog Millionaire
Mejor director: David Fincher
Mejor actor: Mickey Rourke
Mejor actriz: Kate Winslet
Mejor actor de reparto: Heath Ledger
Mejor actriz de reparto: Penélope Cruz (por cierto, que, atención, el New York Times pronostica la victoria de Viola Davis)
Mejor guión: Dustin Lance Black por Milk
Mejor guión adaptado: Simon Beaufoy por Slumdog Millionaire
Mejor película de animación: Wall-e
Mejor documental: Trouble the Water
Mejor película extranjera: Vals con Bashir
En fin, esto de las quinielas ya se sabe cómo son, una lotería, valga la redundancia. Respecto a la noche de los Oscar, pienso verla aunque todos los años lo hago y, la verdad, la gala suele ser tirando a rollo patatero (rollo patatero caro, eso sí) pero uno se lo pasa bien entre la emoción del "quién ganará" y el cotilleo puro y duro (tipo, "a Penélope este peinado no le sienta bien"). Este año el presentador es Hugh Jackman, un señor muy guapo con cara de simpático cuya actuación es todo un enigma. El lunes, con la legaña encima, prometo extenderme largo y tendido sobre lo visto. La noche de los Oscar es de un frívolo que mata, pero es divertida. Qué demonios.
El maestro Eastwood
- 17/02/2009



Como ya he explicado alguna vez en este blog, siempre me ha gustado fijarme en los resultados de taquilla, tanto nacionales como extranjeros. Y una de las sorpresas más grandes de los últimos meses ha sido el éxito comercial de la última película de Clint Eastwood, Gran Torino. Se trata de un filme de escaso presupuesto (33 millones de euros) que ha superado los 123 en la taquilla estadounidense. Para que se hagan una idea, la anterior, El intercambio, costó el doble y se quedó en los 35. De hecho, Gran Torino ha superado los resultados de películas mucho más caras y con teórico mayor potencial como Valkiria, El curioso caso de Benjamin Button o la última de Underworld.
He visto la película, que se estrena el próximo 6 de marzo, esta mañana y me he quedado absolutamente deslumbrado. Al igual que El intercambio, Gran Torino es una producción que deja al espectador profundamente conmovido. Con los años, Eastwood ha ido perfeccionando su portentosa sensibilidad, convirtiéndose en un maestro absoluto a la hora de retratar las emociones, en un artista sutil y conciso que es capaz de observar y contar las situaciones desde todos los ángulos posibles, encontrando siempre la verdad que se oculta tras las apariencias, la infinita nobleza de lo humano.
Gran Torino cuenta la peculiar relación que se establece entre un viejo racista (el propio Eastwood en una interpretación que según él mismo será la última de su carrera) y sus vecinos asiáticos. La película comienza con el funeral de la mujer de este antiguo combatiente de la Guerra de Corea y conocemos a un ser desagradable, malcarado y antipático que es incapaz de llevarse bien con su propia familia. Pero nada es lo que parece en Gran Torino y, a medida que transcurre la trama, descubrimos las aristas de un personaje torturado por el recuerdo de la guerra además de su profunda soledad.
Eastwood acabará desarrollando una peculiar relación especialmente estrecha con el hijo adolescente de la familia, con el que ejerce un extraño parentesco en el que el ex militar ocupa la figura del padre que el chico ha perdido. Poco a poco, el director va apretando las tuercas de una historia mucho más dramática de lo que aparenta, realizando un despiadado y al mismo tiempo emocionante retrato de las tensiones raciales en Estados Unidos. No es extraño que la película haya funcionado tan bien en su país, ya que se trata de un filme de rabiosa actualidad, es una película que habla del presente desde el presente, y la gente agradece que el cine le ayude a entender mejor lo que pasa a su alrededor.
El espectador abandona la proyección de Gran Torino con un nudo en el estómago, enamorado del personaje de Eastwood después de haberle odiado. Es un canto a la igualdad y el entendimiento realizado desde un punto de vista que es lo contrario a la correción política (a los chinos se les llama rollitos de primavera y a los italianos macarronis). Gran Torino invita a llamar las cosas por su nombre, a enfrentarse a la verdad desnuda como única forma posible de superar los problemas. Es, sin duda, una película excelente. Un hito que con toda seguridad repetirá éxito en España y provocará un necesario e intenso debate. Eastwood lo ha vuelto a hacer. Es increíble.
Mujeres con estilo
- 13/02/2009



1. Según una encuesta reciente, Audrey Hepburn es considerada por los hombres británicos como la actriz más guapa de la historia del cine. Le sigue Angelina Jolie. En los últimos años, el poderío de Hepburn ha ido creciendo de forma exponencial. Las paredes que antes adornaban con la figura de Marilyn ahora lo hacen la con la sofisticada actriz de origen holandés boquilla en ristre en Desayuno con diamantes. Si Marilyn ejemplificaba la voluptuosidad exuberante de una mujer de bandera, Audrey representa lo contrario: la clase y la elegancia de una fémina con aspecto virginal. No tengo muy claro que hayamos ganado con el cambio de icono. ¿Vivimos tiempos más chic o simplemente nos hemos vuelto más puritanos? Es una pregunta interesante.
2. Voy al cine a ver La duda, de John Patrick Shanley. Es lo que antes se llamaba una película de actrices. Tres de sus protagonistas están nominadas al Oscar, Meryl Streep como actriz principal y Amy Adams y Viola Davis como secundarias. Las tres están portentosas. Siempre me ha parecido asombroso que haya gente que le tenga manía a Streep, una artista impresionante que lo hace bien todo. Quizá es precisamente esa imagen de doña perfecta lo que le fastidia a alguna gente. Davis y Adams son las rivales de Cruz y creo que la española tiene el premio bastante asegurado. David, para empezar, sólo tiene una secuencia, en la que está brillante, pero sabe a poco. Adams está impecable, pero a su personaje le falta la fuerza de la María Elena de Vicky Cristina Barcelona. La película, por cierto, no está mal pero es sosilla.
3. Veo en pase de prensa Mentiras y gordas, el regreso de Albacete y Menkes. Sale lo más granado de los actores jóvenes españoles, de Yon González a Hugo Silva pasando por Marieta Orozco. Me quedo, sin embargo, con Ana de Armas, esta chica tiene poder, mucho poder. Ya hablaré otro día de la película, un delirio plagado de drogas y fiestas con mucho sexo, pero ya lo avanzo: me gustó. Y espero no meterme en un buen lío por ello.
Una cierta tendencia
- 09/02/2009



La semana pasada escribí un post en el que defendía el cine español. Mi intención, que quizá no quedó del todo clara, no era tanto hacer una encendida exhaltación del mismo sino arremeter contra una cierta forma de atacar al cine español basada en el insulto y la crítica a la totalidad. Voy a hablar de dos películas, las dos ganadoras de los Goya de este último año, que ilustran (cada una a su manera, Camino es mucho mejor que El truco del manco) los defectos y lastres que arrastra la cinematografía patria.
Camino - La ganadora de seis Goyas no es, ni mucho menos, una mala película. En un año árido como 2008 es, de hecho, una triunfadora bastante digna aunque Sólo quiero caminar es considerablemente mejor. Primero, las virtudes. Sin duda, es una película ambiciosa y aunque no alcanza el nivel que se propone tampoco chirría. Teniendo en cuenta que el cine español tiene tendencia a hacer películas pobretonas se agradece que Fesser se atreva a hablar de grandes temas y que lo haga, además, con generosidad de medios (y miras). La película cuenta una historia terrorífica (es sabido, la muerte de una niña de 11 años en el seno de una familia del Opus) y lo hace sin caer en sentimentalismos ni haciendo (demasiadas) trampas. Se deja ver con interés y la interpretación de Carme Elías es sencillamente sensacional así como la de la propia niña, Nerea Camacho, un fenómeno. Ahora lo malo. Camino comete el mismo error que mucho cine español reciente, o sea, estar rodada más como un telefilme que como una verdadera película de cine. Un telefilme de lujo, qué duda cabe, pero telefilme. Tanto el montaje como la planificación recuerdan a los modos televisivos y esa sensación que amplificada por el argumento, muy propio del género. Segundo. La película está hecha, de una forma descarada y brutal, para poner al Opus Dei a caer de un burro. El problema es que la película no encuentra esa crítica sino que la busca deliberadamente y, a ratos, carga tanto las tintas que se acerca al panfleto. Fesser confunde una institución (el Opus) con una enfermedad (el fanatismo, en este caso religioso) y por eso pierde credibilidad. Es una pena que su mirada no intente comprender sino censurar. En realidad, su ataque hubiera sido mucho más efectivo de haber seguido ese camino (valga la redundancia).
El truco del manco - Ganadora de tres Goyas (director revelación, actor revelación y canción), El truco del manco es una película sencillamente malísima. Una vez más, la Academia ha priorizado un tipo de cine social confundiendo las buenas intenciones con los (pésimos) resultados. La película cuenta la construcción de un estudio de músico por parte de El Langui y un amigo suyo adicto a las drogas. Y no se entiende nada. Primero, es una película sobre un hip hopero en la que no hay hip hop, deduzco que para enfatizar esa sensación de pobredumbre y cutrerío que impregna todo el metraje. El director, Santiago Zannou, juega a ser Bresson sin tener ni la más remota idea y la historia, truculenta y tremendida, no se aguanta por ningún lado. Empezando por su nada sutil defensa de la delincuencia (que se presenta como la única forma que tienen los protagonistas de alcanzar su sueño y se justifica) y terminando por un final innecesariamente trágico y absolutamente ridículo. Es, sencillamente, una vergöenza que un producto de calidad tan ínfima se haya llevado un premio que merecía muchísimo más Nacho Vigalondo y Los Cronocrímenes. Desde luego, es muy lógico que la gente no quiera pagar un duro por una película que además de deprimente, es horrenda (si alguien quiere ver cómo se puede retratar los bajos fondos y hacerlo infinitamente mejor que no se pierda la maravillosa Juventud en marcha, de Pedro Costa, que está disponible en formato DVD).
Nostalgia de Berlín
- 06/02/2009



Durante varios años, unos cinco o seis, iba todos los febreros a Berlín para asistir al Festival. He estado sólo una vez en Cannes y otra en Venecia, el alemán era mi Festival predilecto de los grandes por un motivo sencillo: pasar 10 días en Venecia o la Costa Azul cuesta un ojo de la cara; Berlín, sin embargo, salía infinitamente más barato. Me pasaron mil cosas en el Festival y allí vi algunas películas maravillosas que ahora se confunden en mi memoria con las decenas de películas que me ha tocado ver los últimos años.
Hace ya dos años que no visito Berlín por estas fechas y cada vez que arranca el Festival siento una irremediable nostalgia. Muchos amigos míos siguen yendo y la programación siempre es, como mínimo, lo suficientemente buena como para que a cualquier cinéfilo se le pongan los dientes largos. Los sesudos expertos dicen que este año la cosa tiene peor pinta y los periodistas, que ya se sabe cómo somos, adoradores de los tópicos, hemos bautizado a este edición como la Berlinale de la crisis. Algo de eso, de todos modos, hay.
Debo reconocer que por mucho que miro de arriba a abajo la programación no logro sentir una excitación desmesurada (cosa que no me pasaba con las últimas ediciones de Venecia y Cannes). Confieso que el cine de Angelopoulos me aburre solemnnemente (por cierto que fue precisamente en Berlín cuando el director y yo casi llegamos a las manos discutiendo sobre si un ejército internacional debía haber impedido la matanza de Ruanda; él opinaba que no y yo que sí y se pilló tal cabreo porque le llevara la contraria que cortó de golpe la entrevista cuando aún faltaban diez minutos de los acordados).
Decía que Angelopulos me da mucha pereza y, espero que nadie me corte la cabeza, también reconozco que las películas de Oliveira suelen provocarme un sopor importante. Otro de los veteranos a concurso es Andrej Wajda, un señor que debe ser viejísimo. En el grupo viejunos el que más me interesa, con diferencia, es Chabrol. Soy fan de todas sus películas (cosa no muy difícil porque se parecen siempre, así que si te gusta una, te gustan todas). Completan el pelotón Ermano Olmi, cuyo último filme, Cien clavos, me provocó un aburrimiento mortal y Paul Schrader, merecedor de un puesto en el firmamento por su guión para Taxi Driver.
Pero en Berlín habrá bastante más que vieja escuela. Me muero de ganas por ver lo último de Stephen Frears, un director que de vez en cuando se equivoca pero que suele acertar. Su última peli se llama Cheri, drama ambientado a principios del siglo XX con la excelsa Michelle Pfeiffer. Soy fan también de François Ozon (a pesar de 8 mujeres) así que espero que Ricky, sobre un chico con poderes sobrenaturales, cumpla las expectativas. Y me suele gustar todo lo que Betrand Tavernier, a ver qué tal In the Electric Mist, un thriller con asesinatos de mujeres protagonizado por Tommy Lee Jones. Finalmente, mi admirado Michael Winterbottom, el director más activo en activo, presentará The Doctrine of Shock, adaptación de una obra de Naomi Klein.
Vamos, que crisis o no crisis, es bueno saber que el buen cine sigue encontrando la forma de salir adelante.
PD. Nobleza obliga, mi amigo del alma, el actor Fernando Tielve, presenta Unmade Beds, película dirigida por Alexis Do Santos que ya triunfó en Sundance. Aún no la he visto pero en cuanto lo haga, pienso extenderme sobre ella largo y tendido. Y no por amiguismo, que todo el mundo dice que es excelente.
Caña al muñeco, que es de goma
- 04/02/2009



Yo mismo he dicho por activa y por pasiva que 2008 no ha sido el mejor año del cine español. Pero una cosa es una cosa, y otra cosa es otra. Desde la gala de los Goya, que tuvo una audiencia estimable, se repiten sin cesar los artículos y comentarios malsonantes sobre el cine español. En los foros de los periódicos digitales, verdaderas sucursales del infierno, se ha dicho de todo y casi nada bonito. Las dos críticas más habituales son, por una parte, que el cine español no interesa y, por la otra, que es sectario políticamente y practica el nepotismo. El último en añadirse al coro es un crítico de cine en paro llamado Kiko N. Thomas cuyo gran logro es haber robado un Goya en el guardarropa de una discoteca a Albert Sole [en la imagen].
El domingo pasado, en El País Semanal, álex de la Iglesia publicaba un interesante artículo en el que reclamaba (cito de memoria) que el cine español se internacionalizara y primara producciones más espectaculares que puedan conectar con el público masivo. Estoy de acuerdo a medias. En el cine español sobran artistas y faltan artesanos. O sea, que falta gente que sepa construir buen cine de género, que es el que el público prefiere, y sobra gente con ínfulas de convertirse en el nuevo Almodóvar.
Sería bueno para todos que se creara una verdadera industria que fuera capaz de crear películas de acción, comedias, thrillers y terror (de esto sí hay, afortunadamente) que conectara con el público del minicine de extrarradio. No creo, sin embargo, que sea cuestión de internacionalizar nada. Estoy convencido de que un suizo, o un americano, o un chino, siempre preferirá ver una película española en la que lo que se vea sea España que una especie de no lugar sin personalidad ni rasgos claros que pretenda erigirse en metáfora de Occidente.
O sea, que al cine español le queda mucho, mucho, por mejorar y es la propia industria la que paga, yo diría que con creces, sus propios errores. Pero, insisto, una cosa es una cosa, y otra cosa es otra cosa. Todos los años se producen en nuestro país, como mínimo, media docena de películas cuando menos interesantes y muchas no las ve ni Dios por culpa de una mala imagen inmerecida por exagerada y distorsionada. A fin de cuentas, el cine español es regular pero no es lamentable, ni repugnante, ni tan repetitivo ni nada de nada.
Respecto al gremio, se dice que es sectario y endogámico. Como todos, vamos. Es absolutamente mentira que sólo ganen premios los mismos y que no haya oportunidades para los que quieren entrar en él. La mayoría de sus integrantes son de izquierdas, cierto. Pero lo mismo sucede en el cine francés, el americano y el japonés. Los artistas, por lo general, tienen tendencia a ser progres, no digo yo que no los haya de derechas y puedan ser excelentes, pero la realidad es que las cosas son así. ¿Y qué?
Desde luego queda mucho por mejorar y hay una cierta tendencia a la autoprotección y al amiguismo pero es harto evidente que muchos fracasados prefieren echar la culpa al cine español (así, a saco, como si fuera una sola persona) que a su falta de talento o empuje. Nadie que conozca este blog o mis artículos puede acusarme de blando con el cine español, he sido muchas veces implacable. Pero ya está bien, hombre.
Los Goya (2ª parte)
- 02/02/2009



En un momento de la gala de ayer, y no precisamente el más brillante, Carmen Machi leyó las supuestas críticas que recibiría al día siguiente, todas poniéndola a parir. El gag no sólo no tuvo demasiada gracia, también tuvo mucho de cafre, cierto victimismo y resutó un buen truco para curarse en salud con respecto a lo que estaba ocurriendo en el escenario. Efectivamente, Machi por lo menos no se equivocó, hoy todos los periódicos se despachan a gusto. Sin duda, el más crítico es Borja Hermoso en El País, quien dice, textualmente: Ha llegado el momento de que quienes piensan, pagan y hacen esta ceremonia jurásica se replanteen todo: (...) la razón de ser misma de insistir en lo prescindible y defender lo indefendible.
Se había anunciado que la gala tendría glamour y sería elegante. Y hubo cierto glamour y elegancia, pero sin pasarse. Lo mejor, con diferencia, fue un cierto sentido del ritmo. Los premios se entregaron a la velocidad adecuada y cada dos por tres estaba subiendo alguien para recoger alguno. El decorado, muy a la americana, era mejor quer otros años aunque el rojo era demasiado rojo caja de bombones. Hubo gente guapa. Penélope, una vez más, la mejor. Ella juega ya en otra liga. Pero también brillaron Clara Lago, Goya Toledo, Belén Rueda o Benicio del Toro. Una pena que no estuviera Diego Luna, a quien se ninguneó toda la gala.
Hasta aquí, lo bueno o semibueno. Ahora, lo malo. En primer lugar, el guión volvió a ser flojo; a ratos, flojísimo. Hubo pocos chistes buenos y Machi, que debe ser una mujer muy divertida, seguro, no acaba de encajar exactamente en el guión previsto de glamour y elegancia. A todo el mundo parece que le gustaron los chistes de Muchachada Nui, a mí, lo siento, no tanto. Entiendo que su humor sofisticado y culturetas es mejor que el de José Mota, sin ir más lejos, pero no creo que estuvieran especialmente inspirados. Pero ya se sabe, que te gusten Joaquín Reyes y los suyos queda bien y nadie quiere saltarse el guión.
Hubo, además, fallos de bulto. Insistir una y otra vez en enfocar a Benicio del Toro tuvo un punto provinciano de lo más cutre. él y Penélope fueron lo más fotografiado de la gala, con lo que la impresión que uno se lleva es que lo que de verdad mola es Hollywood, no Madrid. Tampoco tuvo mucho sentido el plano de Verónica Echegui dándose el lote con su novio y fue obsceno el largo plano con las lágrimas de Maribel Verdú.
Ganó Camino, como se veía venir desde hacía unas semanas. Seguramente los premios ayudarán a que vaya más gente a ver la película. Pero la realidad es que a la gente le da pereza meterse en un cine para ver cómo se muere una niña. Por lo menos, el productor, el poderoso Jaume Roures, tuvo la valentía de decir lo que Fesser ha negado numantinamente desde el estreno, que la película es un ataque al Opus. No me parece mal, ¿por qué negarlo?