Adiós al rey de Papalaguinda
- 27/04/2009



Como vivió, discreta y serenamente, el sábado se nos fue de un fulminante ataque al corazón Antonio Pereira (1923-2009), excelente cuentista, sin duda uno de los mejores del último medio siglo en español.
Por eso, ahora que las distancia cortas en la narrativa están tan de moda, quiero celebrar la prosa exquisita y la profunda bonhomía de Pereira, el rey de Papalaguindo, que así se llamaba la calle leonesa en que vivía, y recordar lo que él mismo escribió en la Primera memoria de El Cultural recordando sus inicios:
Cuando iba por Madrid, a la hora del café me hacían un sitio en la tertulia del Gijón: no en el diván de peluche, tanto no, pero bastante próximo para alternar con los consagrados. Y sin embargo, a pesar de tan paciente noviciado, no lograba convencerme a mí mismo de que era escritor, y mucho menos declarárselo a nadie.
Era una sensación desazonante y yo sabía la causa. Tenía en mi cuarto una colección de carpetas con textos que llevaban impresa mi firma, hojas sueltas, volátiles, inseguras. Pero no había publicado un libro.
Después vendrían los cuentos y novelas premiados, la admiración de un público selecto, el respeto de la crítica y la admiración de cientos de jóvenes autores de entonces (Umbral, Merino, Luis Mateo Díez, Aparicio, Guelbenzu, Escarpa) que ahora, medio siglo después, recuerdan su magisterio.
Nos deja, también, un puñado de relatos excelentes,como los Cuentos de la Cábila, y el proyecto de la Fundación Antonio Pereira, impulsada por él y su esposa, para fomentar y actividades de carácter científico y cultural o de interés social, tendentes a la conservación de la obra literaria del escritor, así como de cualquier otra obra relacionada, tanto de literatura, artes como humanidades. Y un puñado de excelentes cuentos. Leánlo.
César Aira se quedó en Góngora
- 22/04/2009



César Aira pasea ya su displicencia por Madrid. El escritor argentino es el encargado de abrir la nutrida y variopinta noche de las libros, con una conferencia, bien pagada, en las salas de la Comunidad de Madrid. Pero amabilidad, la justa. Aira va a hablar, me dicen, sobre los libros que podemos perdonar, no para no leerlos, sino para leerlos, y no porque sean buenos, sino por el mero placer de la lectura. En fin, una cosa rebuscada y densita, como sus propios libros. El caso es que César Aira ha venido a España con motivo de la fiesta del Cervantes, y claro, la pregunta sobre Marsé era obligada. Pues nada. El argentino confirma a El Cultural que no ha leído a Marsé, que no lo conoce siquiera, pero, eso sí, le perdona la vida: Tal vez, en algún día de lluvia, me ponga a ello. Y dice más: La literatura española actual no me interesa. Me quedé en Góngora. El personaje, como ven, no es como para llevártelo a casa. ¿Perdonamos a sus libros? Recuerden que en la Feria del libro diluvia...
El reestreno de Sinde
- 16/04/2009



Me cuentan que la ministra no ha podido esperar más. Y sí, parece que hoy mismo Ángeles González Sinde ha concedido su primera entrevista, al periódico amigo, por supuesto, para descubrir las líneas maestras de su Ministerio.
¿Para qué una rueda de prensa, si puede garantizarse la comodidad y el respaldo de los amigos, mientras la SGAE hace de las suyas, y la lucha contra la pitarería encubre otras lacras?
Yo me voy a ocupar, sí, de sus líneas maestras. Permanezcan atentos.
La Noche de los Libros, 11.000 vírgenes y unas risas
- 14/04/2009



Una vez más el bueno de Jaime Bayly se postula como estrella de una fiesta, en este caso la madrileña Noche de los Libros, con una conferencia titulada Bayly y sus 11000 noches vírgenes, que tendrá como escenario nada menos que la Real Casa de Correos, sede de la Presidencia de la Comunidad de Madrid, y que promete. No me creo que Esperanza Aguirre sea capaz de perdérsela, aunque ese día tal vez deba multiplicarse para acompañar a Juan Marsé en el Círculo de Bellas Artes, y también a César Aira, en la sede presidencial de la CAM.
Después, lo de siempre y los de siempre, de José María Merino y Javier Marías a Ray Loriga, pasando por Juan José Millás, Marta Rivera de la Cruz, Isaac Rosa, Manuel Hidalgo, ángela Vallvey, Vicente Verdú, Juana Salabert, Ricardo Menéndez Salmón, Fernando Marías, Manuel Vicent, Luis Mateo Díez y Gabriel Albiac, Marta Sanz, Antonio Skármeta, Susana Fortes, Andrés Neuman, Tomás Segovia, Soledad Puértolas o Eduardo Mendicutti. Y que no falten, que la cosa literaria mercantil está, a pesar de las voces triunfalistas, bastante malucha.
Menos mal que amigos de amigos me acaban de pasar la nueva revista literaria El Dodo, Por humor al arte, que arranca con portada de Javier de Juan, y con relatos de Jorge Berlanga (La niña de sus ojos); Jorge Montojo (Una sexóloga antillana), el consultorio sentimental de Conde de Ciruelalta, desopilantes (y tristísimas) viñetas de Fernando Bellver, poemas de Ángel Guache; un fragmento de El Pícaro, de Jaime Royo-Villanova, las Soluciones patafísicas a la inútil soledad, de Ignacio Merino, una entrevista con Andy Chango, o el Dodóscopo de Lucía Montojo.
Adiós, César Antonio, adiós
- 07/04/2009



Ahora que, parafraseando a Muñoz Seca, muchos trabajadores nos sentimos parte de la UGT (la última Generación que Trabaja según el dramaturgo), la crisis económica se ha llevado por delante al gobierno de Zapatero y con él, al ministro Molina.
Que lo ha hecho en general bien, en ocasiones muy bien, porque ha gestionado con eficacia sus escasos recursos, y ha acertado rotundamente nombrando a profesionales del gremio cuando la ocasión lo exigía, como hizo poniendo a Milagros del Corral al frente de la Biblioteca Nacional.
Otros nombramientos, en cambio, han estado tiznados de polémica (Juan Carlos Marset en el INAEM) o se han dejado arrastrar por malas prácticas...
Eso sí, me cuentan que los libreros están aterrados ante el tsunami de versos que se avecina, aunque sólo sea por la media docena de libros que siendo ministro publicó el incansable César Antonio.
Bromas aparte, lo que le espera a su sustituta, Ángeles González-Sinde, es digno de una peli de terror, pero de las japonesas, ya saben, llenas de fantasmas y sombras.
Ojalá se muestre ajena al sectarismo y la mezquindad reinantes, y que lleve a buen puerto las leyes de las Buenas Prácticas en la elección de los responsables de los museos, revitalice el teatro, garantice la libertad de elección de la lengua de estudios, agilice las ayudas a la industria editorial...
Y, sobre todo, que se aplique a solucionar los gravísimos problemas del cine español, sin seguir penalizando al espectador.
Y que no escuche demasiado al nuevo ministro de Educación, Ángel Gabilondo, el filósofo del no lugar, autor de piezas tan memorables como ésta: "Pongamos que hablo de lugar. Pongamos la palabra lugar. Supongamos que para hacerlo necesitamos un lugar, y no de uno cualquiera, sino de su lugar. Supongamos que ponemos la palabra lugar en su lugar, si tal lugar pudiera darse antes de la palabra... [...] En fin, una vez puesta en su presunta sede, en su sitio, asentada debidamente, lugar será la obra de la palabra lugar, la palabra lugar puesta en obra".
Abrumador, ¿no?