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El incesto intelectual de John Berger y su hija en el Prado

El crítico británico escenifica un diálogo con KatYa en el dormitorio del Palacio Ducal de Mantua, pintado por Mantegna

  • ( 09/02/2010 )
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Alberto Ojeda
John Berger (Londres, 1926) y su hija Katya se acostaron juntos en la Cámara de los esposos del Palacio Ducal de Mantua. No hubo incesto, no crean, sólo un diálogo apasionado entre ambos sobre la obra de Andrea Mantegna, autor de los frescos que decoran esta estancia, que anoche fue recreada sobre el escenario del auditorio del Prado.

La Fundación Amigos del Museo del Prado decidió homenajear a este poliédrico pensador londinense, un hombre que ha distribuido su actividad intelectual en muy diversos frentes: la novela, el ensayo, la poesía, el cine, la dramaturgia, la crítica de arte, la pintura, las performances... Y Berger, para agradecer el honor, escenificó junto a hija un diálogo centrado en el autor renacentista italiano. Padre e hija ensalzaron, por encima de todas las claves inscritas en su pintura, una en particular. Katia se giró y señaló los personajes retratados en el mural a su espalda:

- ¿Habías visto unas arrugas pintadas que parecieran tan vivas o, mejor dicho, tan vividas? -preguntó.

- El paso del tiempo está trazado con una vehemencia que raramente ha sido superada -le contestó su padre.

El paso del tiempo también ha trazado un mapa único en el rostro de John Berger. La tez curtida de labrador, retirado en las montañas de la Alta Saboya desde 1974. También ha dejado huella en su currículo, atestado de hitos relevantes en el plano de la creación. Después de trabajar como pintor y profesor de dibujo entre 1948 y 1955 en el Chelsea School of Art, decidió abandonar esta profesión para colaborar como crítico de arte para la revista New Statesman.

En 1958, llega su primera novela, Painter of Our Time, en la que enseña por primera vez los dientes al mercado del arte. Esa actitud crítica la ha sostenido hasta la fecha (recientemente ha maldecido el récord de Giacometti). Luego, ya en la década de los 60, vendría su incursión en el mundo del cine, junto al director suizo Alan Tanner, para el que escribió un varios guiones. De la pantalla grande pasó, en 1972, a la pequeña: grabó para BBC Modos de ver, cuatro programas que no tardaron en convertirse en una referencia obligada para los estudiosos del arte.

Retiro en la montañas
Desde su retiro a las montañas salió una de sus obras más ambiciosas, la trilogía Into de Labours, un trabajo al que dedicó más de una década, para repensar los efectos del abandono de los entornos rurales y el consecuente crecimiento desmedido de las ciudades. Su obra poética ha sido recopilada en Pages of Wound (1994). Y en 2005 sale a la luz su autobiografía, Where We Meet.

A la pintura española le ha dedicado un espacio preferencial en sus trabajos. Francisco Calvo Serraller lo subrayó en la laudatio que le dedicó anoche, antes de la performance. El catedrático de Historia del Arte elogió la peculiar perspectiva del crítico británico sobre nuestros clásicos: Velázquez, Goya, Zurbarán... Para ilustrarla, sacó a relucir una cita del propio Berger: “Siempre se define a la pintura española como realista y devota, mística incluso. Es cierto, pero hay otra tendencia que se deriva de la convicción de que la verdad se encuentra detrás de las apariencias”.

¿Y qué se encuentra detrás de esas apariencias? “Una gran oscuridad. Pero en esa oscuridad hay que buscar la verdad”, afirma Berger. Eso es lo que lleva haciendo durante décadas. Y ese esfuerzo, según Calvo Serraller, es precisamente lo que eleva su condición por encima de sus coetáneos: "Su visión crítica del arte no está al alcance de un experto, sino de un sabio".



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Foto: Andrés Valentín Gamazo

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