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Pompeya y el "Rey Arqueólogo"

El centro Arte Canal de Madrid revive la catastrófica erupción del Vesubio del siglo I y ensalza la labor de Carlos III como descubridor del yacimiento



ELCULTURAL.es | 04/12/2012 


Molde en yeso de la silueta de una víctima de la erupción.

El infierno de Pompeya se revivirá desde este jueves y durante los próximos 6 meses en un sitio muy oportuno: el Centro de Exposiciones Arte Canal, en Madrid, un depósito de agua de principios del siglo XX con columnas y arcos al estilo de los aljibes romanos. En sus 2.000 metros cuadrados, el Canal de Isabel II y la Comunidad de Madrid han instalado las 600 piezas que componen la exposición Pompeya. Catástrofe bajo el Vesubio, procedentes en su mayoría del Museo Arqueológico Nacional de Nápoles. Para ello han contado con la colaboración del Museo Estatal de Prehistoria de Halle (Alemania), la Superintendencia Especial para los Bienes Arqueológicos de Nápoles y Pompeya y el Ministerio para los Bienes y Actividades Culturales de Italia.

La muestra recrea una de las mayores catástrofes naturales de todos los tiempos -de ello se encargan, por ejemplo, las 36 pantallas de vídeo que envuelven al espectador con una simulación audiovisual o la reconstrucción de la “Via dell'Abbondanza”, que atravesaba la ciudad- y la vida cotidiana de los habitantes de Pompeya en la época del desastre -año 79 d.C.-, porque, paradójicamente, lo que no fue destruido por el fuego y la lluvia de toneladas de piedra volcánica en 48 horas de agonía, fue perfectamente preservado para la posteridad por una capa de siete metros de ceniza, incluyendo a muchos de los 5.000 habitantes que perecieron, “inmortalizados” en su última pose.

Lo que apenas se conoce es que diecisiete siglos después de la erupción del Vesubio, fue Carlos III -y VIII de Nápoles- el artífice del descubrimiento y estudio de los restos sepultados por la catástrofe en el área de Campania -Herculano y Estabia, además de Pompeya-. Apodado el “rey arqueólogo”, impulsó y financió las excavaciones así como la creación de academias y museos para el estudio y divulgación de lo que sigue siendo el mayor yacimiento arqueológico del mundo, y propició que las piezas se conservaran en su lugar de origen. También enfocó su pasión por la arqueología a la España romana -bajo su reinado se inició el estudio del yacimiento de Itálica, en Sevilla- y árabe y a los yacimientos americanos.


Anillo de Carlos III hallado en las excavaciones de Pompeya


La exposición se divide en diez secciones. La primera aporta información sobre la historia de la ciudad de Pompeya, cuyos orígenes se funden con la mitología. La segunda está dedicada a la Casa de Menandro, una lujosa villa que debe su nombre al fresco que albergaba en su interior, que representaba al comediógrafo griego. La tercera parte repasa la pintura pompeyana, muy difundida e imitada en el Neoclásico gracias al excelente estado en el que han permanecido los frescos de las ciudades destruidas por la erupción del Vesubio, lo que los ha convertido en el conjunto de pinturas murales más importante del mundo antiguo de cuantos se conservan.

La “congelación” volcánica que sufrió la ciudad ha permitido conocer en los últimos siglos muchos detalles de la vida privada de los habitantes de Campania, así como la distribución de las estancias de las casas, y a este particular se dedica otra parte de la muestra, que presenta ejemplo como las casas del Brazalete de Oro, de los Castos Amantes, del Cirujano y la Villa de los Papiros, al igual que se explica cómo eran las actividades de ocio y comercio en la ciudad.

Entre las piezas estrella de la exposición figuran un retrato de Hipólito y otro de una mujer joven, conocida como la “Gioconda pompeyana”, procedentes ambas de frescos, al igual que la imagen de una ciudad portuaria; una estatua en bronce de un corredor, dos en mármol de Marco Holconio Rufo y de Apolo, un mosaico que representa el sacrificio de Ifigenia, un yelmo de gladiador, un pan carbonizado, el “efebo de Antequera”, procedente del museo municipal de la ciudad malagueña, y un molde en yeso de un hombre muerto en una escalera.


Retrato de una mujer joven llamada Safo ("la Gioconda pompeyana")





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