Edición digital |
ARTE
Sorolla cumple su sueño de ser un verdadero pintor del Prado
La pinacoteca madrileña acoge la mayor antológica dedicada al artista valenciano con muchas de sus obras maestras y varias pinturas inéditas en España
| Publicado el 22/05/2009
Ivana Saccone
No podía ser de otra manera, en el Museo del Prado, la mayor y más importante exposición dedicada a Sorolla. Así lo define el conservador José Luis Díez, comisario de Joaquín Sorolla (1863-1923), la antológica del pintor valenciano que desde este lunes acoge el Edificio de los Jerónimos de la pinacoteca madrileña.
Las pinturas que integran la muestra reúnen las obras maestras del artista. Entre ellas destacan los paneles colosales de Visión de España que tras su itinerancia desde la Hispanic Society of America de Nueva York hacia diversas capitales españolas, recalan ahora en el Prado enriqueciendo aún más la exposición.
Los lienzos que componen esta antología recorren cronológicamente todas las etapas y los aspectos que definen al pintor, permitiendo al visitante asistir a su evolución artística. Así, de El Palleter declarando la guerra a Napoleón, que fue su pasaporte para completar su formación en Italia, se pasa a los ejemplos más significativos de su etapa italiana.
Posteriormente, el visitante puede contemplar las obras de temática social que, a su vuelta a España, le procuró su primer reconocimiento. En esta etapa se pueden admirar pinturas como ¡Aún dicen que el pescado es caro!, uno de los hallazgos más grandes del realismo social español, y la extraordinaria Triste herencia, que le consagró en Paris al ganar el Gran Prix de la Exposición Universal del 1900.
Entre las obras en torno a la vida marinera destacan cuadros como La vuelta de la pesca, su primer y gran triunfo internacional, y la emblemática Cosiendo la vela, donde alcanza el manejo sublime de los efectos y el tratamiento de la luz, uno de sus rasgos más característicos.
Un Sol de la tarde nunca visto
De su manera particular de tratar la luz surgen las mejores obras Sorolla. Y de ahí, se pasa en la exposición a sus escenas más célebres y reconocibles, las de playas levantinas. En óleos como Paseo a la orilla del mar, El baño del caballo y Chicos en la playa se puede disfrutar y apreciar la plenitud absoluta de sus facultades, que terminó por reportarle el éxito a nivel internacional. En este marco destaca el monumental Sol de la tarde, cuadro que hasta la fecha no se había expuesto y que lo hará por primera vez en El Prado.
Tras gozar del triunfo internacional, el pintor rinde homenaje a la tradición española en retratos que reflejan las huellas de Velázquez, como Madre y Desnudo de mujer, un tributo muy personal a la Venus del espejo y que puede contemplarse en otra de las etapas de la exposición.
Al parecer, el deseo que acompañó al pintor durante toda su vida, el de consagrar su pintura en el Prado junto a lo grandes pintores de su país, se ve cumplido de noble manera, con una colección que además de valorar una de las figuras más representante del panorama artístico español se presenta como una experiencia auténtica para el publico. En palabras del comisario José Luis Díez, esta antológica salda la "deuda histórica" del museo con uno de los grandes pintores españoles, y le sitúa "dentro del lugar que le corresponde", ofreciendo al visitante una ocasión "única e irrepetible" de conocer lo mejor de toda su obra. El director del museo, Miguel Zugaza, considera que esta muestra, con la que se intenta "salir de los tópicos" sobre Sorolla, es la "definitiva" sobre el valenciano, a quien considera un gran artista del XX, no sólo del XIX" y a quien definió como "una de las retinas más claras de la pintura española".