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Simon Starling

Galería Casey Kaplan, Nueva York (EE.UU.). Del 29 de octubre al 19 de diciembre. www.caseykaplangallery.com

  • ( 27/11/2009 )
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Simon Starling es un habitual en este sitio. Su última exposición en su galería neoyorquina da buena fe del buen estado de forma del que goza el artista escocés.



A pesar de haber sido objeto de reseñas en www.elcultural.es en tres ocasiones, dos individuales y otra colectiva, Simon Starling vuelve a atraer la atención del público y la crítica en la que es ya su cuarta exposición en la galería Casey Kaplan, que pasa por ser una de las que realizan una programación más sugerente del panorama neoyorquino a partir de su formidable nómina de artistas. Compañeros suyos en la galería son los también británicos Jim Lambie, Liam Gillick y Jonathan Monk, Nathan Carter o el joven y no menos interesante pintor Garth Weiser. La exposición de Starling continúa mostrando el interés del Starling por la relación de diferentes conceptos entre los que se encuentra el de la historia de las instituciones de arte, interés que ya se manifestaba en la última exposición aquí reseñada, la que incluía el excepcional proyecto de la escultura de Henry Moore a la que se adherían los mejillones de un lago de Toronto.

Henry Moore se sitúa, igualmente, en el centro de los intereses de Starling, toda vez que el escultor británico se relacionara en su día con el teórico, crítico de arte y, lo que es más importante para el tema que nos ocupa, espía del M15 inglés, Sir Anthony Blunt. Esta relación arroja buena luz sobre el interés de Starling por esa vinculación de conceptos a priori distantes. Sus lecturas del arte en sus diferentes épocas, siempre en el marco de la dialéctica modernidad/posmodernidad, vienen habitualmente contextualizadas en escenarios sorprendentes. Así, relacionó en su día a Brancusi con los tratados mercantiles entre Estados Unidos y Rumanía y situó en un mismo plano a Marcel Boroodthaers y el Atomium de Bruselas a través de unas partículas de plata que de éste se desprendieron.

La trama que sustenta este último proyecto es, como suele ser habitual, muy compleja. Starling está preparando una exposición en el Hiroshima City Museum para 2010. En la colección del museo japonés se encuentra una escultura de Henri Moore titulada Atom Piece cuya controvertida inclusión en los fondos de la institución no parece ser, por razones evidentes, del agrado de todos. Al mismo tiempo, en los años sesenta, Henry Moore vendió una cincuentena de esculturas al empresario estadounidense Joseph Hirschhorn que, más tarde, y a partir de las ingentes donaciones que realizó, dieron lugar al Hirschhorn Museum and Sculpture Garden, una institución al abrigo del Smithsonian Institute en el Mall de Washington DC. Buena parte de la fortuna de Hirschhorn proviene de los negocios de explotación de minas de oro. Pero una parte, menor, procede de negocios de tratamiento de uranio que, como se sabe, es material indispensable para la fabricación de armamento nuclear.

Cualquier lector avezado puede ya adivinar una trama entre las cuestiones planteadas hasta ahora. La pieza central en la exposición de Starling en Casey Kaplan es un móvil, a la manera de Calder, con tres elementos que cuelgan en sorprendente equilibrio. Se trata, por un lado, de dos maquetas de dos de las esculturas que Henry Moore donó a Hirschhorn (y que fueron pagadas con dinero del uranio) y, por otro, de una maqueta del Atom Piece que hoy se conserva en la colección del Hiroshima City Museum. Cuelgan las tres piezas a un nivel similar, como si fueran primas hermanas.

Además, un trabajo en vídeo, Red Rivers (In Search of the Elusive Okapi), puede también verse en la galería, un proyecto que nace de otro anterior ya presentado en este espacio en 2007, y que versa sobre las fotografías tomadas por el fotógrafo y estudioso de los mamíferos alemán Herbert Lang. En 1909, justo un siglo atrás, Lang había viajado a áfrica y había tomado las primeras muestras y obtenido las primeras imágenes de los okapi, unos mamíferos parecidos a las jirafas. El proyecto de Starling es hacer otro viaje, un siglo después, desde el Mass Moca, en Boston, donde tenía una exposición en curso, hasta el Museum of Natural History de Nueva York. Para su exposición en el MASS Moca, Starling introdujo la canoa que, posteriormente, sería utilizada para realizar el viaje. El artista y el manager de producción del Mass Moca navegaron por los ríos Hoosic y Hudson hasta llegar de Boston a Nueva York, donde se darían cita con las imágenes originales de Herbert Lang que custodia, con gran éxito de público, el Museum of Natural History.

Nadie puede negar que éstos de Starling vuelven a ser proyectos de investigación historiográfica (artística, económica, botánica, etc.) de primera magnitud. Se une, además, el valor de la experiencia performativa, en un sentido similar a aquel otro trabajo del artista en un lago escocés, Autoxylopyrocycloboros, y en el que vuelve a investigar sobre la posibilidad de transformación de las cosas, y ese estado transitorio que dimana de sus cambios. El artista recupera una barca del fondo del lago Windermere y la traslada al lago Long. Es una barca que avanza con un sistema de vapor. El artista va alimentando la caldera de vapor con la madera de la propia barca hasta que esta se agota y acaba por hundirse. Sus destartalados restos yacen hoy en el fondo del lago. De un lago a otro, la barca es devuelta a la vida para más tarde ser de nuevo devuelta a la muerte. Esa posibilidad de transformación está presente también, y en condiciones muy similares a Red Rivers ( In Search of the Elusive Okapi) y Autoxylopyrocycloboro, en Shedboatshed, el trabajo con el ganó el premio Turner en 2005.



Proyecto para una escultura temporal pública (Hiroshima), 2009

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