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Sábado, 19 de abril de 2014
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Buenos días  

José Miguel Arroyo, 'Joselito'

"No creo que vuelva a torear, pero nunca se sabe"

Acaba de publicar su autobiografía, 'Joselito, el verdadero'


ALBERTO OJEDA | 24/03/2012 


Joselito. Foto: Antonio Heredia.

Joselito (Madrid, 1969) se crió en el barrio de La Guindalera de Madrid. Su madre le abandonó cuando tenía tres años (hoy ni siquiera le pone la cara). A los 12 murió su padre, un hombre que trapicheaba con hachís y cocaína. La casa familiar estaba infectada de esas sustancias. El futuro torero recogía, de hecho, 'las migajas' de esas sustancias para sacarse un dinerillo por su cuenta. En el colegio la montaba un día sí y otro también. En el guión estaba marcado un final trágico: una sobredosis, la cárcel, un ajuste de cuentas que le pasaportará al otro barrio. Pero en esa película, que tantas veces hemos visto, en la vida y en el cine, había un cabo suelto, que fue el que le brindó a Joselito la fuga de su propio destino. Era su pasión por el toreo. Aquel niñato vacilón tenía al toro incrustado en la cabeza. Desde la Escuela Taurina de Madrid, apadrinado por su director, Enrique Martín Arranz, se empeñó en ser el primero del escalafón. Algo que acabó consiguiendo. En Las Ventas todavía echan de menos su toreo variado y de raza. Este hombre, que le dio una larga cambiada a su turbio pasado, ahora lo cuenta todo en su autobiografía, Joselito, el verdadero (Espasa).

Pregunta.- Antes decía que escribir un libro era un morlaco demasiado grande para usted. Al final se ha atrevido...
Respuesta.- Quería contar mi vida yo, antes de que la contase otra persona, porque yo soy el que mejor conoce lo que he vivido.

P.- Dedica el libro a los que le quieren y a los que le odian. Desafiante, como en el ruedo.
R.- Tanto los unos como los otros me han hecho ser lo que soy. Quizá debería haber dicho a los que me envidian, porque alguno hay, aunque los primeros, los que me quieren, son muchos más. Bueno, eso espero (ríe).

P.- Ha sido bien sincero. Reconoce que cuando vio morir a Campeño, su banderillero, se cagó.
R.- Sí, de falta de sinceridad no se me puede acusar. Sentí que a Campeño lo había abandonado. No pude llevarle a la enfermería porque, si no, no hubiera podido matar aquel toro. Me estuvo coleando en la conciencia mucho tiempo. Aunque eso no hubiera solucionado nada.

P.- Dice que los toros le salvaron de una muerte por sobredosis. Pero en su época más difícil, en un entorno podrido por la droga, usted no se fumó ni un porro.
R.- Es verdad, sólo fumé tabaco. Pude mantener las distancias, gracias sobre todo a mi ilusión por el toreo. Pero si no llegó a salir de aquel mundo, tenía muchas papeletas de haber acabado muy mal.

P.- ¿Entonces nunca le han temblado las piernas tanto delante de un toro como lo hicieron delante de Silvia Pantoja?
R.- Tenía 18 años, era muy joven y muy vergonzoso. Ese día me pudo la timidez. Me quería morir. Me sentía como un idiota. En ese reportaje comprobé que no estaba hecho para los enredos de la prensa del corazón.

P.- Aunque de mujeres no hay mucho jugo en la biografía. Se asentó muy pronto con Adela, su mujer actual.
R.- Así es. Imagino que venir de una familia tan conflictiva me ha empujado a mí a construir una sólida y bien avenida. En mi propia casa tuve el mejor ejemplo de lo que no debe ser una familia. Aprendí lo que no quería volver a vivir.

P.- Volver a los ruedos, afirma, sería traicionarse. ¿Por qué?
R.- Cuando decidí dejarlo es porque no me sentía al 100%. Ahora tampoco me siento capacitado para ponerme delante de un toro. Ni física ni psíquicamente. Pero con esto de los toros nunca se sabe. A lo mejor me da por pensar y la idea de que me dejé cosas importantes por hacer me empieza a envenenar... Pero de momento eso no ha sucedido.

P.- Lo que no se le ha olvidado es el lenguaje de la calle. En la biografía se puede conocer bien cómo se hablaba en los barrios duros del Madrid de principios de los 80.
R.- Eso no se olvida. Yo me crié en un barrio y todo ese léxico que aparece en el libro es el que utilizaba entonces. Era mi forma de expresarme. Quería que estuviera reflejado porque le daba más autenticidad a la narración.

P.- ¿Siente que ha cuajado una buena faena literaria?
R.- La verdad es que tenía mucho miedo antes de empezar. Me encerraba días enteros con mi amigo Paco Aguado para escribirlo. Lo que está escrito es lo que hay. Si gusta, bien. Y si no, pues qué le vamos a hacer. Lo importante es que creo que es un libro que puede interesar a taurinos y a quienes no lo son. En el fondo, es la lucha de un chaval que intenta labrarse un futuro mejor.

P.- ¿Y ha cogido impulso para continuar escribiendo otros libros?
R.- Nooooooo.



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