El ensayista, que publica 'La inteligencia ejecutiva', se moja sobre la situación actual de la educación
Existen pocos nombres en nuestro país que se dediquen con tanta pasión a la educación
como José Antonio Marina. Inasequible al desaliento y tenaz ante las turbulencias
administrativas por las que pasa una de las grandes asignaturas pendientes de nuestro
estado de derecho, Marina publica La inteligencia ejecutiva (Biblioteca UP, Ariel),
una nueva indagación en los mecanismos de nuestro comportamiento que busca
completar "una teoría de la inteligencia que comience en la neurología y termine en la
ética".
Pregunta.- ¿Asistimos a un renacer de la psicología? ¿Se ha puesto de moda? Respuesta.- Desde el primer tercio del siglo XX la psicología ha estado de moda y, de hecho, ha ocupado -con mejor o peor fortuna- una parte cada vez más importante en
nuestras vidas. Ahora parece imposible vivir sin tener un psicólogo cerca, y eso
es una exageración. Presionada por las demandas de la gente, la psicología se ha
hecho cargo cada vez de más tareas: clínicas, laborales, publicitarias, espirituales, de
consejo personal, educativas. En mi vida he asistido a grandes modas psicológicas:
el psicoanálisis, el conductismo, la psicología cognitiva, la psicología emocional, la
psicología positiva, la neuropsicología. Cada una de estas modas han producido efectos
buenos y malos. Creo que ahora necesitamos una rigurosa labor crítica para hacer una
teoría unificada del sujeto humano, al que hemos troceado irresponsablemente.
P.- ¿Ha fallado la razón? ¿Ha dejado de darnos respuestas? R.- No, la razón es nuestro gran recurso. Pero la hemos convertido en una máquina
de hacer razonamientos. En la gran tradición griega, la razón era la que dirigía el
comportamiento. Recuerde el mito platónico del cochero. La razón es el cochero que
guía un violento tronco de caballos: las emociones. La inteligencia ejecutiva recupera
esa magnifica función.
P.- ¿Cómo definiría la inteligencia ejecutiva? R.- Como la capacidad de iniciar, dirigir y controlar las operaciones mentales y el
movimiento físico. Nuestra inteligencia se estructura en dos niveles. Un nivel
generador de ocurrencias que asimila información, la elabora y produce sentimientos,
ideas, proyectos, palabras, imágenes y deseos. Y un nivel ejecutivo que evalúa esas
producciones mentales e intenta dirigirlas hacia metas lejanas, liberándose así del
mecanismo del premio o del castigo inmediatos.
P.- ¿Está este tipo de inteligencia por encima de la emocional y la cognitiva? R.- Sí. En el mismo sentido que neurológicamente los lóbulos frontales están por encima del resto del cerebro. La finalidad de la inteligencia no es conocer ni sentir emociones,
sino aprovechar ambas cosas para dirigir bien el comportamiento. Y de esto se encarga
la inteligencia ejecutiva.
P.- ¿Puede un niño desarrollar este tipo de inteligencia? R.- Hasta hace poco tiempo se consideraba que no, porque el desarrollo de los lóbulos frontales es lento, pero ahora sabemos que el bebé comienza muy pronto -alrededor
de los seis meses- a adquirir y desarrollar las funciones ejecutivas. Pero necesita
aprenderlas, y el papel de sus cuidadores y educadores es esencial.
P.- ¿Cómo podemos educar la inteligencia? R.- Ayudando a que cada persona, desde la infancia, constituya bien los dos niveles
mentales: su inteligencia generadora de ocurrencias (lo que empieza a llamarse "nuevo
inconsciente") y su inteligencia ejecutiva. En ambos casos, el método es el
entrenamiento.
P.- ¿Nos han hecho más inteligentes las nuevas tecnologías? R.- Las nuevas tecnologías nos permiten manejar de una manera eficacísima gigantescas
masas de información, cosa que antes era imposible. Pero esa es una inteligencia
objetivada en la máquina.
P.- ¿Ha mejorado entonces la inteligencia de quien está delante de la pantalla? R.- En cuanto a la inteligencia ejecutiva, no. Estamos teniendo muchos problemas. En
cuanto a la inteligencia generadora, posiblemente está determinando un modo nuevo de
gestionar nuestro cerebro, por ejemplo la atención y la memoria. Si usamos bien nuestra
inteligencia, mejoraremos; si no, empeoraremos.
P.- ¿Es la crisis una buena oportunidad para replantearnos la educación? R.- Hace imprescindible replantearla. En el mundo en que vivimos, la riqueza de las
naciones no son las materias primas, ni el territorio, ni el capital, sino el talento. Y la
educación tiene como objetivo generar talento.
P.- ¿Depende tanto de los recursos económicos? R.- A partir de un nivel presupuestario -que está entre el 4,7 y el 4,5%- se puede tener
muy buen sistema educativo si se tiene una muy buena gestión educativa. Por debajo de
esa inversión, resulta casi imposible.
P.- ¿Qué le parecen las medidas de recorte del ministro Wert? R.- Todos tenemos el convencimiento de que hay que ahorrar, pero que se puede hacer
en muchas partidas en las que se despilfarra el dinero. Por otra parte, me molesta que
el ministro -en vez de quejarse de tener que hacer recortes- haya dicho que no van a
influir en la calidad de la educación. Lo que debería haber explicado a la ciudadanía
es que -por causas sin duda ajenas a su voluntad- estamos en un estado de emergencia
educativa, y que todos debemos colaborar para que, con los medios que tengamos, la
educación se resienta lo menos posible.
P.- ¿Sería partidario de que el estado central recobrara las competencias en este área? R.- Solamente en lo que supusieran una duplicidad de gastos. El sistema autonómico
nos ha demostrado que las políticas educativas pueden hacerse de muchas maneras.
Cuando se ve la clasificación por regiones hecha por el informe PISA, se comprueba
que algunas comunidades españolas están en muy buena posición y otras en muy mal
puesto. Yo pediría todavía más descentralización educativa. Daría un protagonismo
mucho mayor a los municipios, como sucede en muchos países.