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Buenos días  

Víctor Ullate

"Después de toda una vida en la danza lo único que pido es trabajo"

El coreógrafo está presentando estos días 'La vida en danza. Memorias de un bailarín', que firma junto a Carmen Guaita


MARTA CABALLERO | 20/02/2013 


Víctor Ullate durante la presentación de La vida en danza en Madrid. Foto: El Mundo

¿Qué edad es la apropiada para hacer balance de la vida y ponerla sobre papel? A Víctor Ullate la necesidad de ordenar y contar el pasado le ha venido pronto, cuando está en plena actividad y en danza constante. Sin embargo, su última operación le dejó tiempo libre para mirar atrás. Junto a Carmen Guaita firma un volumen editado por La Esfera de los Libros y copiosamente ilustrado que aúna su vida personal y profesional, la de uno de nuestros mayores bailarines, desde sus comienzos en la compañía de Antonio Ruiz Soler, a sus trifunfos con el Ballet del Siglo XX de Maurice Béjart, pasando, claro, por su mayor logro, la creación hace 25 años del Ballet de Víctor Ullate Comunidad de Madrid para el que, no se cansa de recordarlo, pide trabajo: "No voy a tirar la toalla ni a ser derrotista a estas alturas. Esto ya me pasó hace 25 años pero ¿otra vez? Necesito que se acuerden de nosotros".

Pregunta.- Es usted muy joven para hacer memoria, ¿Por qué se decidió?
Respuesta.- Empezó en el hospital, en mi última operación de rodilla. Estaba muy sensible y Carmen Guaita vino a verme, ella es amiga de muchos años y me puse a recordar lo que había pasado con la rodilla, mis problemas para bailar. Ahí empezó la idea de escribir esas memorias. Como nunca se sabe, he preferido hacerlas yo mismo aprovechando estos meses de rehabilitación, porque normalmente no tengo tiempo. Me he dicho eso no hay mal que por bien no venga y he aprovechado la operación para estar con ella, reír, llorar...

P.- ¿Llorar? ¿Tan duro ha sido duro mirar atrás?
R.- Ha sido muy duro, como ir a un psicólogo, pero también muy gratificante. Te das cuenta del esfuerzo que hay que hacer para conseguir algo en la vida. Hay quien lo tiene fácil y yo nunca lo he tenido, mi karma ha sido el ganármelo todo, sacar de donde podía. Con mi problema de la rodilla, el médico me dio una posibilidad entre cien para poder bailar y desde ahí todo han sido esfuerzos y peripecias para salir al escenario, para poder hacer una carrera y hacerme un hombre. La sociedad en varios momentos me ha dado un palo, me he sentido muy solo, he visto cómo la gente va a lo suyo y eso me ha hecho reflexionar. Lo he hecho cuando he tenido algo sólido, mi vida muy hecha, con mis hijos, mis nietos, mi pareja... ahora disfruto cada segundo y trato de que la gente que me rodea esté lo más feliz posible. Hay que disfrutar la vida, que es cortísima.

P.- Usted ha trabajado mucho pero también ha vivido.
R.- No he hecho otra cosa en la vida más que sentir. Agradezco a todos los que han posibilitado que yo sea quien soy, a Antonio Ruiz Soler, Maurice Béjart... y que pueblan estas memorias. Gracias a ellos he podido salir al escenario cada vez diciéndome: "Gánatelo, Víctor".

P.- ¿Se podría decir que ese esfuerzo contra todas las adversidades es el tema de fondo del libro?
R.- Sí, en mi vida he tomado decisiones muy drásticas, como la de operarme para conseguir aquello que el destino me había negado. Se puede ir contra el destino, ese es el mensaje. Yo he estado de no poder caminar y he salido a un escenario consiguiendo bailar. Cuando el artista está en el escenario no está aquí, está más arriba.

P.- Sus fotos de infancia en la compañía de Antonio Ruiz Soler que se incluyen en el libro hablan de otro tiempo de la danza, de otro país. ¿Ha cambiado mucho el panorama?
R.- En la vida todo cambia, gracias a dios. Antonio Ruiz Soler era mí ídolo. Yo empecé bailando flamenco y él me plasmó toda su esencia. Luego fue Béjart, el genio del siglo XX, el que me mostró el clásico cuando me incorporé al Ballet del Siglo XX, la compañía de moda, donde te ponían la alfombra roja allá donde ibas, donde te sentías muy útil, muy orgulloso. Eso nadie me lo puede quitar, los viajes, los ensayos frente a ese genio... Todavía le guardo ese amor y le enciendo cada día una lamparita para que tenga luz, me inspire y me proteja para que yo siga al frente de esta historia que es la danza, que no es fácil en España.

P.- ¿Le cuesta seguir batallando?
R.- Sí, llevo 40 años luchando para que haya aquí interés por esta profesión. De mis manos han salido figuras profesionales de las que estoy orgullosísimo, desde Tamara Rojo al mismo Eduardo Lao, mi pareja. En la vida, cuando hay buena energía y mucho amor, eso fluye. Por circunstancias me dije que lo que yo sabía se lo iba a dar a otros, me volví a mi país y esa ha sido mi lucha titánica, porque no ves luz ni salida jamás. Hoy me hace mucho daño que no se puedan celebrar los 25 años de la compañía. No puede ser que haya que reestructurar los sueldos, rescindir bailarines... es un caos total. Para mí eso no deja de ser un fracaso.

P.- Son tiempos terribles, no se cargue ese peso encima.
R.- No es fracaso mío, pero me duele. Sobre todo porque no para todos es igual. ¿Cómo pueden compararnos con gente que empieza ahora? Hoy todo el mundo quiere llegar muy rápido al triunfo y se habla de gente que no ha hecho nada en la vida. ¿Y los que estamos luchando? Estoy con lo que dijo Candela Peña en los Goya, lo único que pido es trabajo. ¿Cómo puede ser que una mujer así no tenga trabajo?

P.- Le veo muy desanimado...
R.- Mi ballet representa un legado impresionante de fusión de lo español con el clásico, hablo de Jaleos, de De Triana a Sevilla... pero todo ha pasado sin pena ni gloria. No es desánimo, es realismo. Agradezco mucho esta oportunidad que tengo ahora de expresarme y no puedo decir que todo sea maravilloso si no lo es, pero no voy a tirar la toalla a estas alturas, quiero seguir, pero necesito un mínimo de facilidades. Esto me pasó ya hace 25 años, pero ¿otra vez? No quiero ser derrotista, porque me siento orgulloso de lo que he hecho, pero necesito un patrocinador que apoye la compañía. Igual que apoyan al Real, que se acuerden de nosotros.



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