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Abbas Kiarostami

"A veces una película sólo sirve para recordarte que tienes una madre"



MARTA CABALLERO | 27/02/2012 


Abbas Kiarostami. © Mohammad Esmaeeli

El realizador iraní ofrecerá en Festival Ibaff de Murcia un taller para jóvenes realizadores. Tras su llegada a la ciudad, que también le rendirá homenaje, hemos hablado con él sobre su nueva película, rodada en Japón, su cine pasado y su país, donde descarta volver a rodar: "Es el final de mi vida, me merezco no sufrir".


Después de 40 años surcando festivales, cansado de los ritos habituales de cada certamen, los pases, las entrevistas, las fotos, las críticas, el realizador Abbas Kiarostami (Teherán, 1940) agradece acudir a una ciudad para enseñar cine, si es que este arte en el que él se enroló tan joven puede enseñarse, según se cuestiona. Le entusiasma arengar a sus alumnos para que se despojen de los miedos académicos, para que sepan que esto del cine no es otra cosa que hacer cine y que lo que aprendieron en cuatro o cinco años de carrera podían haberlo asimilado "en cuatro semanas". Por eso hoy en Murcia, en el marco del Festival Ibaff, que homenajeará su trayectoria, se mostraba impaciente por empezar a trabajar con los 35 jóvenes que, llegados de distintas regiones del mundo, quieren escucharle hablar.

- No se trata de un curso de cine, hace 15 años que vengo desempeñando esta tarea. Empecé en Italia y luego lo he repetido por todo el mundo. En realidad consiste en confirmarle a estos recién licenciados que tienen que perder el miedo y lo hago lanzándoles a que hagan cine directamente, de una forma sencilla y sincera, a que pongan en marcha lo que ya saben y sin asumir costes, tan sólo el coste habitual de un día de vida.

Habla el autor de El sabor de las cerezas en el hotel en el que se hospeda en Murcia, a última hora de la tarde, tras un día buscando localizaciones en la costa para su taller. Después de que el advenimiento de las cámaras digitales le mostrara que el cine podía hacerse con un gasto tan escueto, él fue el primero en poner en práctica esta cuestión del atrevimiento, y no se cansa de agradecerlo porque, se lamenta, ya no tiene "tanto tiempo". Según confirma, entre estos jóvenes a los que precipitó al vacío hay ya nombres destacados, aquellos que supieron seguir por este camino sin miedos, poniendo en práctica sus propias ideas. "Los defectos técnicos, que es de lo que padecen, se curan con la experiencia", sentencia Kiarostami, que está convencido de que con diez días de taller los alumnos están "en forma y con el entusiasmo suficiente como para seguir desarrollando su propia creatividad".

"No todos lo consiguen", opone, "muchos no pueden seguir luchando contra los designios del cine comercial, el cine al servicio del capital, pero otros, al menos durante un tiempo, logran satisfacer su propia creatividad", abunda. Si algo ha logrado Kiarostami es, desde luego, salvar las tentaciones de este otro cine y mantener una honestidad rotunda con los principios que ya se percibían en sus primeros cortos, el cine como una copia de la vida, quizá mejorada, como un escaparate del arte de vivir. Sin más. Esto a pesar de su mutante trayectoria, que dio el quiebro definitivo en su última película, Copia certificada (2010), rodada en Italia y por primera vez con actores profesionales, con Juliette Binoche como protagonista. Hubo entonces quien cuestionó al cineasta, que siempre había nadado en la bondad de la crítica, y quien le acusó de ser infiel a sus propios planteamientos. Con su nueva película recién rodada en Japón pendiente, él asegura que no decepcionará a los que entonces pusieron cara de circunstancia:

- "Me resulta muy difícil hablar de una película hasta que no se estrena, pero tampoco aquí me repito ni me copio a mí mismo. No puedo negar que las películas son hijas de sus directores y que, en cuanto a tales, se parecen y mantienen además ciertas constantes culturales y sociales, pero puedo asegurar que este nuevo proyecto no se parece en nada a lo anterior. Lo que sí sé es que, de haber sabido que iba a tener tantas dificultades para sacarla adelante, nunca la habría hecho. Pero así es esto, decía Kurosawa que hacer posible lo imposible sin sufrimiento es imposible. He hecho una película en una lengua que no conozco, en otra cultura, si no hubiese habido sufrimiento, no habría sido buena".

De modo que Kiarostami sufre, sufrió antes, cuando se arriesgaba a dirigir en su país, y sufre ahora cuando tiene que hacerlo fuera para evitar la cárcel y poder seguir viviendo en Irán, pero, esto sí, lo justo y necesario: "Si supiera que una película no entraña dificultad alguna, no la haría, pero a mi edad tengo derecho a evitarme sufrimientos, no tengo motivos para pasarlo tan mal. Cuando hice Copia certificada, disfruté en todo momento, es la película en la que más cómodamente he trabajado en mi vida. No tengo tanto tiempo como para pasarlo mal, ahora necesito que hacer cine me produzca placer", se excusa.

Cierto que aquella película que tanta filosofía encerraba fue del agrado de muchos y recibió el favor de gran parte de la crítica, premio a la Mejor Actriz en Cannes incluido, pero cierto es también, se le insiste, que algunas voces se alarmaron ante una posible evasión del autor de A través de los olivos, ante un Kiarostami pensando en el público occidental. De lo que no hay duda es de que, dentro de su universo, estamos ante un cine más convencional:

- "Antes de decir si es acertada o no quiero dejar claro que acepto esta crítica, la aceptaría aunque fuera del todo equivocada. No quiero decir que no haya pensado en el público, pero ¿hasta qué punto esta teoría se basa en que la película está rodada en una lengua conocida y en que en ella aparece un rostro que todos conocemos? Yo soy un escultor que trabaja con la madera pero que por una serie de circunstancias me he visto obligado a tallar una estatua en bronce, ese cambio puede conllevar confusión".

Por bronce se entiende el cine fuera de Irán, país en el que no volverá a rodar no sólo por esa necesidad de esquivar el sufrimiento sino también porque, estima, esta nación vive en una transformación constante desde hace 30 años, cambios que llevan al cambio y, con ello, sólo a la confusión: "Las revoluciones del mundo pueden ir hacia adelante, pero lo nuestro es vivir sin llegar a conclusiones, a normas, así no se puede trabajar tranquilo", se entristece antes de descartar definitivamente toda esperanza de volver a rodar allí: "Insisto, es el final de mi vida, tengo derecho a estar cómodo".

Otros realizadores iraníes, deudores sin duda de su cinematografía, sí se atreven a hacerlo. Es el caso de Ashgar Farhadi, que acaba de merecer el Oscar a la Mejor Película de Habla no Inglesa por la excelente Nader y Simin, inscrita en ese otro cine más social que, de tanto en tanto, regalan los cineastas de este país:

- "Si esta película me debe algo o no debería decirlo el señor Farhadi. Desde luego yo estoy muy agradecido y feliz por el premio, porque la gente de mi país se merece disfrutar de algo así con todo lo negativo que viven habitualmente. Por otra parte, soy consciente de que, a pesar de no haber hecho ese tipo de cine, sí he dejado una imagen de Irán al mundo. Ahora, ¿de qué Irán? Eso no lo sé, ni siquiera viviendo allí tengo conciencia de cómo es mi país. En el cine de cada uno está lo que cada uno tiene por dentro. Luego opera el contexto, pero es confuso en Irán. Como testigo, no puedo cargarme esa responsabilidad de pretender retratar mi país. Por eso me voy fuera, a Italia, a Japón, y puedo sentirme más como un profesional que como un periodista".

De vuelta a Copia certificada, fundamentada en la teoría del valor de la copia respecto al original, se le pregunta a Kiarostami por la posibilidad de que esta película suya y toda su filmografía no fueran más que copias de sus primeras derivaciones cinematográficas, de los cortometrajes con los que empezó en este oficio:
- "No rechazo este apunte y no va desencaminado, incluso es bonito, porque vuelve a lo que decíamos, a lo que decía un poeta persa, que cada uno se sintió mi amigo por lo que quiso".

¿Y él? ¿De qué cine se siente amigo? ¿Qué ve en su casa y en sus viajes?: "Pocas, muy pocas películas, a veces cuando lo hago, cuando veo un filme, no consigo dejarme llevar por la oscuridad. Pero hay nombres y no podría decir todos. En general, las películas que me gustan son aquellas en las que, cuando acaban, tengo el deseo de llamar a mi madre. Porque a veces un libro, una pintura, una película te recuerdan que tienes una madre”.

Mira Kiarostami las preguntas que restan y decide poner fin a su primer día en Murcia, aunque no sin antes resumir los titulares de la charla en unas cuantas frases. Habla él solo:

- "El entusiasmo de los jóvenes con los que me encontraré es mejor que el cine. Trabajar con ellos me devuelve a mi propia juventud, a cuando necesitaba experiencia. Muchos de ellos piensan que hacer cortos es un ensayo para poder rodar largometrajes, pero a mí me pasa al contrario, que después de cada largo vuelvo a hacer cortos. ¿Por qué? Porque con los cortos, de acuerdo con los críticos, no tengo que pensar en el espectador, porque puedo seguir haciéndolos sólo para mí mismo”.



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