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Martes, 29 de julio de 2014
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Zhao Liang

"El socialismo siempre ha sido una gran mentira para engañar al pueblo"

El Festival Documenta Madrid nos descubre a un cineasta que es un festín para los cinéfilos.


JUAN SARDÁ | 13/05/2012 


Zhao Liang

El chino Zhao Liang (Liaoning, 1981) construye con sus poderosos documentales un retrato que es al mismo tiempo íntimo y colectivo de su país. Fijándose en los más desfavorecidos, el tríptico Petition supone un mazazo para el espectador y nos enfrenta a la durísima realidad de un estado totalitario en el que el ciudadano común no tiene forma de defenderse. Esos “solicitantes” son hombres y mujeres a los que el Estado ha asesinado sus hijos o familiares impunemente, les ha expropiado sus casas o han perdido todos sus derechos y aguardan a veces durante décadas a que se haga una justicia que jamás llega. Su desagarrador testimonio ofrece la visión más cruda y realista del gigante asiático. Al mismo tiempo, Liang es capaz de penetrar en la intimidad de sus desdichados protagonistas, mostrándonos cómo el terror y la indefensión no conocen de fronteras culturales porque la civilización es la misma para todos. Otros trabajos suyos de enorme interés son Farewell to Yuanmingyuan (2006), donde se retrata el declive de una comuna de artistas acosados por la policía, o Crime and Punishment (2004), sobre la frontera entre China y Corea del Norte. En junio, Liang regresará a España para presentar una colección de sus fotografías dentro de PhotoEspaña.

- Después de ver sus películas, es un alegría y casi una sorpresa verlo en España. Petition no ha podido proyectarse en su país. ¿Cuál es su situación allí?
- Para mí también es una sorpresa, debe de ser cosa del destino. (Irónico). Yo soy un ciudadano que hace un trabajo documental, hago un trabajo artístico y no hay conflicto con el Gobierno. Además, como mis películas no se pueden proyectar en China no puede haber conflicto ya que nadie sabe cómo son.

- Hay una utilización muy clara del documental para denunciar las injusticias que suceden en China. ¿Cómo relaciona la inquietud estética del artista con la denuncia política?
- La responsabilidad social siempre tiene un papel importante en el documental. De todos modos, para mí más bien se trata de aportar una opinión personal, un punto de vista sobre mi trabajo y lo que reflejo. Mis documentales retratan el entorno: los encuentros, los vecinos... son como veo yo esa realidad. Para mí no existe la cuestión política, sino mi forma de ver el mundo y mi propio oficio.

- Su obra refleja la indefensión del ciudadano ante el Estado. El proceso de Kafka es la obra que a uno le viene a la mente constantemente. ¿Considera esta relación entre el individuo indefenso y el Estado maquinaria el leit motiv de su trabajo?
- Hay un impacto entre el sistema y la realidad. Cuando hablamos de agua, hay que ver la temperatura y la densidad. Me pregunto cómo puedo contar la parte más espiritual y más interior de los personajes. Creo que en China suceden cosas terribles, muy absurdas y muy ridículas. Cuando sucede algo así, si yo no protesto y no expreso mi opinión me siento como un ignorante. Por eso no me quiero insultar a mí mismo y doy un paso adelante en mi denuncia.

- En Farewell to Yuanmingyuan vemos a sus propios amigos conducidos a los infames “campos de trabajo” y cómo usted mismo corre ese riesgo. ¿Ha temido alguna vez por su vida?
- No hasta ese punto. La sociedad está avanzando, es un proceso lento pero China va a mejorar. Soy consciente de que los jóvenes sobre todo están haciendo una reflexión sobre cómo podemos prosperar en derechos humanos. Las redes sociales también juegan un papel importante en este proceso.
- ¿Ese progreso de la sociedad también ha tenido lugar en el Gobierno o cada uno va por su lado?
- Ahora la información circula muy rápido y la gente sabe lo que pasa. Hay un conflicto entre eso y las reformas porque el Gobierno está muy estancado. De todos modos, hay que entender que se necesita tiempo. Las cosas no pueden cambiar de la noche a la mañana.

- En Farewell to Yuanmingyuan se tacha a la sociedad de “materialista”. En Petition uno de los personajes dice que es un país socialista. ¿Cómo se resuelve esta contradicción?
- Me sorprende que hable de contradicción porque los chinos siempre han sido muy materialistas. Cuando empezó la apertura esas ansias de ganar dinero simplemente se hicieron más visibles. El socialismo siempre ha sido una gran mentira que ha servido para engañar al pueblo. Al igual que en Rusia o Corea del Norte, nadie puede realizar realmente la utopía del comunismo. Es imposible compartirlo todo. La ideología de Mao no tiene nada que ver con el marxismo, el propio marxismo es antimarxista.

- Vemos de una forma muy clara y muy sangrante el abismo entre la China oficial y próspera que vende el Gobierno y la China real de la pobreza. La imagen de la inauguración de los Juegos Olímpicos vista desde una chabola es inolvidable.
- Hay unas diferencias sociales enormes que se acentúan por el hecho de que ahora existe la posibilidad de ganar mucho dinero. Eso genera mucha inquietud en algunas personas que viven obsesionadas con enriquecerse. La gente ya no se va de fin de semana con su familia, trabaja todos los días 24 horas. La gente del Gobierno vive más tranquila porque no necesita trabajar mucho para forrarse gracias a la corrupción. Hay una diferencia muy grande entre la costa y el interior, o entre los entornos urbanos y los campesinos, que viven mucho peor. Respecto a la propaganda, es natural que el Gobierno siempre intente mostrar el lado bonito. Oculta la parte de la realidad que no le interesa. Lo que es indudable es que vivimos en un estado de grandes cambios constantes. No existe una riqueza o una pobreza fija, son conceptos que siempre están en proceso de mutación. La gente no tiene derechos y en cualquier momento puede perder todo lo que tiene sin ninguna explicación si cae en desgracia para el Goierno.

- Sus películas son muy corales y no buscan tanto unos “protagonistas” como el reflejo de una realidad. Tampoco imitan la narrativa clásica de la ficción en la voluntad de explicar una historia clara.
- No tengo la conciencia de hacer algo diferente, me sale natural. Mis películas son de Zhao Liang y de nadie más.

- ¿Cuáles diría que son sus referentes?
Para mí hay una pirámide (la dibuja en un papel), en la cúspide está Tarkovski. Acto seguido, Werner Herzog y Kusturica. Otros cineastas fundamentales para mí son Buñuel y Antonioni. Para mí la historia del cine es una influencia constante.

- Da la impresión de que sus filmes son producto de una selección de mucho material grabado. ¿Comienza a rodar con un plan fijo o crea la película en el montaje?
- No parto de una estructura fija. Puedo tener expectativas de lo que va a pasar en el futuro pero prefiero actuar con libertad. El montaje es un producto de lo que yo he ido queriendo contar a la gente mientras ruedo. Si, por ejemplo, me encuentro con alguien que me interesa, me paso más horas con esa persona. Después, eso tiene que verse reflejado en el documental. Por ejemplo, en la segunda parte de Petition hay una historia muy larga sobre una madre y su hija. En cada etapa más o menos puedes prever qué va a pasar y cómo lo quieres contar.

- Sus películas son muy críticas con China. ¿Cuáles son los aspectos positivos de su país?
- Los chinos somos muy diligentes y trabajadores duros. La mayoría de la gente no se pregunta o protesta por lo que está pasando en parte por ese sentido de disciplina tan arraigado que tenemos. Existe de una forma clara la idea de que debemos contribuir todos a la construcción del país. Afortunadamente, como he dicho, ese sentido crítico es cada día más frecuente. Además, hay un sentido de la compasión que en Occidente detecto perdido. Esta mañana paseaba por Madrid y me ha sorprendido ver a una anciana tirada en la calle y que la gente caminara a su lado tranquilamente porque ya no les sorprende. Es todo muy civilizado pero también terrible. Eso en China no pasa.

- Además de su trabajo como documentalista, presenta en Documenta una video instalación, ha realizado películas de ficción y en tres semanas regresa a Madrid para presentar sus fotos en PHotoEspaña. ¿Se considera más artista que cineasta?
- Mi trabajo surge de la realidad y allí es donde encuentra su fundamento. Mis fotografías también tienen una intención documental porque captan un instante de algo real. Pero hay una diferencia. El documental parte de algo más exterior a mí y las fotos reflejan mi mundo interior y mis sentimientos. Lo que se verá en PHotoEspaña surge de mi voluntad de encontrar un estado de ánimo sereno y pacífico.


Tráiler de Crime and Punishment, de Zhao Liang


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