Artemanía: Invertir en arte, más seguro que la bolsa
La feria celebra este fin de semana su XXXIII edición en el Palacio de Congresos de Madrid con 26 galeristas bajo el objetivo de fomentar el arte como inversión
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| Publicado el 06/11/2009
EFE
Carmen Merino, responsable de Artemanía -una pequeña feria de arte que inaugura este viernes su edición número XXXIII en el Palacio de Congresos de Madrid-, asegura que invertir en arte es mucho más seguro que hacerlo en bolsa, por ejemplo, y además permite disfrutar cada día de tener un objeto precioso en casa.
Con esta idea, y el deseo de fomentar entre los jóvenes el amor por los objetos que "valen muchísimo dinero, pero no sirven para nada más que para disfrutarlos", 26 expositores de toda España recopilan sus obras más atractivas y las ponen a la venta en stands que aúnan como si nada biombos chinos con joyas Art Decó o pinturas de vanguardia.
La singularidad de las piezas, que los galeristas califican como "para todos los bolsillos" -en realidad, van de los 500 euros al millón o más en que pueden estar valoradas algunas de Picasso, Miró o Dalí-, es precisamente la que más tienta a los más jóvenes.
"Es complicado, pero cada vez más necesario, transmitir a los jóvenes 'el alma' del arte: estar a gusto en tu casa, contento con uno mismo. Es como leer un libro que nadie sabe que has leído, pero lo sabes tú", intenta explicar Merino.
Aunque el sector es un poco especial porque se mueve a golpe de capricho, sí les afecta la crisis, detalla la historiadora, "pero tenemos que saber -añade- que éstos son valores-refugio para mucha gente que ha visto cómo se desplomaban sus acciones en bolsa".
Da la bienvenida a la muestra un torso de emperador romano togado del siglo I después de Cristo, al que la barcelonesa Elisenda Barbié, especialista en piezas clásicas, no pone precio: hay que negociar.
Es el mismo espíritu del galerista Paul Biarsolo, poseedor de una pieza única para coleccionistas: dos consolas y una mesa de Pierre Cardin lacadas en blanco y negro, que hace convivir en su stand con varias fotos tridimensionales, con un cráneo (y cuernos) de bisonte o una mano de bebé gigante en color rojo del italiano Bim Bo.
Tanto este bilbaíno, como su vecina pamplonesa Agurtxo Iruretagoyena, que vende joyas antiguas, coinciden en que hay que salir de la crisis consumiendo, mirando hacia adelante y haciendo "el esfuerzo de dar mayor calidad a un precio razonable".
Y razonable es pagar 20.000 euros, por ejemplo, por una pareja de broches de oro y diamantes engastados en plata del siglo XIX, o 100.000 por una pulsera con un brillante de once quilates que se desmonta para convertirse en sortija, o broche.
"Son cosas que siempre tienen un valor; en realidad son una inversión", dice Marita Segovia, propietaria de una de las piezas más baratas -un muñeco 'michelín' de plástico de los que adornaban los camiones en los años 50, perfectamente conservado, que cuesta 500 euros- y de uno de los stands más exquisitos, con armarios del siglo XIX que conviven con dibujos de Antonio Saura.
La galería José Ramón Ortega, de Madrid, ofrece una colección de dibujos originales de Luis Bagaria, publicados en el diario El Sol, y que reproducen caricaturas de personajes como Einstein, Primo de Rivera, Musolini, o Rusiñol.
Y a la vuelta, en Coventry, el stand de José Nuñez, encuentras un Rusiñol de verdad: "es un cuadro para un museo", explica el orgulloso propietario, dueño también de dos Sorollas, entre otras joyas, como un satinwood inglés del siglo XVIII.
Entre los objetos más curiosos, un Mao Tse Tung de porcelana blanca a tamaño natural; una colección de 500 miniaturas de coches del siglo XX; relucientes juegos de café de 1920 o sillas y mesas de los años 50, con diseños que parecen de ayer mismo.
Esta feria, que siempre "ha sido pequeña" -llena sólo tres plantas del Palacio de Congresos, en el número 99 del Paseo de la Castellana-, consiguió en su edición anterior unos diez mil visitantes, sobre todo, profesionales españoles.