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Jeremy Scahill

"Terrorismo es una palabra que hay que utilizar con mucho cuidado"

El periodista norteamericano, muy crítico con el poder, estrena 'Guerras sucias', un documental sobre las operaciones secretas de la CIA en Oriente Medio


JUAN SARDÁ | 17/10/2013 


Jeremy Scahill estrena Guerras sucias

Jeremy Scahill (Chicago, 1974) es uno de los reporteros de guerra más prestigiosos del mundo. Corresponsal de la revista The Nation, el referente de la izquierda en Estados Unidos, Scahill ha pasado gran parte de su vida adulta en Iraq y Afganistán, donde ha investigado los secretos más inconfesables del ejército de su país. Su primer libro, Blackwater (2008), trataba sobre los tejemanejes de las empresas privadas que trabajan al servicio de la defensa de Estados Unidos y ahora estrena el documental Guerras sucias, una película sobre las operaciones secretas de la CIA en Oriente Medio premiado en Sundance. Estos días publica también en Planeta un libro del mismo título sobre el asunto.

-¿Qué le empuja a pasar la vida en zonas de guerra donde le pueden matar?
-He hecho esto toda mi vida. No hay un momento en el que te dices, ¡voy a sitios peligrosos! Yo quería ser profesor, nunca hice periodismo hasta que comencé a trabajar en una radio (Democracy Now!) como técnico. Poco a poco me fui involucrando y terminé cubriendo el Iraq de Sadam. No soy un adicto a la acción o al riesgo, como ciudadano del país más poderoso del mundo me sentía obligado a contar la historia de todos aquellos que no suelen aparecer en las noticias. Esto es lo que da sentido a mi vida.

-En Guerras sucias plantea el secretismo de su Gobierno y la dificultad de hacer periodismo. En España tendemos a pensar que en su país hay una gran libertad de expresión.
-Se da una paradoja. Por una parte, Estados Unidos es el único país del mundo que protege la libertad de expresión en la primera enmienda de su constitución. Al mismo tiempo, el Gobierno hace todo lo posible para que los periodistas nos conformemos con la información oficial y no lleguemos más allá. O sea, que por una parte tenemos una ley fantástica y por la otra a una administración que hace todo lo posible para que no se cumpla. De todos modos, seguimos siendo la sociedad más libre del mundo.

-Vayamos al principio. ¿Tenía derecho Estados Unidos a invadir Afganistán después del 11S?
-Tenía el derecho a llevar ante la justicia a los responsables del atentado, no a comenzar una guerra en todo el mundo. El terrorismo es un crimen, pero no justifica todo lo que sucedió después de las torres gemelas, ni la invasión de Iraq, ni las torturas, ni Guantánamo... Yo no soy pacifista, pero esto no es autodefensa, es matar a gente y es muy peligroso.

-¿Cuál es el verdadero motivo de esa guerra?
-La pregunta clave es a quién ha beneficiado y la respuesta es que a las grandes corporaciones de armamento. La administración de Bush se propuso configurar un nuevo mundo de acuerdo a su visión siguiendo una doctrina radical del libre mercado. Para ello, nada mejor que tener a una población atemorizada y dispuesta a gastar una fortuna en ello.

-¿Está diciendo que la causa última es abrir nuevos mercados para las empresas estadounidenses?
-No es tan simple. Estados Unidos es un imperio y su fin último es autopreservarse. Hay un elemento de dominación, otro que tiene que ver con la rivalidad con China o la explotación de recursos. Al final, el más perjudicado es el ciudadano medio, que tiene que tener dos trabajos a la vez para sobrevivir. Obama ha continuado con la misma política, la única diferencia con Bush es que habla un inglés más fluido.

-Usted dice en el documental que los periodistas de guerra están acostumbrados "al desinterés de la gente".
-Mucha gente prefiere no saber porque si no haces la pregunta evitas una responsabilidad moral. Se parte de la base de que hay una regla para juzgar a Estados Unidos y otra para juzgar al resto del mundo, eso no es justo. El Gobierno prefiere ese desinterés para no tener que rendir cuentas sobre sus actos. Llevamos años en un estado permanente de guerra y la utilización de los drones es terrorífica, pero las cosas no cambian ni siquiera con un presidente que ha ganado el Nobel de la paz.

-Usted vivió mucho tiempo en el Iraq de Sadam Hussein. ¿No merecía su brutalidad ser desalojado del poder?
-Sadam era un asesino espantoso, eso lo he visto de cerca muchas veces. El problema es que esa guerra no se justificó por su maldad sino por unas armas de destrucción masiva que no tenía. Para que eso hubiera tenido sentido, deberíamos cambiar la ley internacional. Claro que eso no interesa porque Estados Unidos apoya a los dictadores que le convienen. Estados Unidos no tiene ninguna credibilidad cuando apoya a Arabia Saudí.

-Hay una voluntad muy clara de poner rostro a las víctimas de las guerras de Estados Unidos.
-Siempre se habla del número de víctimas pero nunca sabemos sus nombres o identidades. Cuando hay una matanza en un colegio, los medios americanos hacen un trabajo muy bueno contándonos quiénes eran, sus sueños o aficiones y el presidente hace un discurso muy hermoso. Los ejecutados por el ejército nadie sabe quiénes son, son "víctimas colaterales" como forma de deshumanizarlos.

-¿Qué respuesta deberíamos dar por tanto al terrorismo islámico?
-Muere más gente por picaduras de abejas en Estados Unidos que debido al terrorismo y no gastamos miles de millones en matar a todas las abejas. Cuando actuamos de esta manera, lo único que hacemos es alimentar a nuestros enemigos. Si vives en Yemen y un dron destruye tu casa y mata a tu familia eso lo vives como terrorismo. Terrorismo es una palabra que hay que utilizar con mucho cuidado.

-¿El hecho de que Obama se haya echado atrás en la guerra contra Siria significa que su punto de vista se está imponiendo?
-Creo que los americanos están cansados de guerras y en este caso es concreto no han visto en qué afectaba a la seguridad nacional. Hemos gastado un trillón de dólares en estas guerras y al mismo tiempo la gente ordinaria sigue sufriendo una gran crisis. Es una mezcla de factores políticos y económicos junto a otros elementos. Por otra parte, algo si hemos sacado, conseguimos que Obama finalmente diera un discurso sobre los drones y que el pueblo americano comience a hablar de ello.

-¿Hasta qué punto las revelaciones de Snowden complementan las suyas?
-Ahora mismo estoy trabajando con Glenn Greenwald (el periodista que filtró la noticia en su blog). Lo revelado por Snowden tiene una gran importancia para mi trabajo porque demuestra cómo estados Unidos está espiando básicamente a todo el mundo, vivimos en la era del Gran Hermano. Mi propia vida se ve afectada, nunca viajo con ordenadores, mis correos están todos encriptados y todos los días tengo que tomar medidas de seguridad para no ser espiado. Cada vez que piso suelo americano me detienen unas horas.

-Ha sido muy duro con Obama, ¿tan malo es?
-Los periodistas estamos obligados a tener una relación distante con el poder. Obama es un tipo mucho más simpático que Bush, que era un villano de caricatura, pero eso no significa que mi actitud crítica vaya a ser un grado inferior. Ha habido un cambio muy grande en la política nacional, Obama no solo favorece a los ricos como Bush, pero en política exterior por desgracia el cambio ha sido solo cosmético.



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