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Marguerite Duras, cuando el dónde es el qué

Un libro repasa los lugares que marcaron la vida de la escritora y cineasta francesa

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Fernando DÍAZ DE QUIJANO | Publicado el 20/10/2011


Los lugares que habitamos forman parte de nosotros, nos definen. En el caso de Marguerite Duras, este vínculo fue aún más profundo y poderoso. Es el esqueleto que sustentaba la memoria de la escritora y cineasta francesa, es el punto de referencia sobre el que reconstruyó su vida ante su amiga y colega Michelle Porte, repasando juntas un montón de fotografías antiguas en el jardín, mientras caía la tarde. 35 años después, aquella conversación concebida originariamente para la televisión francesa revive en la edición española de Los espacios de Marguerite Duras, recién publicada por Ediciones del oriente y del mediterráneo.

"Todas las mujeres de mis libros han habitado esta casa, todas. Sólo las mujeres habitan los espacios, no los hombres. Esta casa fue habitada por Lol V. Stein, por Anne-Marie Stretter, por Isabelle Granger, por Nathalie Granger, pero también por todo tipo de mujeres; algunas veces cuando entro aquí tengo la sensación de algo así como una presencia de mujeres. También la he habitado yo, completamente. Creo que es el lugar del mundo que más he habitado". La autora de Un dique contra el pacífico y El amante se refiere a su casa de Neauphle-le-Château, en el departamento de las Yvelinnes, una entidad con personalidad propia y magnetismo, que invita rodar una película sin necesidad de una historia previa. La casa crea la historia.

"Podría hablar durante horas de esta casa, del jardín. Conozco todo, conozco el lugar de las antiguas puertas, todo, los muros del estanque, todas las plantas, el lugar de todas las plantas, incluso el lugar de las plantas silvestres, todo".

El parque es también un elemento fundamental para Duras: "El parque es la antesala del bosque. El parque lo anuncia. Hay un parque en Destruir. Hay un parque en India-Song y en Nathalie Granger".

Finalmente, el bosque simboliza para Duras lo prohibido: "De muy niña, viví en tierras cercanas a la selva virgen, en Indochina, y la selva estaba prohibida, porque era peligrosa. A pesar de todo, nosotros íbamos, los niños no teníamos miedo".

Partiendo de los espacios por los que siente apego y la cadena casa-parque-bosque que lleva de la seguridad a lo desconocido, Duras conecta en su discurso lo cotidiano con lo metafísico de un modo espontáneo y natural. La segunda parte del libro se adentra ya por los vericuetos de su biografía: su infancia, su familia, sus libros, sus películas, pero sin abandonar nunca las referencias espaciales que lo inundan todo.





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Marguerite Duras en el jardín de su casa junto a Michelle Porte