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Miguel Gila, vida y obra de un genio

Prólogo de Forges al libro de Juan Carlos Ortega y Marc Lobato y monólogos inéditos del humorista

 | 08/12/2011 


Detalle de la portada.

El humor de Miguel Gila era una máquina depuradora: se alimentaba de las experiencias traumáticas de su infancia y juventud -la orfandad, el hambre, la guerra, la cárcel, la humillación- y las convertía en viñetas y monólogos que provocaban miles de carcajadas. Un ejemplo de reciclaje eficiente y, sobre todo, terapéutico, tanto para él como para toda una sociedad que olvidaba las penurias cotidianas cuando oía aquello de "¿Es el enemigo?". Es amarga materia prima sale ahora a flote en Miguel Gila, vida y obra de un genio, un libro en el que Juan Carlos Ortega y Marc Lobato recorren los puentes entre la trayectoria vital y el estilo sobrio, naíf e hilarante de uno de los grandes del humor español. Además, incluye material inédito de Gila -viñetas, monólogos, poemas y pequeñas obras de teatro- y entrevistas con Malena Gila, Forges, Josema Yuste, Juan Marsé, Luis del Olmo, Javier Cansado, Luis María Anson, el Tricicle y Lluís Bassat.

A continuación reproducimos el prólogo del libro, de su discípulo y admirador Antonio Fraguas, Forges, así como varias viñetas y un monólogo inéditos de Gila.


Prólogo

Antonio Fraguas, Forges

Allá por 1954, todos los jueves, hacia las diez de la noche, sonaba en la radio una música muy alegre, titulada Sueños de Brooklyn. Era la sintonía del programa que, en directo, presentaba José Luis Pécker diciendo: «Con ustedes (pausa larga) ¡Miguel Gila! (chunda, chunda, chunda) Gracias a la gentileza de (otros tres chundas) ¡Profidén! Sonría sin temor con ¡Profidén!».

Y entre una salva de aplausos del público en directo con la sintonía a toda tralla, se oía la inconfundible voz de Gila: «¿Oiga? ¿Es el enemigo?...».

A partir de ese momento, todo lo gris del franquismo cotidiano desaparecía, convertido en lo multicolor del ingenio, la sonrisa y la ensoñación.

Era el único día de la semana en que a los niños de la casa se nos permitía estar despiertos a esa hora tan tardía para los escolares de la época. El programa duraba hasta las once, pero sus consecuencias eran mucho más dilatadas. En el colegio, el viernes y el sábado (entonces los sábados había cole) nos los pasábamos comentando, imitando e incluso representando los sketches de Gila.

Es un hecho que Gila fue un impulsor primigenio de la caterva de humoristas que «nacimos» a la sombra de su personal punto de vista humorístico; todos nos sentimos «hijos» de su ingenio, y su recuerdo perdurará a través de los tiempos entre las majestades humorísticas españolas, los Reyes Magos del Humor: Cervantes, Quevedo y Gila.

¿Admiración excesiva? Ninguna admiración puede ser excesiva si se trata de Miguel Gila.

Y si no, al tiempo.





Discurso político

Miguel Gila

Yo creo..., es más: no es que lo crea, es que estoy convencido de que el mayor fracaso de muchos políticos está en el contenido de sus discursos. Y si no, escuchen:

Están próximas las elecciones y, por este motivo, me es muy gra to dirigirme a todos los ciudadanos del país y de manera muy par ticular a los más humildes. Para empezar quiero emitir un juicio en el que la analogía de los hechos sea la clave que nos lleve a una acción determinante de las acciones individuales sin menoscabo del individualismo. Por el contrario, prefiero que el absolutismo no sea el detonante que predomine en la oscuridad de la connotación opositora; esto es preferible a negar el auténtico y lógico sentir de la mayoría pensante, porque si tomamos como barómetro el cambio seguro que desarraigamos para siempre esa acefalía intrínseca del malestar absoluto, y es más: llegaremos a la conclusión de que las realidades no son un espejismo, sino una reflexión transparente y pura. Por el contrario, si nos dejamos arrastrar por las raíces que se degeneran en el devenir político, iremos directamente hacia un estado impreciso y no hacia la meta realista del individuo, sea o no estereotipo de un malestar económico y social. Y estoy hablando con toda claridad para que no haya malentendidos, porque, si establecemos las pautas como absolutistas y desechamos la ambigüedad, no hay razón para pensar que se acentúa el entorno sociopolítico, sino que por razones de peso se consolida mucho más. Ya lo dijo Sócrates en su apología del pensamiento de las masas: los axiomas culturales son la consecuencia de los realismos totalitarios y nunca de las divagaciones de los oportunistas. Nuestro partido no quiere en modo alguno obstruir los proyectos cuando son considerados como ejemplo de una mayoría absoluta que de ninguna manera nos puede conducir a una apología desmemoriada. Por eso estoy aquí, para dejar bien claros algunos puntos que pudieran parecer oscuros, pero que como ya he dicho antes son transparentes. Espero haber sido claro con mis palabras y no quiero cansarles más. Esto es todo.
Como verán, con este tipo de discurso no se llega a ninguna parte. Si algún político me está escuchando y quiere triunfar en las próximas elecciones, que coja un papel y un bolígrafo o una grabadora y que tome nota de cómo hay que hacer los discursos para salir elegido presidente. Tomen nota, empiezo:

Ciudadanos. Como presidente del Partido Independiente de la Derecha Moderada quiero dar a conocer a ustedes las ventajas de mi partido sobre todos los demás. ¡Basta de promesas que luego no se cumplen! En caso de salir elegido presidente en las próximas elecciones, les prometo un futuro lleno de felicidad. Y para que no quede la menor duda, entre los doce mil primeros votantes que me voten sortearemos un coche y dos viajes al Caribe.

Además, a todos los que me voten les daré un puesto de trabajo en los Altos Hornos de Bilbao o, en su defecto, en la Red Nacional de Ferrocarriles, con un sueldo semanal de cuarenta mil pesetas más dos meses de vacaciones al año, una paga extra por Navidad de doscientas mil pesetas y unas vacaciones con todo pagado en un hotel de cinco estrellas, dejando que sean los obreros que me voten los que elijan el lugar donde disfrutar esas vacaciones.

Y por si esto fuera poco, añado a lo prometido una vivienda con dos cocinas, tres dormitorios, un comedor, un pasillo, dos balcones y dos cuartos de baño con un alquiler mensual de doce mil pesetas, IVA incluido.

Además, y ya al borde de la locura, mi partido regala a los dos mil primeros votantes que me voten una cubertería de plata valorada en trescientas mil pesetas, un televisor en colores de veinticinco pulgadas, un vídeo, una tostadora de pan y doce rollos de papel higiénico marca El Canguro.

¡No lo piensen más, su futuro está en el Partido Independiente de la Derecha Moderada! ¡No se dejen embaucar por algunos políticos que prometen muchas cosas pero que luego no cumplen sus promesas! ¡No voten a nadie que no sea a mí, porque nunca se arrepentirán de haberlo hecho! El Partido Independiente de la Derecha Moderada cumple sus promesas.

Y aún hay más: el Partido Independiente de la Derecha Moderada promete a los estudiantes una beca con todo pagado en la Universidad de Oxford, o si lo prefieren en la de Salamanca, que les queda más cerca; una cadena musical, y veinte compact disc con lo más nuevo en música moderna.

Y no nos olvidamos de la tercera edad: mi partido tiene para esa gente que sacrificó su vida por el país la construcción de varios parques con doce pistas de petanca y sesenta mesas de parchís, más una gorra de visera para cada uno y una bufanda de lana tejida a mano por las monjitas de Santa Eulalia.

No se dejen embaucar por algunos partidos que prometen mucho y luego no cumplen con lo prometido. El Partido Independiente de la Derecha Moderada cumple sus promesas. Por todo esto, no me fallen, les espero en las urnas en las próximas elecciones.
Así haría yo los discursos si fuese político.

Aparte del discurso, también hay un medio muy útil para ganar votos, que es visitar los supermercados y los barrios marginales y dar besos a los niños, aunque esto no es muy saludable, ya que, por lo general, casi todos los niños pobres tienen mocos.




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