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Alan Furst: "Cuando llega la guerra, la gente no pospone sus deseos"

El autor norteamericano disecciona en Espías de los Balcanes los dilemas morales de la población griega ante la inminente ocupación nazi

ALBERTO OJEDA | 22/02/2012 


Alan Furst

En los países ocupados por los nazis, un dilema hirvió en las conciencias de buena parte de sus habitantes. Colaborar y adaptarse a la nueva situación: la apuesta fácil. O rebelarse y jugarse el tipo: la difícil. Grecia fue un ejemplo más. Alan Furst (Nueva York, 1941), maestro en la novela de espías, encarna esa disyuntiva en Costas Zannis, un oficial de la policía helena que de improviso se ve implicado en un operativo para permitir la huida de judíos alemanes llegados a Salónica. El escritor norteamericano, en la estela de Graham Greene y John Le Carre, urde en Espías de los Balcanes (Seix Barral) un nuevo thriller histórico ambientado en la II Guerra Mundial y sus orígenes. Continúa así su ambiciosa serie sobre aquella época, en la que ha centrado casi toda su obra y de la que, según cuenta a elcultural.es, no tiene interés en salir. De hecho, en su cabeza ya se está gestando una nueva entrega. Esta vez ubicada en la convulsa España de la guerra civil.

Pregunta.- ¿Qué le ha llevado a Salónica en su serie de novelas sobre la II Guerra Mundial y sus orígenes?
Respuesta.- Desde hace mucho tiempo quería escribir sobre Grecia. No sobre sus paradisíacas islas soleadas, sino sobre la Grecia balcánica, que tiene en Salónica su epicentro. Salónica es a Atenas lo que Chicago a Nueva York. Una ciudad de clase trabajadora, dura...

P.- En 1940 en Salónica vivían alrededor de 400.000 judíos y ahora no hay casi ninguno...
R.- Es una tragedia. Muchos judíos griegos fueron trasladados a campos de concentración, y muy pocos regresaron con vida.

P.- Confiesa que sólo estuvo un par de días en Grecia. ¿Es suficiente escribir sobre ella?
R.- Sí, es verdad que he estado muy poco tiempo allí para preparar el libro, pero sí es suficiente para captar las texturas y sabores de su atmósfera. Pero he estado seis meses con la nariz metida en libros sobre Grecia. Es así como me impregno de la naturaleza del lugar sobre el que quiero escribir.

P.- Es la novela suya en que hay más sexo. ¿Quería reflejar la importancia que cobra cuando se acerca la guerra a una población?
R.- Cuando la gente siente que mañana puede no estar viva, busca satisfacer sus deseos con inmediatez. No se permite el lujo de posponerlos, porque sabe que es muy posible que ya nunca más los disfrute. En los periodos en que el mundo se encamina hacia el abismo, el amor -en todas sus variedades- es lo único que nos permite sobrevivir.

P.- Lo suyo con II Guerra Mundial y sus orígenes es una especie de obsesión...
R.- Los años 30 me fascinan: la lucha ideológica entre izquierdas y derechas, la música de Django Reinhardt, la películas en blanco y negro, escritores como Orwell y Isaac Babel... Es un periodo muy rico, de grandes pasiones, de cobardía y coraje. Emocionalmente, me siento muy cerca de ese mundo, tan distinto del de hoy.

P.-¿Qué diferencias esenciales hay entre los espías de la guerra fría y los de la II Guerra Mundial?
R.- El plano humano tenía más importancia que el técnico, por eso dan más juego en la literatura. Muchos de los espías de aquella época estaban inspirados por motivos ideológicos, y en labores de espionaje acabaron participando gente común, a la que la única oportunidad de resistir contra el enemigo, o el ocupante, era llevar a cabo esta labor de información en la sombra.

P.- Eres un experto en esto: ¿qué ingredientes no pueden faltar en un buen thriller histórico?
R.- Hay que tener un profundo conocimiento del contexto político de la época y construir personajes con capacidad de liderazgo, preparados para olfatear lo que está por venir. Y hay que ser muy preciso a la hora de retratar qué sabía la gente, y cuándo lo sabía, qué amaban, odiaban, creían y qué les hizo sobrevivir...

P.-¿A quién le gusta más que le comparen: a John Le Carre o a Graham Greene?
R.- Quizá a Green, que escribió novelas de intriga. Le Carre es un escritor de la guerra fría. Su personalidad como autor es perfecta para aquella época. Green es más literario, y en eso, creo, se parece más a mí, aunque Le Carre es un escritor tremendamente bueno.

P.- Usted es un autor norteamericano profeta en su tierra. Al contrario de Paul Auster, o Allen... A pesar de que escribe sobre Europa, vende más en EE.UU. ¿Eso le molesta?
R.- No demasiado. Yo tiendo a vender despacio pero de manera constante en Europa, porque soy un escritor, no una celebridad. Esto siempre ha sido así a lo largo de mi carrera, el boca a oído es lo que hace que se vendan mis libros.

P.-¿Qué países pretende visitar en sus próximas novelas? ¿No le tienta ambientar una entera en España?
R.- Partes de algunas de mis novelas transcurren en España. Es un país que me interesa mucho porque fue por un tiempo el corazón del conflicto ideológico europeo durante su guerra civil. Pero sí, estoy cocinando una novela sobre España, con un protagonista que lucha en el bando republicano y tiene conexiones con París y el resto del continente. Es un personaje complejo, con sus contradicciones, como a mí me gustan. He pasado un tiempo allí y espero que eso se traduzca en una buena novela.




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