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Los príncipes inauguran la Feria del Libro de Madrid

Un grupo de estudiantes acompaña a la comitiva durante todo el recorrido por las casetas con abucheos al ministro de Educación, Cultura y Deportes por los recortes

MARTA CABALLERO | 25/05/2012 


Los príncipes durante su recorrido por la Feria del Libro de Madrid. Foto: El Mundo

El primer viernes de feria siempre ilusiona, incluso para el que año tras año escribe la misma crónica de la apertura, porque todas las ferias del libro se parecen. Pero tiene el viernes primero algo de reencuentro, de esperanza sobre todo, porque las semanas del Retiro, que anuncian la llegada del verano, representan, aun con la ya añeja pesadilla de la crisis, un respiro para el que vende. Es pasear bajo la sombra, con los dos graditos menos que regalan los árboles, y se olvidan las penas. Allí, a primera hora de la mañana, antes de que los príncipes de Asturias oficiaran la inauguración y antes de que se hiciera el calor, se oía ya el bullicio de los escolares, el abrir de las persianas de las casetas, el desenfreno del librero y del editor pasando el plumero y ultimando los detalles de sus estands, que este año están mejor pensados que nunca. Globos, carteles, libros muy vistosos, fluorescentes casi, objetos relacionados con la temática de la librería, una esmerada disposición de las novedades y del plan de firmas... estar en la feria no sale barato y más vale marketing que nunca.

Bien visibles, en los ejércitos de las primeras filas, desfilaban títulos como Entra en mi vida, de Clara Sánchez; Las horas perdidas, de Kate Morton; El lector de Julio Verne, de Almudena Grandes; El enredo de la bolsa y la vida, de Eduardo Mendoza; los de economía para tontos, economía sencilla, economía lo que sea y sus primos hermanos la crisis, acabar con la crisis, cuándo acabará la crisis... Y, sobre todo, la que ya prevén los libreros como la novela de la edición, El abuelo que saltó por la ventana y se largó, del sueco Jonas Jonasson (los nórdicos siguen de moda), un libro que, avanzan los vendedores, es "alegre y divertido", que buena falta hace la alegría para los lectores y para este sector que ha registrado un 30 por ciento de pérdidas el último trimestre. Todos estos cabezas de cartel estaban acompañados de los indiscutibles, los del éxito seguro, los que el paseante reconocerá a la legua y verá hasta la saciedad en cada caseta, el juego al cuadrado: los del hambre y el de tronos son la apuesta ganadora de este año. Tanto, que el visitante que culmine el paseo hasta la caseta 231 puede acabar cansado de tan poca 'bibliodiversidad'.

Más valientes son las editoriales, sobre todo las jóvenes, entre cuyos vendedores se cuelan sus propios escritores, como es el caso del ágil Juan Soto Ivars, que despachaba su "propia mierda" en la caseta de Olivo Azul porque no queda otra (el libro se llama Siberia y de mierda, nada). No muy lejos, Errata Naturae, independizada de sus colegas del año anterior, destacaba su vistoso ensayo sobre Juego de tronos -en las series han encontrado un filón para la venta pero también un fenómeno muy interesante para analizar- entre otras novedades más arriesgadas, como el emocionante título dedicado a Marx de su colección Pequeños Platones. "Queremos editar cosas nuevas. Es en la feria cuando te encuentras con los lectores y ves que aquellos títulos que a ti te interesaban pero de los que dudabas, también les interesan a ellos", agradecía Irene Antón, una de las editoras de Errata.

Y llegaron los príncipes, el ministro, el secretario de Estado de Cultura, el vicepresidente de la Comunidad de Madrid, el delegado de las Artes del Ayuntamiento y los responsables de la Feria. Y, tras la comitiva de autoridades, seguridad y periodistas, un grupo de estudiantes que acusaba a José Ignacio Wert de la muerte de la educación pública. Hubo dos equipos de voces, el de los universitarios y el de los que le gritaban guapa a la princesa y que viva España, etcétera, a cada cual con mayor torrente de voz. Un partido de ping pong a voces, un poco de comedia italiana. En el estudiado recorrido, más jaleado que el de cualquier otro año, hubo además un encuentro con la infanta Elena en el Pabellón de Mapfre, este año con forma de castillo; hubo paradas en pequeñas librerías como Muga, donde el príncipe sacó la cartera para abonar a los vendedores el precio de El mapa y el territorio de Houellebecq y el de Libertad, de Franzen, que ellos mismos les habían recomendado, y en grandes editoras (Planeta, Ramdom House, Santillana...), pero, sobre todo, en instituciones.

En la casa de Italia, país invitado de la edición, les esperaba el embajador italiano, Leonardo Visconti di Modrone, que les obsequió con el libro La Embajada de Italia en España, de la Editorial FMR. En la del Ministerio de Educación Cultura y Deportes el ministro les regaló los volúmenes 300 años de la Biblioteca Nacional y Obras completas y algo +, de Nicanor Parra. Allí se interesaron, además, por la obra Diógenes, de Pablo Albo. Y, para Leonor y Sofía, los premios Nacionales a los libros mejor editados en la categoría infantil y juvenil, Geografía Mágica, de Ana Cristina Herreros, y Fábulas morales de una vez... Grassa Toro. En la Caseta del Ayuntamiento de Madrid, Fernando Villalonga, delegado de las Artes, les ha obsequiado con la obra Vistas de Madrid, un libro colectivo que recopila fotografías de la capital. El vicepresidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, les ha regalado ejemplares de El Anuncio de la modernidad, de Lluis Fernández, y Crónica fotográfica de medio siglo de vida española, de Santos Yubero.

Otros títulos comprados o regalados fueron Los enamoramientos, de Javier Marías; Los presidentes y la diplomacia, de Inocencio Arias; y La sonrisa de las mujeres, de Nicolas Barreau. Así hasta completar casi tres docenas de libros en su primera visita a la Feria desde 2005, gesto que muchos libreros le han agradecido. Aunque si algunas casetas les recibieron con carteles de bienvenida, otras, como la que comparten Capitán Swing, Uña Rota, Gallo Nero y Sartori, decidieron echar la persiana mientras pasaba la comitiva. Y se fueron los príncipes y la calma chicha del medio día volvió a una feria que este año ha empezado 'fiera' (como se traduce al italiano) pero no con truenos, oye, que ya es algo.



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