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El Prado se sumerge en el horror mitológico con Las Furias. De Tiziano a Ribera

El museo inaugura su primera exposición del año, dedicada a los moradores del Hades grecolatino que habían sido condenados por desafiar a los dioses

FERNANDO DÍAZ DE QUIJANO | 21/01/2014 


Giovanni Battista Langetti: Ixión, condenado a girar eternamente atado a una rueda.

“Los mitos están hechos para que la imaginación los anime”, escribió Albert Camus en El mito de Sísifo. Para el escritor, este gigante condenado por los dioses a cargar eternamente una inmensa roca hasta la cima de una montaña para verla rodar de nuevo ladera abajo es la representación perfecta del absurdo del hombre moderno y del trabajo inútil y sin esperanzas.

Junto a Sísifo, destacan otros tres personajes de la mitología helena que fueron castigados con crueles e irónicas penitencias por desafiar a los dioses: Ticio, cuyo hígado devoraba un buitre por intentar violar a una amante de Zeus; Tántalo, castigado a procurarse alimento en vano por ofrecer a su hijo como festín a los dioses; e Ixión, castigado a dar vueltas sin fin en una rueda por querer seducir a Hera.

Los cuatro personajes irrumpieron en el arte del Renacimiento, concretamente en 1548, como una moda pictórica que duró 120 años. Toda Europa sucumbió al tema de “las Furias”, nombre con el que se conoció en España a estas cuatro figuras mitológicas. En torno a ellas, el Museo del Prado inaugura este martes Las Furias. De Tiziano a Ribera, su primera gran exposición del año. Comisariada por Miguel Falomir, jefe del Departamento de Pintura Italiana y Francesa hasta el año 1700, la muestra reúne 28 obras, entre las que destacan un dibujo de Miguel Ángel procedente de la Royal Collection de Londres, y pinturas de Rubens, Rombouts, Glotzius, Assereto, Salvator Rosa y Langetti, entre otros.


Miguel Ángel Buonarroti: Ticio (1532).

El montaje se compone de 2 dibujos, 8 grabados, 1 medalla y 16 pinturas que giran en torno a una copia del Laocoonte, la célebre escultura clásica en la que se inspiraron los artistas del Renacimiento y del Barroco para reflejar el dolor y el sufrimiento humanos.

“Hoy nos sentimos como Caronte franqueando a nuestros visitantes la entrada al Hades”, poetizó en la presentación a los medios el director del museo, Miguel Zugaza, que elogió la labor realizada por el comisario: “Miguel Falomir ha desbordado en esta exposición los límites temporales y geográficos de sus responsabilidades cotidianas. Más que el comisario, es el autor”. De hecho, la idea de la exposición surgió de una conferencia que dio el conservador del Prado hace cuatro años, y se ha materializado ahora gracias al patrocinio de la Fundación Amigos del Museo del Prado, que en 2013 superó los 26.000 miembros, cuyas aportaciones oscilan entre 50 y 8.000 euros.

Aunque las Furias proceden de la mitología grecolatina, “no tuvieron entidad propia en las artes visuales de la Antigüedad”, explica Falomir. Su irrupción en la historia del arte llegó en 1548, gracias a María de Hungría. La hermana del emperador Carlos V encargó a Tiziano, para su palacio de las afueras de Bruselas, cuatro lienzos con los personajes de Ticio, Tántalo, Sísifo e Ixión, identificados como los príncipes alemanes que se habían alzado contra su hermano y a quienes había derrotado un año antes en Mülhberg. Desde entonces y en las siguientes décadas, los gobernantes de Europa eligieron el tema de las Furias como alegoría política, un aviso para quien osara desafiar al poder establecido. Los artistas, por su parte, lo emplearon para demostrar su destreza, ya que las Furias eran enormes figuras desnudas en escorzos imposibles.

En realidad, en la mitología romana, las Furias -Erinias para los griegos- eran las deidades femeninas de la venganza encargadas de hacer cumplir los castigos de los moradores del Hades. El origen de esta confusión nominativa fue que, como explica Falomir, Felipe II colgó el conjunto pintado por Tiziano en un espacio del Alcázar de Madrid al que se llamó “Sala de las Furias”, y la metonimia se impuso para designar a la representación de estos cuatro gigantes penitentes en el mundo del arte.

El tema de las Furias configuró “una geografía artística que fue más allá de las diferencias políticas y religiosas”, explica Falomir, ya que interesó por igual a monarquías, repúblicas, católicos y protestantes. “Fue una tendencia paneuropea”, abunda.

Hasta 1700, fecha aproximada en la que se agotó el tema de las Furias, los cuadros que las representaban fueron aumentando su dramatismo con el objetivo de apabullar al espectador. Las figuras se volcaban hacia el primer plano en escorzos cada vez más exagerados y se veían constreñidas en su inmensidad por los límites físicos del marco.

Esta evolución se produjo en consonancia con la “estética del horror” iniciada por Caravaggio a finales del siglo XVI. El tema de las Furias era idónea para poner en práctica esta corriente pictórica, como demostraron pintores holandeses y flamencos afincados en Roma como David de Haen o Theodore Rombouts. Fue sin embargo Ribera quien convirtió las Furias en el epítome del horror en la pintura e hizo de Nápoles la ciudad donde disfrutaron de mayor predicamento. Salvator Rosa, cercano a él, llevó esta estética del horror al paroxismo -"casi a la casquería", señala Falomir-, como se puede apreciar en su Prometeo del palacio Corsini en Roma. Hay que señalar que Prometeo no es una de las Furias pero se le asocia con ellas debido a que sufrió el mismo castigo que Ticio, aunque moralmente no tenían nada que ver, “ya que éste era un violador y aquél un benefactor que robó el fuego a los dioses para dárselo a los hombres”, aclara el comisario.


Salvator Rosa: Prometeo (1658-1650).




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