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Gervasio Sánchez: "Que no me pidan objetividad. Yo lo que busco es ser honesto"

El fotoreportero recorre en una muestra antológica en La Tabacalera sus casi tres décadas retratando los 'desastres de la guerra'



ALBERTO OJEDA | 07/03/2012 


Gervasio Sánchez. Foto: Diego Sánchez.

La artillería pesada serbia no daba tregua. Vukovar, en el este de Croacia. Finales de 1991. Gervasio Sánchez llevaba pocas semanas en los Balcanes pero ya había llegado a la conclusión de que aquella guerra era la más sucia que había cubierto ("Allí me hice un hombre", confiesa para explicar que fue en los Balcanes donde se hizo un verdadero fotógrafo de guerra). Al caer la noche los periodistas que andaban por la zona buscaron refugio en el hotel de la ciudad donde se alojaban.

Permanecer en las habitaciones, con la que estaba cayendo, no era lo más prudente. Así que la tribu, como Manu Leguineche llama con guasa al abigarrado gremio de los corresponsales de guerra, se instaló en los urinarios, que estaban en el sótano del edificio. Pasado un rato, Arturo Pérez-Reverte, presente también en la escena, ya no aguantaba el hedor ni a los compañeros de Televisa a los que les dio por cantar rancheras para aliviarse la tensión. Cogió su saco y se subió al vestíbulo. Gervasio Sánchez fue a convencerle de que bajara, que aquello era demasiado arriesgado. Como no lo consiguió, decidió pasar la velada con él, iluminados intermitentemente por los fogonazos. En un momento dado, el autor de El capitán Alatriste le preguntó: "¿Y tú por qué estás aquí?". "Porque me gusta", respondió con humildad el fotoreportero.

La anécdota la cuenta Pérez-Reverte en Territorio Comanche, libro convertido en una especie de catecismo para todo aquel que busca ganarse la vida como periodista en los conflictos bélicos del mundo. Hoy, más de dos décadas después, ese fotógrafo explica a elcultural.es su respuesta de entonces. "Odio las guerras, lo hago con todas mis energías. Pero siento pasión por mi trabajo, que consiste en documentarlas y contarlas, en ser testigo de lo que en ellas ocurre". Gervasio Sánchez acaba de inaugurar en La Tabacalera una exposición antólogica (abierta hasta el 10 de junio) que recorre los casi treinta años que lleva dando tumbos cámara en mano con ese objetivo.



Ver su trabajo concentrado en las 148 fotografías, a color y en blanco y negro, elegidas entre él y la comisaria (y también fotógrafa) Carmen Balsells, le desencadenan un aluvión de emociones: "Al revisar las fotografías y los negativos me asaltan olores, colores, tantos recuerdos de víctimas de la crueldad, de los compañeros muertos...". Precisamente a estos últimos dedica la exposición. Una serie de hombres que dieron al oficio del periodismo ("con P mayúscula", advierte) verdad y valor. Enunciar sus nombres, todavía hoy, duele: Juantxu Rodríguez, Jordi Pujol, Luis Valtueña, Miguel Gil, Julio Fuentes, José Couso, Julio Anguita Parrado y Ricardo Ortega.

La muestra antológica, epílogo del Premio Nacional de Fotografía que ganó Gervasio Sánchez en 2009, se estructura en diversos bloques temáticos sobre los que ha girado su trabajo en todo este tiempo: América Latina (1984-1992), Balcanes (1991-1999), África (1995-2007), Vidas minadas (1995-2007) y Desaparecidos (1998-2010). Las fechas tienen su importancia y dan cuenta de la continuidad con que el fotógrafo cordobés aborda los conflictos armados. Esa es una de sus señas distintivas: "Es otra manera de contar las cosas. Cuando acaba una guerra, y su impacto mediático, las historias siguen ahí. Puedes hacer la maleta y marcharte, pero entonces pierdes la oportunidad de ver la guerra de otra manera".



Gervasio Sánchez vuelve a los lugares ensangrentados en su día por el odio y la sinrazón. Vuelve para ver a los afectados (los mutilados, las viudas, los huérfanos, los que empuñaron las armas a la fuerza...), interesarse por ellos y por su vida después del trauma. Por eso las imágenes escogidas para esta exposición alternan la truculencia y la locura con estampas más poéticas y simbólicas. La compasión y un fuerte sentido del compromiso le empujan a seguir en la brecha. En abril vuelve a Afganistán. Todavía no piensa retirarse a escribir libros a partir de tantas experiencias al límite, tan jugosas para ser destiladas en literatura o en periodismo de fondo, cocido a fuego lento.

Aunque sí es verdad que ya no pasa tanto tiempo en el frente como antes. La guerra tiene muchas caras (y muchas cruces) y un periodista la puede afrontar de múltiples formas. Eso sí, ninguna objetiva según el propio Gervasio Sánchez: "Que no me hablen de la objetividad del periodismo, cuando todos los medios tienen sus dependencias, de políticos y de empresarios... Un corresponsal muchas veces está solo en situaciones desesperadas y tiene que tomar decisiones en cuestión de segundos. Lo que uno tiene que ser es honesto y respetuoso con los que sufren. Ya está".



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