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Yayoi Kusama

"Mis obras mantienen una estrecha relación con mi salud mental"

BEA ESPEJO | 09/05/2011 


Yayoi Kusama en su estudio. Tokyo 2009. Fotografía: Yayoi Kusama Studio.

A sus 82 años recién cumplidos, Yayoi Kusama (Matsumoro, Japón, 1929) no ha perdido ni el afán celebrativo ni la actitud rebelde que se esconden tras sus habituales pelucas de colores. Tampoco el espíritu utópico y anárquico que le acompaña desde niña. Detrás de los más de 150 dibujos, pinturas, collages, esculturas, instalaciones, películas y performances reunidas en la primera exposición retrospectiva en nuestro país que le dedica el Museo Reina Sofía, hay un único objetivo. "Quiero explorar mi propia humanidad y la visión del mundo. Establecer un camino para mi búsqueda de la verdad", explica Kusama definiendo su labor como artista. Ésta la lleva a cabo entre el hospital psiquiátrico de Tokio y su estudio, a pocos minutos de éste. En el primero vive desde hace más de veinte años; en el segundo, todavía hoy pasa largas jornadas de trabajo rodeada de grandes lienzos, brochas y pinturas. Yayoi Kusama, considerada la artista viva más famosa de Japón, continúa creando y ampliando el abanico de "espacios infinitos", como ella los llama, a los que debe su fama: instalaciones de gran formato donde reina la acumulación y la repetición, y en las que la artista versiona el topo blanco y rojo (colores auspiciosos, de celebración en la tradición japonesa, la "marca Kusama". En esos lunares, cuenta la artista, ve "energía y vida", dos de las obsesiones (tal vez también alucinaciones) que la mantienen en activo y que la llevarán, en 2012, al Pompidou de París, a la londinense Tate Modern y al Whitney de Nueva York.

PREGUNTA: Empecemos por el principio. ¿Por qué quiso ser artista?
RESPUESTA: Empecé a pintar a los diez años, cuando aparecieron las primeras alucinaciones, aunque no queda nada de esos cientos de dibujos. Mi madre, que odiaba que pintara, destruía todo lo que hacía. Era muy violenta, una mujer de negocios muy astuta y siempre ocupada con su trabajo. Siempre me obligaba a trabajar en el negocio familiar pese a tener exámenes. Me hacía sentir tremendamente insegura.

Carretera y manta
P.: Dada su vida familiar, no es de extrañar que se fuera de casa en cuanto pudo. Kioto fue la primera parada, para estudiar arte. Aunque la gran decisión vino cuando se fue a Nueva York en 1958, sin apenas conocer a nadie.
R.: Fui a Kioto simplemente para huir de la violencia de mi madre, aunque la escuela era demasiado conservadora y raramente asistía a clase. Me quedaba pintando en el dormitorio. Debido a que mi madre era contraria a que me convirtiera en artista, emocionalmente empecé a ser muy inestable y sufrir crisis nerviosas. Fue desde entonces que empecé a recibir tratamiento psiquiátrico. Al traducir el miedo de las alucinaciones en las pinturas, estuve tratando de curar mi enfermedad. Mi arte mantiene una estrecha relación con mi salud mental.

P.: ¿Cómo era la escena artística en Nueva York en los sesenta?
R.: En aquel entonces, había todo tipo de artistas. La guerra de Vietnam y otros temas sociales de la época ocuparon las mentes de la gente, la mía incluida, se convirtieron en una manifestación de energía creativa en toda la ciudad. Fue algo que marcó el resto de la historia del arte.

P.: Un año y medio después de su llegada a Nueva York llegó su primera individual con cinco grandes lienzos de uno de sus proyectos más elogiados y significativos, Infinity Nets. Son obras llenas de redes a raíz de un discreto movimiento de muñeca. A partir de entonces, las redes y los topos se convirtieron en dos de sus motivos principales. La exposición fue elogiada por críticos como Dore Ashton y Donald Judd, que la compararon incluso con Pollock.
R.: Empecé a asociarme con otros artistas que también estaban desarrollando nuevos tipos de pintura. Me hice amiga de Eva Hesse y Donald Judd. Cuando estaba luchando para ganarme la vida, mis amigos me decían: "Haz action painting, con eso podrás vivir". Pero yo hice exactamente lo contrario. Pinté Infinity Nets día tras día y, mientras las hice toda la habitación parecía haberse cubierto de redes. De ahí surgieron las Accumulation sculptures.

P.: Donald Judd dijo de sus pinturas que vaticinaban los principios del minimalismo. ¿Se considera una artista minimal?
R.: Yo soy una artista obsesiva. En aquella sociedad caótica de Nueva York, llena de jóvenes beatniks y hippies, los artistas luchábamos para sobrevivir con el objetivo de construir un mundo nuevo. Mis obras estaban inmersas en esas tendencias artísticas como el minimal y el pop, entre otros. Tuvieron un apoyo entusiasta de la sociedad de aquellos días y fueron pioneras en la escena artística de Nueva York.

P.: Entonces, ¿se considera una pionera del arte contemporáneo?
R.: Sí. Mis obras, llenas de vitalidad y que incorporan el concepto de repetición estereotipada y acumulación, han inspirado a muchos artistas.

Pocos medios y muchos formatos
P.: Además de las pinturas, esculturas e instalaciones, hizo performances, vídeos, moda...
R.: Por aquel entonces, tenía muchas ideas y problemas para saber qué hacer con ellas. En Body Festivals los participantes de este happening, desnudos, podían pintarse lunares unos a otros. Se realizaron decenas de acontecimientos en mi estudio y en espacios públicos de Nueva York. Algunos eran lugares "de autoridad", como el MoMA o Wall Street. Otros, como Tompkins Square Park y Washington Square Park se asociaron a la cultura psicodélica de la ciudad.

P.: Esas performances, donde aparecía en sitios públicos junto a hombres y mujeres desnudos cubiertos de lunares, son las más abiertamente políticas....
R.: He estado interesada en la política desde la infancia, probablemente porque mi abuelo era político. No hay nada más fascinante que la política.

P.: En 1973 regresa a Japón y en 1977 su vulnerabilidad psicológica la lleva a internarse voluntariamente en el hospital donde hoy vive. Desde entonces, lanzó su carrera literaria. ¿En su país, es más conocida como escritora que como artista?
R.: Tengo muchos fans de mis novelas, pero también soy conocida como artista, ya que he tenido muchas exposiciones allí y representé a Japón en la Bienal de Venecia de 1993.

P.: Tras un paréntesis de treinta años, volvió a crear instalaciones de gran escala, como I'm Here, but Nothing (2000) donde los puntos adhesivos de este interior doméstico pueden entenderse como una simplificación visual de sus alucinaciones. En los últimos años, ha vuelto al dibujo y la pintura. ¿Cómo define sus obras más recientes?
R.: Una batalla de ideas derivadas de la evolución de circunstancias personales. Una acumulación infinita de obsesiones.

El caso "Ai Wei Wei"
P.: Para alguien tan crítica como usted con la política, ¿qué opina de la detención de Ai Wei Wei?
R.: Cuando un líder chino de alto nivel visitó los Estados Unidos, le dio gran publicidad al sistema político y económico de la "Nueva China". Sin embargo, el tratamiento que están haciendo de Ai Wei Wei es muy preocupante, ya que equivale a coartar a los artistas que tratan de experimentar con nuevas ideas en el arte. Estoy segura que hay mucha gente en China que está involucrada en la reforma política y trata de construir una nueva era. Creo que China está tratando de desempeñar un papel de liderazgo en la sociedad internacional, al tiempo que oculta la verdad.

P.: ¿Y cómo ve la situación en Japón?
R.: Tras el reciente y devastador terremoto y tsunami que golpeó la parte noreste de Japón, los políticos han sido criticados por su forma inadecuada de manejar la situación, lo que ha provocado mucha desconfianza de la gente. Se dice que este tipo de desastre catastrófico sucede una vez cada 1.000 años.




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