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Elsa Punset

"El bienestar crea adicción"

La divulgadora científica aborda de nuevo las emociones en 'Una mochila para el universo', que se publica este martes


JAVIER LÓPEZ REJAS  | 22/05/2012 | 


Elsa Punset. Firma: Álex Río

Saber apretar la mano en un saludo, cómo mirar a los demás, cuánto amor necesitamos, la utilidad de la risa, saber hablar en público, convencer a los demás en 46 segundos o el poder de un abrazo es algo muy serio. Nos retrata emocionalmente y nos condiciona en nuestra relación con los demás. Tras Brújula para navegantes emocionales e Inocencia radical, Elsa Punset vuelve a la carga de la divulgación con Una mochila para el universo: 21 rutas para vivir con nuestras emociones (Destino), el tratado definitivo que nos ayudará a sortear las turbulencias de la agitada sociedad actual.

Pregunta.- Primero una brújula y ahora la ruta. ¿Cómo ha preparado el equipaje para comprender las emociones?
Respuesta.- Le diría que a nuestro cerebro, programado para sobrevivir, la incertidumbre le desasosiega profundamente. Históricamente, solíamos buscar respuestas cerradas para sentirnos seguros. Hoy en día estamos aprendiendo a comprender los mecanismos básicos que nos mueven en la vida diaria, los grandes principios de navegación interna, brújulas y hojas de ruta que nos ayudan a comprender cómo somos por dentro.

P.- ¿Lleva el cerebro marcado el miedo por la evolución? ¿Podría este “estigma” bloquear nuestra felicidad?
R.- Las emociones de cualquier signo no son positivas o negativas, son útiles o perjudiciales. El miedo es una emoción primitiva y poderosa que nos condiciona hasta límites insospechados porque actúa sobre la parte más emocional, y por tanto más compulsiva, del cerebro. En su justa medida nos resulta muy útil porque actúa como un guardaespaldas. Pero como los humanos tenemos un cerebro equipado para prever e imaginar, a veces nuestros miedos son exagerados y en vez de protegernos nos limitan.

P.- ¿Adquirimos nuestra identidad a través de las emociones?
R.- Esta pregunta la respondería citando a la escritora y activista Maya Angelou: “La gente olvida lo que dices, la gente olvida lo que haces, pero nunca olvida cómo la haces sentir.” En las últimas décadas, estamos empezando a comprender el enorme poder de las emociones. No son un lujo, algo que podamos reprimir e ignorar, sino que son el motor que nos mueve, la fuerza que dicta nuestros pensamientos, palabras y comportamientos. Las emociones se contagian como un virus y están presentes, para bien o para mal, en todos los ámbitos de nuestras vidas.

P.- ¿Se pueden llegar a controlar?
- La palabra “control” tiendo a asociarla a una forma de gestión emocional antigua, que sugiere represión. No podemos reprimir o eliminar las emociones. Lo que sí podemos hacer es transformarlas y gestionar ese caudal emocional. Ahora sabemos que el pensamiento y el comportamiento cambian de forma constante la estructura física del cerebro. En laboratorios de neurociencia de todo el mundo, como el de Richard Davidson, en Wisconsin (EEUU), se están llevando a cabo estudios apasionantes que revelan hasta qué punto somos capaces de gestionar nuestras emociones si logramos comprenderlas.

P.- ¿Luchan las emociones con la racionalidad del cerebro?
R.- Hace algunos años se acuñó la palabra “cerebro emocional” para describir hasta qué punto el cerebro funciona integrando el instinto, la emoción y el pensamiento racional. La inteligencia emocional nos sugiere que estas tres partes interrelacionadas del cerebro pueden funcionar armónicamente.

P.- ¿De sus 21 rutas cuál es la esencial para llegar al equilibrio emocional?
R.- Todas las que incluyo en el libro sugieren formas concretas de enfrentarse a las situaciones y retos diarios de la vida. Cualquiera puede ser determinante. Pero empiezo con el capítulo dedicado a nuestra capacidad de afecto y de conectar con los demás, porque podemos vivir de espaldas a muchas cosas, pero ninguna vida se conforma sin una referencia constante al amor. Es fundamental comprender sus mecanismos y aprender a gestionarlo para potenciarlo día a día.

P.- ¿Puede un abrazo de seis segundos borrar una depresión?
R.- Cualquier gesto sincero que te permita sentirte conectado a la vida forma parte del proceso para recuperar las ganas y la ilusión de vivir. De hecho, en los estudios que miden qué elemento dispara nuestra capacidad para superar obstáculos sobresale la importancia del afecto de los demás.

P.- ¿Nos lleva la “química del amor a la adicción?
R.- Sabemos que cuando estamos intensamente enamorados se activan las mismas áreas del cerebro que cuando ganas mucho dinero o tomas cocaína. Generas buenas dosis de norepinefrina, de dopamina, de serotonina, de testosterona... Es la química del bienestar, y ya sabemos que cuando el cerebro está a gusto no es razonable sino que te pide más, y eso subyace, efectivamente, en el mecanismo de la adicción. Pero si la relación de amor se afianza, esta química poderosa muta poco a poco y produce un estado placentero pero mucho más sosegado.

P.- ¿Confirmaría usted que el amor es un desorden obsesivo compulsivo?
R.- Puede parecerlo, pero el amor bien gestionado es un proceso intenso muy útil de cara a la transformación y al aprendizaje personal. Es uno de los pocos momentos en los que eres tan vulnerable -según el neurólogo Norman Doidge, incluso el cerebro se vuelve más maleable en esa etapa- que te abres a la posibilidad de cambiar a mejor. Por eso, a pesar de algunos síntomas, el amor no es una enfermedad, es una gran oportunidad.

P.- Finalmente, dedica uno de sus capítulos a enseñar cómo hay que dar la mano. ¿Puede ahorrarnos este gesto las tarjetas de presentación?
R.- En general, en todo el capítulo dedicado al lenguaje secreto de las personas ofrezco estrategias claras para comunicarnos sin rodeos. En cualquier caso, recordemos que los estudios muestran que el apretón de manos revela mucho sobre la personalidad de cada uno.




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