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Joan Fontcuberta

"Al arte no se le dan subvenciones sino inversiones"

Hoy inauguran dos exposiciones en Barcelona de las que es comisario: 'Obra-Colección. El artista como coleccionista', en la Fundación Foto Colectania, y 'A partir de ahora', en Arts Santa Mònica.


BEA ESPEJO  | 21/02/2013 | 


Joan Fontcuberta

La casualidad ha hecho que coincidan hoy en Barcelona dos exposiciones de las que el artista Joan Fontcuberta (Barcelona, 1955) es comisario. "Hoy por hoy todos tendemos a hacer casi de todo casi sin darnos cuenta", confiesa. La de Arts Santa Mònica, A partir de ahora, nació de una conversación con François Hébel, director del festival de Rencontres d' Arles, sobre el cambio en el canon de calidad de las fotos con las redes sociales, y llevó a un equipo de lujo a organizar esta muestra, la más completa sobre la idea de postfotografía: además de Fontcuberta, Clément Chéreux, conservador del Pompidou; Erik Kessels, director artístico de KesselsKramer; el fotógrafo Martin Parr y Joachim Schmid. La muestra en la Fundación Fotocolectania surgió a raíz de una propuesta al artista centrada en la creación como coleccionista. Ambas suponen una reflexión sobre la cultura digital y las transformaciones de la imagen. Le digo que resuma su trabajo en una palabra y no tarda ni un segundo en pronunciar: "escepticismo". Lo dice de verdad.

Pregunta.- ¿Qué es la creación como coleccionista?
Respuesta.- Hay varios fenómenos que se solapan en la fotografía y que hay que revisar críticamente. Por un lado, en la escena artística actual se tiende a confundir los papeles de sus agentes tradicionales: artistas, críticos, comisarios, conservadores, coleccionistas, galeristas... De esos solapamientos destaca en gran medida el que se produce entre el artista y el coleccionista. Por otro lado, nos enfrentamos a un universo de imágenes cada vez más masivo. Un pintor como Vermeer, por ejemplo, produjo en toda su vida menos de 40 cuadros. Hoy en dos horas hacemos centenares. La fotografía como un elemento de prestigio también está cambiando. En un mundo caracterizado por la saturación icónica muchos artistas son proclives a recolectar y seriar imágenes para llegar a lo que podría llamarse obra-colección, es decir, un conjunto de obras que unidas forman una colección con un propósito nuevo, diferente al inicial.

P.- Mucho tiene que ver eso con el boom de la práctica del archivo en arte contemporáneo...
R.- Sí, vivimos en un paisaje nutrido de imágenes y su disponibilidad hace que se conviertan en material de trabajo. Las imágenes ya no son la representación del mundo, sino parte de él. Son elementos con los que actuar críticamente. Acciones que fueron radicales y colaterales a las prácticas artísticas hegemónicas tiempo atrás, como la de Hans-Peter Feldmann, por ejemplo, ahora ya no son inéditas. Los artistas trabajan por acumulación, por criterios de clasificación. En esas prácticas de archivo lo importante no es tanto la imagen en sí sino la relación que se genera entre ellas.

P.- ¿Hasta qué punto sufre Fontcuberta de mal de archivo?
R.- Para mí la imagen es como la página de un libro. Por sí sola tiene entidad, aunque el sentido es global. La idea de serie como unidad de creación siempre ha estado presente en mi trabajo. Cada vez más entendemos las obras como elementos dentro de constelaciones, lo que lleva a una revisión de la misma naturaleza de la obra que siempre debe ser plural y no se entiende sin la presencia del público.

P.- En esta saturación de imágenes, ¿tiene sentido hacer fotos nuevas?
R.- Hay varias actitudes contrapuestas. Por un lado, están los que reivindican la ecología de la imagen. Debe prevalecer cierta actitud a la contención. No tiene sentido llenar el mundo de imágenes iguales. Aunque esa sobrecarga de imágenes tiene un contrapeso: nos deben hacer reflexionar sobre las que faltan.

P.- ¿Cuáles faltan?
R.- Hay muchas imágenes censuradas. De hecho, el mundo ha sido cartografiado con imágenes, y como dice Umberto Eco, podemos entender que está todo incluido o todo lo contrario. Esas dos visiones llevan a la actual deriva de la fotografía contemporánea.

P.- A esa deriva la llama posfotografía. ¿Qué es exactamente?
R.- Hoy los valores que tenía la fotografía tienden a desaparecer. La idea de verdad, por ejemplo. Interesa más como un acto de comunicación puntual que como una acción de perdurabilidad en el tiempo. La naturaleza de la imagen está trastocada. Hay que pensar ya en la física cuántica de la imagen.

P.- Habla de internet, de Facebook, de Flirck, donde reina lo instantáneo. ¿Qué vida tienen las imágenes en la red?
R.- La vida de las imágenes y muchas de ellas merecen un análisis crítico, como los autorretratos. No contentos con el disparo lo colgamos inmediatamente en internet. Son como plataformas de narcisismo y exhibicionismo a la vez. La fotografía ayuda a la propia identidad, a construir una máscara. Estamos en un momento histórico en que, por primera vez, podemos ser gestores de nuestra propia imagen. Eso banaliza hoy la fotografía pero permite manejarla de una manera nueva.

P.- ¿Qué significa hoy el término fotografía?
R.- Fotografía es uno de esos términos cambiantes, mutantes, que encierra muchos significados. Se entiende como una tecnología de representación visual más que lenguaje. La fotografía es una cultura de visión; es una manera de ver el mundo. La cámara es el interfaz que nos permite visualizar la realidad.

P.- Fue una de las personas más críticas de la situación artística en Barcelona hace ahora un año, a raíz del cese del Canódromo y Moritz Küng. Una situación que se solventó con la apertura de otro espacio, el Fabra i Coats. ¿Qué le parece que sea ahora el mismo Moritz Küng el que inaugure una exposición en Fabra i Coats?
R.- Lo que está pasando en Cataluña es que los recortes han sido un pretexto para remodelar el mapa artístico en función de unas directrices ideológicas concretas, de mayor control. Es un estado constante de empobrecimiento. No hay que echarle la culpa a los recortes, sino a los modelos que son mucho más restrictivos. Las decisiones individuales son respetables, pero estamos dolidos de que hayamos defendido otros modelos y esos mismos profesionales. Digamos que hay deudas de lucha colectiva.

P.- ¿En qué proyectos trabaja ahora mismo?
R.- Preparo una exposición en Artium, colectiva y comisariada por Jorge Luis Marzo, llamada Por favor, no tocar. Propone una alternativa crítica a lo que es el museo público y sus dinámicas. Se articula a partir del libro de incidencias. Llevamos tiempo trabajando en un blog, y la idea es cómo una institución autoritaria encaminada a la sumisión del público, desde las fotos de Franco quitándose el sombrero al entrar al museo a las prohibiciones de besarse que tienen algunos de ellos o alzar la voz.

P.- Alce la voz para decirnos hacia dónde va el museo público en España.
R.- Habrá una criba natural que puede ser el resultado inmediato de una inflación artificial en los museos. Algunos de ellos son fruto de iniciativas propagandísticas de partidos políticos o ciertas autonomías. La realidad está haciendo un ajuste de cuentas con esas fantasmadas. El problema es: ¿qué pasará con aquellos museos que ven mermadas sus opciones? Estamos en una situación de destrucción del tejido artístico. Será difícil volver a regenerarlo. El sector de la creación requiere mucha atención. Al arte no se le dan subvenciones sino inversiones.





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