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Nacho Vigalondo

"Disfruto lo mismo con J.J. Abrams que con Apichatpong"

Hoy presenta 'Extraterrestre', película protagonizada por Julián Villagrán y Michelle Jener que se estrena este viernes


CARLOS REVIRIEGO | 20/03/2012 


Nacho Vigalondo y Michelle Jenner en el rodaje de Extraterrestre.

El viernes estrena su segundo largometraje, Extraterrestre. No es sólo una película, sino una verdadera declaración de intenciones. Desde que compitiera por el Oscar con un sorprendente cortometraje, Nacho Vigalondo siempre dirige su creatividad hacia zonas de desconcierto. Después de alterar los códigos de la ciencia-ficción con Los cronocrímenes, ahora le da la vuelta al subgénero de las invasiones alienígenas...

Pregunta.- Tratándose de una muy marciana comedia romántica, en Extraterrestre hay más una apuesta por el humor que por la emoción...
Respuesta.- Hay un momento que empiezo a sospechar que las películas que exponen mucho sus emociones envejecen peor que las otras, porque no resisten un doble o triple visionado. Los sentimientos que están más diluidos creo que funcionan mejor con el tiempo. No quiero decir que lo haya conseguido con Extrarrestre, pero sí es algo que veo conscientemente como un dilema en mi trabajo. ¿Hasta dónde puedo llegar con las emociones de los personajes sin caer en sentimentalismos?

P.- Antes de su estreno, ha recorrido varios festivales de prestigio, pero Extrarrestre no es una película de festivales, ni tampoco un filme descaradamente comercial... Su condición alienígena es muy manifiesta.
R.- Sí, es muy difícil encuadrarla. Reconozco que esa es la auténtica aventura que encuentro en esto de hacer cine. Hay películas comerciales muy diseñadas para un objetivo, y películas muy ortodoxas dentro de los márgenes de festivales que se mueven. Existen también películas diseñadas para Cannes. Yo no diseño mis películas en esos términos. A mí me aburriría hacer un cine distinguible de lejos como comerical y distinguible de lejos como cine de autor. Disfruto lo mismo con J. J. Abrams que con Apichatpong Weerasethakul.

P.- Parece que ha querido hacer un filme en el que el espectador sienta la necesidad de conocer a los personajes, de habitar con ellos, como en Rio Bravo o en El gran Lebowski... La trama es absolutamente secundaria.
R.- Has hablado de dos películas que cuando terminan provocan algo injusto, y es que quieres que duren media hora más. Me pasa siempre con El largo adiós de Robert Altman. Ha acabado el caso, Philip Marlowe ha resuelto el crimen, pero no me importaría acompañarle de vuelta a casa. El momento mágico de Rio Bravo es cuando deciden cantar una segunda canción sin ningún tipo de pudor. En vez de dispersar las canciones por el relato, Hawks decide ponerlas juntas... Me alegro que la película pueda producir esa sensación. No es algo buscado, aunque de algún modo es natural que surga de esa manera...

P.- ¿Por qué lo dice?
R.- Creo que tiene que ver con la estructura del guión. Me gusta mucho que la película tenga un aspecto liviano, porque aunque yo tiendo a hacer estructuras muy cerebrales, en las que todos los detalles y ecos tienen que combinar, al final lo que quiero es que todas estas complejidades no estén en pantalla. Creo que la complejidad no es un valor en sí. Es bueno que esté ahí para quien quiera buscarla. Es algo muy propio de los Coen, cuyas películas, dependiendo del espectador, pueden ser nada o pueden serlo todo. El gran Lebowski puede verse como una mera sucesión de situaciones cómicas, pero la matemática del guión es brutal. Es contradictorio, pero creo que la improvisación sólo es posible si todo está muy planeado previamente.

P.- ¿Por la estructura del guión se refiere sobre todo a dejar la peripecia de la invasión alienígena en el fuera de campo?
R.- La peripecia real de Extraterreste, el protagonista natural de la historia, es Raúl Cimas. Quiero decir, su itinerario es el que hubiera filmado una producción de Hollywood. Pero mi película cuenta la historia del tipo con el que la novia del "héroe" le está poniendo los cuernos. No es una trampa de guión, es otro punto de partida. El dilema de la película, de hecho, es el de un personaje protagonista que descubre que es un secundario, o al revés. Julio (Julián Villagrán) quiere apartarse todo el rato, quiere irse de ahí, pero seguimos con él. Y esa idea de guión es la que permite que la película, además de ligera, sea más barata.

P.- Es también la película de un director que escribe para sus actores...
R.- Esto es solo posible para el público internacional, pero mi mayor preocupación con los actores eran que nadie pudiera saber a ciencia cierta si proceden del drama o de la comedia. La homogeneidad de tono que buscaba también la quería en los cuatro actores. Todos tienen su oportunidad de ser dramáticos y de ser cómicos. No quería a Michelle Jenner rodeada de tres monstruos de la comedia, como ocurre en la mayoría de las películas de este tipo, ni quería que mientras Areces está fuera, todo fuera aburrido. El único reproche para el camino fácil es el camino aburrido, y no soportaría hacer algo aburrido.

P.- En el corto Domingo ya filmó un ovni estático en el cielo, pero lo que le interesaba entonces, como ahora, no era lo extraordinario (el ovni), sino lo ordinario (la discusión de una pareja). ¿Diría que Domingo es un germen de Extraterrestre?
R.- En los avistamientos de ovnis hay algo poético y melancólico: la soledad que inspiran unos seres que han venido de la lejanía para que podamos contemplarlo. Esa melancolía me parece irresistible. A partir de ahí me interesa cómo plantear un hecho cinematográfico como es una invasión extraterrestre y, sólo alterando alguna variable, obtienes un marco compeltamente diferente. Eso estaba ya en Domingo, es cierto. Hay un momento en el que inevitablemente empiezas repetirte. Una vez que un director define un territorio, creo que tiene todo el derecho a navegar en él. Por ejemplo, Woody Allen está sometido a esa presión todos los años. Dentro de 500 años, cuando alguien se haga con toda la filmografía de Woody, celebrará que haya hecho tantas películas podrá verlas en el orden que quiera y sin tener que compararlas. Yo no condeno al autor que se repite, y espero poder tener el privilegio de repetirme algún día. De momento, recurro a unos iconos y una imaginería común.

P.- Pero para usted esa imagenería de películas de extraterrestres es apenas una puerta a otra cosas.
R.- En todas las historias de extraterrestres se produce una proximidad física con los aliens que las hace atractivas. Incluso en una película como Señales, que juega con la desinformación y las distancias, los extraterrestres acaban llamando a la puerta. ¿Qué pasa si el ovni aparece en Callao y tú estás en Luchana? Posiblemente pase lo que ha pasado con nuestra generación, que hemos contemplado todo de lejos, y antes de que caiga la segunda torre ya hacíamos chistes con la primera. Es divertido cuando alteras una variable del género y todo adquiere un óptica nueva. Hay pocas cosas más divertidas que coger un género reconocible por cualquier espectador, desde el más sofisticado al más casual, y de repente plantear un giro. Hay un momento en el guión en el que dices, me estoy alejando del género, pero por otro lado el guión también te acaba llevando al género. En todas las películas de extaterrestres hay un ataque desde el cielo, y mi ataque desde el cielo es el vecino disparando pelotas de tenis.

P.- Hay un personaje muy especial en el filme, intepretado por Miguel Noguera, que es el que aporta el "espectáculo" a la película...
R.- Yo necesitaba por guión una llamada al exterior, un tío en pantalla que sirviese de recurso para que sucediesen cosas. Pero cuando decidimos que Noguera haría el papel, dejó de ser una voz parlante para empezar a ser una versión empaquetada de todos los personajes. No sólo lo tengo por su consistencia en pantalla, sino que a un nivel casi espiritual, me gusta lo que representa él por sí mismo, y es casi un manifiesto que esté en mi película.

P.- ¿A qué se refiere?
R.- Miguel Noguera es alguien cuya filosofía o cuyo método es tan consistente como el resultado. Su espectáculo está apoyado en una base teórica tan sólida que esa base podría ser el propio espectáculo en un momento dado. Es una de las pocas personas que han sido capaces de inventar algo nuevo. El formato con el que canaliza su humor no son chistes, no son gags, no es un relato, no es un monólogo... es un formato nuevo y eso es algo muy difícil de concebir. No quiero que pasen dos décadas para que la gente empiece a aplaudir a Noguera. Quiero que se le aplauda ahora.

P.- Como también querría que se aplaudiera ahora a Extraterrestre, y no dentro de unos años. Yo creo que el corto 7:35 mañana se entiende mejor ahora que cuando lo hizo, y lo mismo ocurrirá con Los cronocrímenes...
R.- Ahora es muy fácil aplaudir a los Monthy Pyton, son increíbles. Lo que me interesa es conocer a la gente que lo dijo en su momento. Un fenómeno que veo que se repite una y otra vez son los críticos que defienden las comedias del pasado y no defienden las de ahora, como si el humor se hubiera empobrecido. No es así. Casi nunca una comedia gana premos de cine, o es votada como la película del año, porque el humor parece algo de segunda categoría, y porque necesita un tiempo para ser apreciado debidamente. Eso forma parte del encanto de la comedia. Nadie diría que Supersalidos es alta comedia, pero lo es.

P.- El cine sin embargo siempre está expuesto al juicio del presente...
R.- La urgencia por ver cosas es algo de ahora. Las películas y las series no caducan, al menos las buenas. Hay una dimensión de este trabajo que es la inmediatez. Nos educan y nos insisten con que tu película tiene la vida de un fin de semana en taquilla, pero las películas duran para siempre. Creo que es inevitable tener en mente al público de ahora, pero otra parte de ti sabe que estás haciendo algo que en el mejor de los casos estará ahí siempre. Tengo un corto titulado Cambiar el mundo, con Carlos Areces, en el que juego con la posibilidades del multiverso. Es una idea que puede crecer y me gustaría desarrollar más adelante como una serie. Para evitarme acusaciones de plagio, con el corto puedo demostrar que la idea la tuve antes de Fringe.

P.- Usted fue muy activo contra la Ley Sinde...
R.- La polarización entre autores y público ha sido algo que ha utilizado la industria para dignificar una postura, porque siempre suena mejor decir que hay que luchar por los derechos de los autores, cuando por lo que se lucha es por el beneficio de los productores y distribuidores. Lo que han conseguido es desprestigiar la figura del autor, como si estuviéramos al otro lado del pasillo apuntando a los internautas que se descargan películas. Y no es así. Yo estoy tan en contra de la Ley Sinde que estoy totalmente en contra de las páginas web que han causado la creación de la Ley Sinde. Se puede condenar la violencia que ha generado el proceso de la Ley Sinde sin dejar de condenar las páginas que cuelgan un link a tu película al lado de un anuncio de "Alarga tu pene".

P.- ¿Cómo contempla la futura Ley de Mecenazgo?
R.- Creo que las leyes tienen posibilidades de llegar a buen puerto cuando se legislan a partir de un precedente, cuando ya existe una actividad que deba regularse. Que se cree una Ley de Mecenazgo no va a significar que las empresas de repente se pongan a financiar cine español, porque no ha ocurrido nunca antes y lo presumible es que siga sin ocurrir. En todo caso, no soy catastrofista al respecto.



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