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Julia Lezhneva, aleluya

La joven soprano rusa, la gran sensación operística de los últimos años, presenta esta tarde en el Palau de la Música de Valencia Alleluia, su primera grabación con Decca

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  • BENJAMÍN G. ROSADO | 11/04/2013 


    Julia Lezhneva. Foto: Uli Weber.

    La voz de Julia Lezhneva (Sajalin, 1989) es uno de los acontecimientos musicales de los últimos años. Lo dice Kiri Te Kanawa, que ofició su debut internacional en los Classical Brit de Londres hace tres años con una sobrecogedora interpretación de Fra il padre de Rossini, y lo suscriben Plácido Domingo, Marc Minkowski y Giovanni Antonini. Con el director milanés y los especialistas de Il Giardino Armonico viene la soprano rusa de grabar en L'Auditori de Barcelona su disco de debut con Decca, Alleluia, que presentan todos juntos esta tarde en el Palau de la Música de Valencia. Se trata de una selección de motetes de Vivaldi, Händel, Porpora (incluida la primera grabación mundial de In caelo stelle clare) y Mozart (como el conocidísimo Exsultate jubilate).

    Que Lezhneva ha nacido para cantar no es una frase hecha. Lo dijo el médico que atendió su parto en un hospital en la isla rusa de Sajalin hace 23 años. "Grité tan fuerte al nacer que casi me escurro de las manos del médico, que le dijo a mi madre que había dado a luz a una cantante de ópera". El tiempo le daría la razón, gracias entre otras cosas a la melómana confianza de sus padres, que no son músicos, aunque no recuerda un día sin música en casa. "Procedo de una familia de geofísicos, pero el que menos toca el piano o canta arias de ópera", cuenta a El Cultural. "No son unos virtuosos, pero enseguida se dieron cuenta de que tenía un don especial". Apercibidos de su talento, la sacaron del coro a los 11 años y la apuntaron a clases de piano en Moscú. "Mi voz cambió de repente, así que durante un tiempo aprendí el arte del canto a través de las teclas del piano. Todos sabían que no iba para pianista, pero invertí seis años encerrada tratando de canalizar mi hiperactividad y de encontrar mi voz".

    La encontró su madre una mañana, mientras repasaba en la ducha un surtido variado de arias de ópera. "No lo podía creer. Pensaba que me había llevado la radio al cuarto de baño y que trataba de engañarla", recuerda. A partir de entonces, su nombre empezó a sonar entre los jurados de importantes concursos de canto, como el que organiza la legendaria mezzo rusa Elena Obraztsova, que enseguida le auguró un futuro rossiniano. "Siempre digo que la suerte es de quien se la trabaja. En aquella ocasión no gané, pero sí la siguiente. Y un año después ya tenía una invitación para cantar en el Festival de Pésaro", donde interpretó con 18 años el Stabat Mater de Rossini y participó en la gala inaugural con Juan Diego Flórez. "Que fue todo un caballero y me recibió entre algodones".



    En este tiempo Lezhneva ha perfeccionado la técnica en la Academia Internacional de la Voz de Cardiff, con Dennis O'Neill, y profundizado en el repertorio barroco de la mano de Fabio Biondi, Diego Fasolis y Jean-Christophe Spinosi, aunque su gran valedor ha sido Marc Minkowski, que la invitó a grabar una memorable Misa en si menor de Bach para Naïve y le abrió las puertas del Festival de Salzburgo, donde compartió escenario con Plácido Domingo en Tamerlano, y La Monnaie de Bruselas, donde debutó el papel de Urbain en Les Huguenots en la producción dirigida por Olivier Py. "Un porcentaje importantísimo de lo que soy se lo debo a Marc, que a pesar de tener interés en darme a conocer internacionalmente nunca me ha metido prisa ni ha tratado de presionarme para hacer ningún proyecto. Ni siquiera cuando dudé si hacer o no el Tamerlano. Al final me atreví, y me alegró de haber asumido ese reto y de haber compartido esa experiencia con Plácido Domingo".

    El repertorio ruso forma parte de su ADN musical, pero su prioridad son los períodos barroco y clásico europeos. "Me conozco de memoria el repertorio de mi país, pero creo que no es el más adecuado para mi voz en estos momentos. Necesito acumular experiencias, necesito cumplir años y curtirme un poco en los escenarios". Al calor de René Jacobs o sir Roger Norrington, que la dirigirán a lo largo de esta temporada.

    Reconoce Lezhneva que la idea original de Alleluia fue Exsultate Jubilate y otras obras de Mozart. "Pero después de haber explorado motetes religiosos con Giovanni Antonini, me quedé completamente prendada de la idea de hacer un motete de cuatro de los grandes compositores que abarcan todo el siglo XVIII y mostrar así el desarrollo estilístico de este género: Vivaldi y Händel, del barroco, enlazados con Mozart por medio de Porpora", que funciona como un compositor puente. "Lo más característico de su estilo galante es que la voz no trata de imitar a ningún instrumento". Lezhneva abarca en las 18 pistas del disco un amplio espectro, técnico y emocional, que dan cuenta de la complejidad interpretativa de los motetes, también conocidos como conciertos para voz. "Hasta el punto de que cada nota lleva asociado un sentimiento".



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