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Tzvetan Todorov

"Los indignados se atrevieron a decir que el rey está desnudo pero no saben cómo vestirlo"

El sociólogo francés vuelve a España para presentar su último libro, Los enemigos íntimos de la democracia, que son en su opinión el mesianismo, el ultraliberalismo y el populismo


ALBERTO OJEDA | 11/05/2012 


Tzvetan Todorov. Foto: Giulia Panattoni

Tzvetan Todorov se toma muy en serio su trabajo. Hay preguntas que tarda en responderlas un cuarto de hora (la grabadora da cuenta del dato). Son pequeñas tesis que regala al periodista que le interpela. Esta mañana cálida, envuelta en el alisio africano, recibe aelcultural.es en la Fundación Juan March de Madrid. Un sonrisa amable y el pelo blanco orlándole su prominente cabeza (ahí caben muchos, muchos pensamientos). Ha venido a España (desde que recibió el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales de 2008 lo hace con frecuencia) para presentar su último libro, Los enemigos íntimos de la democracia, un ensayo en el que denuncia las tres amenazas más graves que a su juicio que afrontan las democracias occidentales.

La primera que identifica es el "mesianismo" que ha propiciado las intervenciones bélicas en suelos iraquí, afgano y libio. Todorov cree que Occidente está muy equivocado al pensar que puede implantar por vía de la imposición sistemas democráticos en lugares sin tradición en este modelo de gobierno. Libia ha sido el último ejemplo. Al pensador de origen búlgaro le dio mucha rabia el bombardeo del país magrebí, en el que su país de acogida tras escapar la ortodoxia comunista, Francia, se significó especialmente, espoleada por su impulsivo expresidente, Nicolas Sarkozy.

-Pero ¿no sirvió para salvar muchas vidas de inocentes? La toma de Bengasi era inminente y había un riesgo alto de que acabara en una cruenta represión.

-Es verdad que se salvaron vidas inocentes en Bengasi. Pero el ataque contra las tropas lealistas no propició un alto el fuego en el conflicto sino todo lo contrario: aceleró la guerra una guerra civil que, según estimaciones del Consejo Nacional de Transición, ha causado 30.000 muertes. Aunque hay otras fuentes que sitúan la cifra en 50.000. Y ahora, tras el linchamiento de Gadafi, lo que ha quedado son tres tribus dominantes y cientos de milicias descontraladas que campan a sus anchas por el país. Las onegés que reclamaban la intervención ahora denuncian las torturas en las cárceles.

-¿Entonces cree que, vista la experiencia, en Siria debemos quedarnos quietos? -En Siria se vive una situación mucho más compleja de la que describen los titulares de los medios de comunicación. Es cierto que un principio las revueltas podían englobarse en la 'primavera árabe'. Eran pacíficas y se protesta contra la arbitrariedad policial y reclamaban más democracia. Pero el conflicto ya no se ajusta a ese esquema. Lo que hay es un conflicto entre el eje chiita cercanos a Hezbola y el eje sunita, que concentra a Arabia Saudí, Qatar, los estados del golfo y el Magreb. Ahora los intereses de occidente coinciden con la ofensiva sunita, porque ambos quieren debilitar a Hezbolá y contener a Irán, para proteger así a Israel y los intereses occidentales en la zona. Pero si miramos con perspectiva, podemos darnos cuenta que los postulados de sunitas de países como Arabia Saudí son tan contrarios a los principios democráticos como los de Irán. Así que sería absurdo intervenir allí. Volveríamos a avivar otra guerra interna.

El segundo enemigo íntimo que más preocupa a Todorov es el "ultraliberalismo", que "pone a la política al servicio de la economía y puede acabar con el estado de bienestar". El sociólogo galo mira con cierta desconfianza a Angela Merkel y su obsesión por la austeridad. ¿Es ésta un enemigo íntimo de la democracia? "Esa apuesta por el ahorro y el recorte del defícit es una medida concreta. No en sí misma una enemiga de nuestra democracia. La que sí lo es la ideología ultraliberal que la inspira. De todas formas, esa austeridad puede ser acertada. Yo no estoy en contra por principio. Pero hay que analizar bien su impacto en la vida de las personas. Recortar el gasto público o reducirlo debe depender de una estrategia política". Lo que Todorov lamenta es que venga de entidades que carecen de una legitimidad democrática: los famosos mercados que nos tienen en un brete en los últimos años.

Contra su aparente omnímodo poder, una aberración en la teoría democrática, que propugna que todos los poderes deben tener sus contrapesos, Todorov alienta una 'primavera europea'. Le reconoce algunos méritos en este sentido al movimiento indignado pero también le opone algunos reproches. "Han tenido el valor de decir alto y claro que el rey está desnudo, el problema que no saben cómo vestirlo de nuevo". Él vuelve esta tarde a Francia. No estará aquí el 15 M. Pero si estuviera, y pudiese dirigirse a sus ideólogos, ¿qué consejo les daría?

-Bueno, yo no soy un mago omnisciente que tiene soluciones bajo la chistera. Creo que deben hacer un diagnóstico más preciso de los problemas de nuestras democracias. Pero yo soy como ellos, otro indignado que no tiene claro el camino.

El tercer y último peligro tiene una vigencia muy cercana, tras las elecciones francesas y griegas, en las que la ultraderecha ha alcanzado sus mejores resultados en las últimas décadas. Son el populismo y la xenobia, espoleados por el miedo al extranjero y el nacionalismo excluyente. Todorov le quita hierro a lo sucedido en Francia: "Ahora han conseguido un 17% de los votos, pero ya habían obtenido un 16% en otras elecciones". No es una sorpresa para él este resultado. En Grecia sí que su éxito es inaudito. "Los griegos están en un momento muy difícil, sometidos a una doble presión, la que le llega de Europa, que les obliga a vivir en una mayor pobreza, y la de sus propios políticos, que trampearon las cuentas para entrar en la Unión Europea y han demostrado ser uno de los más corruptos del continente. Yo creo que no van a aceptar soluciones impuestas desde fuera, así que habría que pensar en la posibilidad de suspender temporalmente su pertenencia a la Unión Europea".

Son tres amenazas muy serias. Todorov no es especialmente optimista. La democracia que él defiende puede quedar reducida a un sucedáneo. No es una hipótesis descabellada. Pero aún mantiene alguna reserva de esperanzas: "Cuando miro a mi alrededor, todavía no veo autómatas que tragan con todo".



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