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Un manuscrito inédito muestra a un Góngora "simpático y guasón"

El texto es una testificación ante el Santo Oficio y ha sido hallado durante la preparación de la actual exposición monográfica de la Biblioteca Nacional



FERNANDO DÍAZ DE QUIJANO | 29/05/2012 


Detalle del manuscrito de Góngora hallado por Amelia de Paz.

“Aquél que tiene de escribir la llave”. Ése es Góngora para Cervantes. El poeta cordobés, respetado por sus coetáneos, imitado y venerado durante siglos en Europa y América, sigue vivo cuatro siglos y medio después de su nacimiento y su influencia no se limita al ámbito de las letras hispánicas. El eminente crítico neoyorquino Harold Bloom sentenció hace tres meses: “El gran poeta español es Góngora”.

Es muy complicado, pues, aprisionar el vasto universo gongorino entre unas cuantas paredes es muy complicado. Pero Acción Cultural Española se ha atrevido a hacerlo, con la colaboración con el Ayuntamiento y la Universidad de Córdoba. El resultado es Góngora: la estrella inextinguible. Magnitud estética y universo contemporáneo, la primera exposición dedicada por completo a la figura del poeta, que estará abierta al público hasta el 19 de agosto en la Biblioteca Nacional. La exposición cuenta con 200 piezas, entre las que hay manuscritos, libros, revistas, esculturas, cuadros, dibujos, grabados, cartas, partituras e incluso instrumentos musicales.

Un Góngora "guasón"

Pero lo más llamativo de la muestra no está entre los contenidos expuestos. Se trata de un descubrimiento hecho por la hispanista Amelia de Paz durante la preparación de la exposición: un texto autógrafo de Góngora desconocido hasta la fecha. El documento, encontrado en el Archivo Histórico Nacional de Córdoba, nos revela a un Góngora “simpático y guasón”, asegura la estudiosa, alejado del autor severo y serio al que estamos acostumbrados. No tan simpático debió parecerle al inquisidor de Córdoba, Alonso Jiménez de Reynoso, pues en el texto el poeta le acusa, con bastante retranca, de mantener relaciones sexuales con Doña María de Lara. Los últimos textos autógrafos de Góngora que se conocen fueron descubiertos en el siglo XIX, salvo un par de líneas añadidas a una carta que fueron reveladas por Dámaso Alonso en 1927, durante el tricentenario de su muerte. La acusación de Góngora al inquisidor consta de diez páginas y han sido editadas por Acción Cultural Española en versión facsímil, con transcripción de Amelia de Paz. A continuación reproducimos un fragmento:
"Ýtem, e oýdo deçir a Áluaro de Vargas, paje que fue del dicho ynquisidor, como la dicha doña María era su amiga y entraba y salía en su casa muy de hordinario, y la tenía veinte y treinta días en un aposento alto que llaman de la Torre, donde la entraban por una escalera falsa que está en la principal, que sube a su quarto, y para tener correspondençia a su aposento hiço romper a costa del Rey la muralla de nueue pies en ancho, y el dicho Vargas la bio abrir y trabajar en ella como agora se puede ber por vista de ojos; y que quando el dicho ynquisidor dormía con la susodicha doña María lo echaba él de ver en quatro y seis camisas que había él mudado la noche y estaban tendidas a la mañana en el terrado para enjugallas del sudor, donde hallaba en las delanteras de las dichas camisas las inmundiçias y suçiedades hordinarias de semejantes actos, como lo dirá el dicho Áluaro de Vargas".

Un recorido por la exposición

El primer bloque de la muestra dibuja el contexto del poeta. El comisario Joaquín Roses explica de qué fuentes bebía Góngora: “Destacan entre sus influencias tres tradiciones: la latina -Ovidio, Virgilio-, la toscana -poesía petrarquista- y la castellana -Juan de Mena, Garcilaso de la Vega, Fernando de Herrera...-”. Destaca en este bloque de la exposición el célebre manuscrito Chacón, una “joya de la caligrafía” en tres volúmenes que imita la tipografía impresa y supone una recopilación cronológica y minuciosa de las obras del autor, algo muy raro para la época.

En la misma estancia se exhibe la efigie más conocida de Góngora: el retrato que un joven Velázquez le hizo en 1622, cuando el poeta contaba 61 años, procedente del Museo de Bellas Artes de Boston (se conservan otras dos copias en el Museo del Prado y el Lázaro Galdiano de Madrid).

El segundo bloque de la exposición muestra el éxito que tuvo Góngora entre sus contemporáneos, tanto en Europa como en América. En las vitrinas de esta sala se exponen ediciones de la obra del cordobés impresas en diversas ciudades, como Lisboa y Bruselas, y no pocos manuscritos e impresos que reflejan la “polémica gongorina”, que enfrentó durante muchos años a detractores y defensores del autor de Soledades a raíz de la profunda renovación estética que proponía su poesía.

Los mitos clásicos fueron un tema central en la poesía gongorina, entre los que destacan el de Píramo y Tisbe, el de Polifemo y Galatea, el de Angélica y Medoro y el de Ganimedes. El tercer bloque acerca al visitante a este rico imaginario a través de cuadros de autores como Gergorio Pagani, Piere Claude Gautherot y Claude-François Delorme, así como una estatua romana que representa el rapto de Ganimedes y data del siglo II. También la música, la caza y el ambiente bucólico fueron temas recurrentes de Góngora, que se ilustran con cuadros como la Escena pastoril del holandés Adriaen van de Velde o la colección de instrumentos de la época procedentes del Museo de la Música de Barcelona, entre los que se encuentran un archilaúd -lo más parecido a la tiorba, un instrumento muy citado por Góngora que constaba de dos mástiles-, una guitarra, un cistre y un salterio.

El último bloque de la exposición muestra la influencia de Góngora en el siglo XX, sobre todo en los miembros de la generación del 27, que resucitaron su poesía. Se muestran textos manuscritos muy importantes como La imagen poética de Góngora, de Lorca; Góngora y el Gongorismo, de Cernuda; o Soledad tercera, de Alberti, complementados por los retratos que Gregorio Prieto hizo de estos autores, un busto en bronce de Góngora, obra de Mateo Inurria, y obras como Tricuatropatas, de Luis Gordillo, y Las lágrimas de Narciso, de Guillermo Pérez Villalta. También se muestran los Veinte poemas de Góngora ilustrados por Picasso y primeras ediciones de autores latinoamericanos muy influidos por el poeta barroco, como Dámaso Alonso, Borges y Octavio Paz. Junto a ellos, una cita de Lezama Lima, otro gongorino americano: “Sólo lo difícil es estimulante”, una frase que resume el espíritu de Góngora, muy apropiada en un tiempo en el que “casi todo se hace de cualquier manera”, se lamenta el comisario.




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