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Vida por un tubo

La comunidad científica muestra reservas ante el nuevo hito de Craig Venter

 | 21/05/2010 


El genetista Craig Venter y el doctor Hamilton Smith en su laboratorio

Craig Venter, el líder de la todopoderosa Synthetic Genomics, ha vuelto a hacer de las suyas. Tras poner el primer hito con el Proyecto Genoma Humano, anuncia ahora una “célula sintética”, la que ya ha registrado con el nombre de “Mycoplasma micoides JCVI-syn1.0”. Sin ser artificial al cien por cien, el nombre del organismo resultante homenajea a la bacteria en la que se ha introducido el genoma artificial y, por supuesto, las iniciales del padrino de este gran hito. Puede hablarse de “creación” aunque no lo sea enteramente (el inicio del proceso fue informático pero el organismo receptor no lo es) y puede hablarse de hito aunque sólo sea por las puertas que abre en ámbitos como la biomedicina, la alimentación, la economía o el medio ambiente. Venter y su equipo, en el que no faltan premios Nobel como Hamilton Smith, vuelve a primera linea de la actualidad científica removiendo los cimientos de la investigación y de la ética. De lo pequeño, de lo microscópico, Venter vuelve a hacer historia. Su ambición ya ha dinamitado todos los horizontes. José Antonio López Guerrero, investigador del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa de la UAM, analiza el nuevo hito.

José Antonio López Guerrero
No puedo negar cierta animadversión hacia su explosiva forma de hacer ciencia. Desde que intentó hacerse dueño y patentar nuestros genes, con la empresa Celera, allá a principios del presente milenio -dentro del famoso Proyecto Genoma Humano- John Craig Venter, no ha parado de hacer declaraciones que rozan la vistosidad más propia de Hollywood que de la prensa científica ortodoxa sobre sus importantes y trascendentales experimentos. Sin embargo, y puesto que lo cortés no quita lo valiente, hay que admitir su desorbitada productividad en la cumbre de la biología molecular y genómica -quizá, también, debamos ser humildes el resto de investigadores y reconocer algo de envidia, sana o no-.

El último logro, en este sentido, que ya ha saltado a la prensa de todo el mundo, ha consistido en la elaboración de una bacteria con ADN sintetizado químicamente “a la carta”. No obstante, y como bien señala el Premio Nobel David Baltimore en The New York Times, en esta ocasión Craig no ha creado un hito. “En mi opinión, Craig muestra, de algún modo, un exceso de confianza sobre la importancia de esto” manifestó el genio genetista desde su laboratorio Braun, en el campus de Caltech (California). De lo que no cabe la menor duda es que el potencial técnico del Instituto J. Craig Venter -cómo se iba a llamar, si no...- supera cualquier otra tecnología actual en secuenciación y biología molecular. Pero, si buscamos puntos de inflexión conceptual recientes en este campo, atrasemos los relojes unos años:

En 2002, el grupo de Eckard Wimmer consiguió sintetizar químicamente los 7.500 nucleótidos del genoma del virus de la polio. Fue un verdadero hito; crear un agente infeccioso partiendo de su secuencia presente en un ordenador. Este clon sintetizado de novo, al transferirlo a una célula susceptible, ésta producía partículas virales normales y capaces de continuar con la infección de otras células -con todo lo que esto conlleva para los programas de vacunación y la posible decisión de la OMS de abandonarlo en un futuro próximo- Sin embargo, los virus no son estrictamente seres vivos...

Ahora, ocho años después, el grupo de Venter publica un nuevo trabajo en Science con Daniel Gibson como primer firmante, donde nos muestra la síntesis completa, en fragmentos -casetes- de unos 1.000 nucleótidos con varias decenas para solapar unos con otros, del genoma de la bacteria Mycoplasma mycoides. Esta construcción, al ser transferida a otra bacteria del mismo género, Mycoplasma capricolum, se hacía con el dominio metabólico y de expresión génica de su huésped transformándose, el receptor, en la bacteria transferida. Es decir, M. capricolum se convertía, por este truco de magia, en M. mycoides.

Sin embargo, tal y como sugería Baltimore, no es, conceptualmente, nada novedoso. Ni siquiera es la primera vez que este grupo consigue resultados parecidos. Previamente -hace un par de años-, ya hicieron lo propio con la especie Mycoplasma genitalium, otro miembro del mismo género pero con un genoma mucho más pequeño. Incluso, manteniendo a los mismos protagonistas, ya habían demostrado la invasión de un genoma bacteriano sobre otra célula aunque, en aquella ocasión, el ADN no había sido sintetizado de novo tal y como se ha conseguido en el actual trabajo.

El proyecto que se acaba de presentar ha costado más de 40 millones de dólares -algo que difícilmente está al alcance de muchos- y pretende ser el principio de una serie de experimentos encaminados a la obtención de seres vivos a la carta con capacidad de producir compuestos de interés, como vacunas, biofuel o, ya puestos, poder ser utilizados en biorremediación; algo que, también según otros científicos, tampoco es nuevo, puesto que ya se está ensayando en distintos sistemas -tanto en bacterias, hongos o algas mediante técnicas de recombinación tradicionales-. No obstante, y para ser sinceros, sí es cierto que de perfeccionar y abaratar la producción de organismos ad hoc, se abriría un nuevo horizonte en la obtención de seres vivos “al gusto del cliente”, para lo bueno y, como con cualquier revolución tecnológica, para lo no tan bueno -sin que este aspecto deba frenar el avance de la ciencia, como ya comentara “el diablo de las matemáticas” y Premio Príncipe de Asturias, Hans Magnus Enzensberger.

Como conclusión, querría terminar diciendo que la ciencia -y los científicos- debemos alegrarnos de estos importantísimos trabajos aunque, lógicamente, sin perder la perspectiva de su verdadero alcance y novedad.



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