publicidad
El Cultural
Jueves, 30 de octubre de 2014 | Actualización continua
El Cultural
  Búsqueda avanzada
Arte  Pintura

Ángeles Santos

"Nunca creí que fuera un genio"

Tiene los ojos azulísimos Ángeles Santos, “sí, pero muy pequeños”, replica ella, casi con rubor, como quitándole importancia a tanto color dentro de las pupilas. Tiene ochenta y siete años y mucho, mucho vivido. Aunque ella se haga la olvidadiza y pierda, por segundos, la noción de los años. Es una de las pocas, poquísimas mujeres que han escrito la historia de la pintura en España. De una niña-pintora a la que se le vio el genio, temprano, temprano. Dentro de unos días, el 9 de febrero, la Fundación Mapfre inaugura “Fuera de orden. Mujeres en la vanguardia española” que reúne a María Blanchard, Maruja Mallo, Norah Borges, Olga Sacharoff, Remedios Varo y Ángeles Santos. Ella, la única que vive, habla de ellas, de sus primeras telas, de los versos de Juan Ramón. Y dice que no entiende la pintura de manchas.


GEMA PAJARES | 31/01/1999 |  Edición impresa


Una caída absurda, tonta, la tiene postrada en una cama, en casa de su hijo, el pintor Julián Grau Santos. Vive, temporalmente, lejos de Madrid, rodeada de jardines, de plantas, de flores, de cielo, de un cielo que ve a través de una ventana grande. Cada mañana, como si fuera un ritual, pide el periódico y lo lee despacio. Ángeles Santos Torroella (Port Bou, Gerona, 1911) está dispuesta a contar desde el hoy la historia vivida hace muchos años ya.

Me pregunta rápidamente si he visto alguna vez sus cuadros, "son horribles", dice como excusándose. Yo solamente le explico que su Autorretrato es de esas pinturas que se le graba a uno en la retina. Nada más. Un retrato inusual para salir de los pinceles de una chica de diecisiete años. Es ella, con la ropa oscura, el fondo clareando, la mirada fija, clavando los ojos, hablando por ellos. Un lienzo que es una parte muy importante de nuestra pintura. La historia de esta mujer menuda, lucidísima, tiene su centro en Port Bou, Gerona, su tierra de nacimiento, un día 7 de noviembre de 1911. Ella pertenece al grupo de surrealistas catalanes que desarrollaron notablemente su pintura durante los años veinte de este siglo. "Recuerdo los años de niña -dice- muy felices. En casa, con mis hermanos. Yo era la mayor de ocho, imagínese. Siempre había algo que hacer, siempre, hasta que un día descubrí los pinceles y ya no los dejé. Son los años de Port Bou, de la Junquera. Con los abuelos en una casa bellísima, con un jardín..."

-¿Qué recuerda de Sevilla?
-Tengo recuerdos preciosos. Allí, en el Colegio de las Esclavas del Sagrado Corazón, pasé tres cursos. Adoraba el habla de las niñas andaluzas. Era todo precioso. ¡Cómo olía el jazmín! Comencé a pintar: primero, dibujos, unas láminas pequeñas; después acuarela, para acabar con unos óleos alargados. La superiora le recomendó a mi padre que me dedicara a la pintura y dejara las otras actividades. Fue después, en Valladolid, cuando empezó a darme clases de pintura un profesor italiano, Cellino Perrotti. Empecé a pintar tapices. Él me insistía mucho: 'De izquierda a derecha, me decía, y de arriba abajo'. Pintaba antes de ir al colegio, de 8 a 9 de la mañana. No corregía nada.

-¿Cómo eran sus visitas al Museo del Prado, con su padre?
-Iba con frecuencia. Y me impresionaba mucho, sobre todo, Velázquez (y se explaya hablando, aunque no esté en el Prado, del Retrato de Inocencio X que pudo ver en Roma, "uno de los mejores retratos que se hayan pintado nunca", dice), Rubens, Veronés, Tintoretto, Tiziano. Siempre me ha interesado todo lo italiano. Goya también. ¡Ah!, y Mantegna, Rafael Sanzio, La Anunciación de Fray Angelico y Boticelli. Siempre que venía a Madrid iba al Museo del Prado.

-Pintar fue siempre para usted una vocación...
-Mi vocación fue siempre la pintura. Siempre. Yo no sabía hacer otra cosa más que pintar y pintar, sin darme cuenta de que había vida a mi alrededor. Me aislé de todo y de todos. No vivía para mí. Pensé que se podía vivir sin nadie y me sentía como si fuese un espíritu. Fueron tiempos difíciles.

-Su primer cuadro, que es seleccionado para el Salón de Artistas Vallisoletanos en 1928, es La tía Marieta.
-Sí, un cuadro de interior, con una mujer cosiendo, que era mi tía. Fue mi primer cuadro del natural. Lo pinté rápido, porque siempre he pintado de un tirón. Pero como yo no era de allí no lo pudieron premiar. Lo pinté en verano, en el comedor de la casa de mis abuelos. Ese y un vaso de vino en una mesa. No lo hice con ninguna intención, pero sorprendió una barbaridad.

Atmósfera cerrada

-Sorprendió porque usted era una niña y jugaba con pinceles en vez de con muñecas.
-Bueno, yo nunca me he creído mucho lo que decían de mí. Pero decían muchas cosas, la mayoría de ellas buenas, aunque podía resultar extraño que una jovencita pintara lo que yo pintaba, tan oscuro, tan desasosegante, con una atmósfera tan cerrada, tan angustioso, a veces. Decían que era un genio, pero yo nunca me lo creí. Lorca, Cossío, Guillén, García Lesmes, que era clásico y tuvo una muerte muy desafortunada, Sinforiano del Toro..., los intelectuales de la época venían a mi casa para ver mis cuadros. Aunque también se le escapaba a alguno eso de "no es para tanto..." Lorca se quedaba perplejo delante de ellos. Me regaló el primer Romancero Gitano. Jorge Guillén también me regaló un libro de poemas. Y Ricardo Baroja, Gómez de la Serna. Mi pintura era atormentada.

-Usted era una asidua de las tertulias literarias.
-Tomaba parte en las de escritores y pintores, en Valladolid. Me vienen a la cabeza los nombres de Cristóbal Hall o José M. Luelmo.

-¿Qué tiene que pasar por la cabeza de una jovencita de 17 años para pintar Un mundo?
-Un día le dije a mi padre que sentía un enorme deseo de expresar todo lo que había visto en mi vida, ya ve usted, a esa edad... Yo entonces no era rara. Tenía muchas amigas. Fumábamos a escondidas. Digamos que éramos modernas. Después me volví muy extraña. Mi padre encargó una tela enorme a la casa Macarrón, que ocupaba toda la pared, una tela gigante para que el mundo cupiera. Para pintar Un mundo hice varios croquis previos, unos dibujos preliminares. A veces me despertaba en medio de la noche con una idea, me levantaba y dibujaba. Surgió solo. También pinté otros mundos. Se decía entonces que se iba a viajar a Marte y decidí incluir unos seres pequeños, con un armazón de alambre, sin orejas, sin pelo. También me influyó la poesía de Juan Ramón Jiménez, al que leía muchísimo: "... ánjeles malvas/apagaban las verdes estrellas./Una cinta tranquila/de suaves violetas/abrazaba amorosa/a la pálida tierra" (recita los versos con la voz suavísima, desde el ayer). Al mismo tiempo pinté "La tertulia", un cuadro que reúne a cuatro mujeres jóvenes. Lo pinté del natural. Salvo la figura que está abajo. Pensé que faltaba algo y la inventé. Era una mujer como de El Greco. (Y habla de las influencias, del surrealismo, del realismo mágico. Ella parecía ajena a todo, quizá porque nadie le había hablado de movimientos artísticos. Quizá porque era aún muy niña).

-¿Volvería a pintar el mundo, este mundo de hoy?
-Soy muy mayor ya.... Lo que me gustaría es pintar ángeles, pero para eso los tengo que ver primero. Son seres que no se ven, pero que deberían existir. Últimamente he pintado flores, jardines. Pero es muy flojito.

-Son diferentes. Los cuadros del principio eran más compactos, cerrados sobre sí mismos, más rotundos.
-En aquella época yo no existía. Mi vida era la pintura. No me acordaba de nada más. No me importaba nada más. Si casi no me acordaba ni de comer... Me daba todo igual.

-¿Cómo fue el encuentro con París? -Estupendo. Mi padre creyó que podría exponer en París. Pero eso era dificilísimo. Exponer en París y que te hicieran caso era vivir en París. Total, que llegué a la ciudad y me escapé por las calles. Sin dinero. Fui directamente al cementerio, a visitar la tumba de Lamartine, de Victor Hugo. Me parecían tan inalcanzables, tan extraordinarios, como almas espirituales. Allí nos trasladamos, muchos años después, cuando me casé con Emilio Grau Sala. A él le encantaba París. Con ese ambiente, con esa gente, con la bohemia de aquellos años. Pinté varias veces su estudio.

-1935 es un año importante. Conoce a Emilio Grau Sala.
-Le conocí en Barcelona, en una exposición en las galerías Syra. él tenía allí una exposición de abanicos. Nos conocimos, empezamos a salir y poco después nos casamos, en enero de 1936. Grau Sala pintaba unos cuadros muy alegres que no se parecían en nada a los míos. Entonces empecé a odiar a mis cuadros. Me di cuenta de que eran tan tristes. Ya no quise saber nada de ellos. Cambié completamente de manera de pintar. Grau Sala me cambió. Cambió mi vida en todo. (Y muy poco después, estallaba la guerra. Ángeles Santos y Emilio Grau Sala se marchan a Mazamet-sur-Larn. Tiempo después, la pintora regresa a Canfrac y se reúne con su familia, mientras que su marido se establece en París. "No escuché ni un solo tiro de la guerra", dice).

Desde la misma entrada

Le hablo de las otras pintoras que van a compartir cartel con ella, de esa media docena "fuera de orden", y echa en falta a Rosario de Velasco: "La conocí. Estuve en su casa en varias ocasiones. Tenía dos años más que yo. Cuando me casé y vinimos a Madrid me la presentaron. En Sitges también nos vimos. Tenía una casa de pescadores estupenda.

-Y a Norah Borges, ¿cómo la recuerda? Le pintó un retrato en el 36.
-Efectivamente. Sencilla, simpática, cariñosa, dulce. Estuve en su casa, en Madrid, con Guillermo de Torre. Una vivienda repleta de libros, desde la misma entrada. Me acuerdo de una foto muy curiosa, de Guillermo, tomada una noche que fue a cenar a casa de mi hermano, delante de un cuadro mío, La niña muerta. Conservo un cuadrito que me regaló de una Virgen de Buenos Aires, las postales, con el sufrimiento de los años de Perón en el poder.

-¿Qué tipo de pintura le interesa hoy?
-Me gusta la pintura que exprese una idea. No me interesan las manchas. No me dicen nada, ni los expresionistas americanos, ni la pintura alemana. No hay una idea ni un dibujo y por mucho que miro, no veo. Debe ser que me gusta mucho la realidad. Me gusta lo que se puede ver. Quiero tenerlo delante y verlo. Yo no soy moderna (dice riendo). Soy una mujer de principios de siglo.
Piensa (en voz alta) en el retrato que quiere pintar de su hijo, Julián; en la próxima visita al Prado; en su casa de Sitges, recién renovada; en todo el tiempo que le queda por vivir. Antes de marcharnos, Grau Santos le enseña un par de dibujos que acaba de terminar para EL CULTURAL, Kipling y Juan Luis Panero. ángeles los mira llena de orgullo.

Un largo viaje

Aunque el caso de ángeles Santos es un caso excepcional (autodidacta, solitaria, pasando de puntillas por la infancia) ella compartió su aventura con otras compañeras de viaje. No hubo unión fuerte, no formaron grupo como tal estas seis mujeres, sino que formaron parte del mismo grupo, del grupo grande de la vanguardia, del grupo efervescente de la cultura de principios de siglo. Compartían unas inquietudes similares y vivieron su aventura con el arte fuera de orden. Cada una a su manera.

Norah Borges (Buenos Aires, 1906-1998) fue quien estuvo más cerca de ángeles Santos. Comenzó a estudiar pintura en la Escuela de Bellas Artes de Ginebra y a principios de los años veinte se traslada a España, concretamente sa Mallorca, de donde pasa a Sevilla. En esa ciudad se vincula al grupo de artistas vanguardistas sevillanos. Colabora en revistas como "Ultra", "Grecia", "Ronsel" o "Alfar". Es en Sevilla cuando entabla amistad con ángeles Santos. En 1927 conocerá a Guillermo de Torre y un año después contraerán matrimonio. En 1937 participará en la Exposición de Arte Español Contemporáneo, celebrada en el Jeu de Paume de París. La aventura de Norah Borges no se detuvo, siempre vinculada a los círculos culturales de la época y aunque se sabe que escribió poesía, terminó por romper las carpetas porque, según declaró "ya había demasiados poetas en la familia". Murió a los noventa y un años.

Casi tan longeva fue Maruja Mallo (Vivero, Lugo, 1902-Madrid, 1995), quizá de todas las nombradas, la que más se vinculó con la experiencia surrealista. Dos curiosidades: como Ángeles Santos, su padre pertenecía al Cuerpo de Aduanas, lo que permitió viajar y conocer ciudades desde su infancia y tuvo, como aquélla, un profesor particular de dibujo. Ya en Madrid, en 1922, la familia se traslada a Madrid y Maruja, junto con su hermano Cristino comienzan a Estudiar Bellas Artes en la Escuela de San Fernando, lo que le permitirá entrar en contacto con María Zambrano, Gregorio Prieto, Dalí o Buñuel. En 1927 forma parte de la Primera Escuela de Vallecas, junto con Palencia y Alberto Sánchez. Un año después se celebra su primera individual, en los salones de la "Revista de Occidente", que constituye un gran éxito. Una beca de ampliación de estudios, a principios de los treinta, pondrá París a su alcance. Allí entra en relación con los surrealistas. Después vendrá el exilio a Buenos Aires y los grandes decorados.

En 1993, el Centro Gallego de Arte Contemporáneo, en Santiago de Compostela abre sus puertas con una antológica dedicada a su obra.

La vida más dolorosa
María Blanchard (Santander, 1881-París, 1932) es la de vida más breve y dolorosa. Sin embargo, sus problemas físicos no le impedirán desarrollar todo su talento artístico, primero en Madrid y posteriormente en París, donde frecuenta la amistad de Diego Rivera, Lipchitz o Juan Gris, que se convertiría en uno de sus grandes apoyos y gracias al cual se integrará progresivamente en el cubismo. Participará en 1914 en la exposición "Pintores íntegros", organizada por Gómez de la Serna. Su pintura se irá decantando hacia la figura humana, en espacios oscuros y sola.

Olga Sacharoff (Tiblisi, Georgia, 1879-Barcelona, 1967) es una de las artistas europeas que se refugiará en Barcelona (donde expondrá por primera vez en 1922, en las Galerías Laietanas), junto con su marido, Otto Lloyd. Se dejará influir por las corrientes europeas de vanguardia de principios de siglo, de las que participa y que irá depurando hasta llegar a un estilo de figuración esquemática. Por el contrario, Remedios Varo (Anglès, Gerona, 1908-México, DF, 1965) nace en España, pero irá a acabar sus días lejos de aquí. En Madrid estudiará en la Academia de Bellas Artes de San Fernando. Marcará un hito en su carrera su participación en la Exposición Logicofobista, en 1936.





Imprimir Enviar a un amigo Compartir en Facebook Compartir en Twitter Compartir en Meneame



publicidad

Esta semana en ARTE
Exposiciones
Lo experimental, en síntesis - Escritura experimental en España, 1963-1983
Drones, el terror de lo invisible - Dornes, vigilancia de masas y guerras invisibles
Juanli Carrión, fabular el paisaje - Onstage: Monuments of Melancholy
#FollowFriday
publicidad

La exactitud: Finalistas

El concurso de microrrelatos conducido
por Juan Aparicio Belmonte
y patrocinado por Ámbito Cultural

publicidad

publicidad

publicidad

Uso de cookies

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia de navegación, y nuestros servicios al usuario. Al continuar con la navegación entendemos que se acepta nuestra política de cookies.