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Antoni Tàpies

"Sólo aspiro a que mi trabajo sea útil"

En vísperas de su 85 cumpleaños, vuelve Antoni Tàpies a Madrid con su obra última: dieciséis pinturas que pueden verse desde ayer en la galería Soledad Lorenzo. En plena forma intelectual, el artista ha hablado desde la complicidad con el crítico Daniel Giralt-Miracle de filosofía y ciencia, de Duchamp y de su nuevo proyecto en Nueva York. Una conversación que dibuja otras cartografías para conocer al artista


DANIEL GIRALT-MIRACLE | 04/12/2008 |  Edición impresa


Antoni Tàpies. Foto: Santi Cogolludo

Uno de los rituales que más me gusta cumplir es cruzar un recoleto pasaje que une la avenida en la que tengo mi estudio con la calle en la que vive Antoni Tàpies, para visitarlo y disfrutar de su compañía, para charlar con él de lo divino y lo humano, para aprender un sinfín de cosas que sólo los maestros saben. Siempre he admirado la casa que en 1960 le construyó Juan Antonio Coderch (Barcelona, 1913 - 1984), el renovador de la arquitectura catalana moderna, quien en un solar entre medianeras, de sólo 8 metros de anchura, proyectó un edificio fácilmente identificable por estar realizado con ladrillo manual y tener cerramientos de persiana de librillo. Esta casa-estudio está basada en la articulación de espacios, de manera que la vivienda, el estar, el taller y la biblioteca forman un ámbito vital que facilita la introspección y en el que Tàpies, junto a su inseparable Teresa, vive y trabaja casi de forma monacal.

En esta ocasión el motivo de mi visita es felicitarlo por el 85 aniversario que celebrará el próximo sábado y hablar con él sobre las distintas exposiciones que tiene proyectadas para este año, especialmente la que inauguró ayer en la Galería Soledad Lorenzo cumpliendo así su compromiso anual con la ciudad de Madrid.

-¡Felicidades, Antoni!
-¡Muchas gracias, amigo!

-últimamente has manifestado que los años no pasan en balde y que has tenido algunas limitaciones a causa de algunos achaques físicos: la vista, el oído, el corazón, al que desde este verano acompaña un marcapasos... pero ante la obra que has expuesto recientemente en Barcelona, la que ahora presentas en Madrid y la que acabas de mostrarme en tu taller, producida durante este verano en tu estudio de Campins, en la sierra del Montseny, no puedo percibir ninguna disminución en tu potencial creativo. Diría más, hay un Tàpies más seguro, introspectivo...
-Posiblemente tengas razón. Las dificultades físicas que han ido apareciendo me han obligado a concentrarme más en mí mismo y a explorar más mi mundo interior, y de ello me he dado cuenta precisamente este verano, a causa de los problemas que he tenido con el corazón. Además creo que las sabidurías asiáticas, como el budismo, por las que ya sabes que tengo especial predilección, me han ayudado a tener una visión más profunda del mundo, más cercana a la verdadera realidad. A veces pienso que hoy se vive más pendiente de necesidades mecánicas que de las cosas realmente esenciales.

Pequeño catálogo de filosofías


-Para mí has sido siempre más que un artista, capaz de hacer pinturas, grabados, dibujos, esculturas, murales... También eres un pensador, un filósofo que reflexiona a través de la cultura visual. Tú mismo te autodefinías como “pequeño filósofo que medita sobre la existencia”. ¿Te atreves a afirmar que el trasfondo de tu obra es filosófico?
-Quizá no exclusivamente, pero el hecho es que yo nunca he separado estas disciplinas, el arte y la filosofía, tal vez por la influencia que han ejercido en mí las filosofías orientales que no excluyen nada, que entienden la existencia y el mundo como una globalidad.

-A lo largo de la vida, ¿qué filósofos te han influido más?
-Sin duda, los que me interesaron primero fueron los presocráticos.Más tarde, y ya entre los filósofos contemporáneos, me sentí atraído por los existencialistas, particularmente por Sartre y Heiddegger, pero los tiempos han cambiado y hoy creo que lo que es fundamental es el pensamiento científico, porque la ciencia ha hecho unas aportaciones que, en mi modesta opinión, considero definitivas. Un autor que me gusta es Fritjof Capra, porque ha sabido resumir muy bien los vínculos entre la ciencia moderna y el taoísmo o el zen, lo que para mí resulta fascinante.

-Es asombroso además que Capra, este científico autor del libros tan relevantes como El tao de la física o La ciencia de Leonardo, manifestara su deseo de conocerte cuando hace unas semanas pronunció una conferencia en Barcelona, atraído por tu obra y tu pensamiento.
-Sí, quería saludarme y vino a verme. Fue muy enriquecedor y gratificante para mí. Estuvimos charlando, le pude explicar que soy un devoto lector de sus libros y en su conversación constaté de nuevo que ciencia, arte, pensamiento, místicas... confluyen.

“Uno y múltiple”

-Hablemos un poco de tu pintura. Anna Agustí, la persona a la que has confiado el catálogo razonado de tu obra, me certifica que ya tiene fichadas más de 8.300 obras tuyas. Son muchas obras y muy diversas y, sin embargo, todas llevan la huella de Antoni Tàpies. Como muy bien te definió Manuel Guerrero eres “uno y múltiple”, eres creador de un universo plástico y de una escritura inconfundible, sin caer en el manierismo. ¿Cómo lo haces?
-No lo sé. Soy muy intuitivo. Cuando me pongo a trabajar entro en el estudio sin saber qué haré, sin ningún plan predeterminado. Empiezo a preparar la tela, a remover colores, a elegir materiales... y poco a poco van surgiendo ideas, que se concretan en un dibujo, un cuadro, una escultura...

-Por lo tanto, ¿juegas con el azar?
-Sí. Me gusta jugar con el azar, porque me permite, por un lado, ver cómo las cosas se van modificando y, por el otro, explicarlas de otra manera. Por esto las reglas del arte académico no me interesan.

-Dices que no preparas nada, que te pones a trabajar sin ideas preconcebidas, pero en cambio haces apuntes previos de tus cuadros, breves anotaciones, muy sinópticas del signo y de los colores que piensas aplicar. ¿Es una manera de cazar imágenes o conceptos?
-Podríamos llamarlo así. Hace muchos años que decidí que cuando tuviera un pensamiento o una visión de algo que me interesara lo anotaría en una hoja de papel, porque me había ocurrido el hecho de tener una idea que consideraba sugestiva y cuando iba al estudio olvidaba lo que tanto me había impactado. Por lo tanto, sí, es una manera de trabajar, intento atrapar aquello que me interesa y después puedo desarrollarlo en un cuadro o no.

-En todo caso, ¿te gusta sorprender al espectador?
-Claro, faltaría más! De ahí que aun usando siempre un mismo repertorio sígnico y simbólico intente evitar la reiteración. De todas maneras, en el fondo creo que esto es lo que debería hacer todo artista.

-En tus cuadros aparecen muchos objetos cotidianos. Lo que para algunos son desechos parece que para tí son estímulos. ¿Es así?
-Es verdad. Muchas veces he integrado en mi obra materiales y elementos que otros podrían calificar como trastos, pero es que en ellos descubro un interés plástico que creo que enriquece mi obra. Por ejemplo, si pienso en dibujar un calcetín... pues ya no lo dibujo, sencillamente lo cojo y lo pego, pero esto se me acepta gracias a la labor que hicieron mis predecesores. Si no hubieran existido figuras como Duchamp, quizá yo no lo haría.

-Por otro lado, es curioso porque siempre recurres a elementos humildes, nunca empleas cosas ricas o haces “cuadros bonitos”, siempre empleas calcetines, camas, mantas, tazas, huesos… todo lo cotidiano, lo sencillo, nada de lujo. ¿Es una opción?
-Sí. Es una manera de mostrar respeto por la vida, y todo lo que configura nuestro mundo.

-Un sector de la crítica te califica como abstracto, muchos otros pensamos que eres un realista. ¿Tú como te defines?
-Yo no me defino. Simplemente procuro ir asimilando cosas nuevas, intento descubrir nuevos campos... porque en el fondo los maestros no te lo dan todo hecho, tú también debes elaborar un lenguaje propio. Más que a una calificación de mi obra a lo que aspiro es a que del mismo modo que yo he aprendido muchas cosas de Duchamp o Miró, mi trabajo pueda ser útil a los que me siguen generacionalmente.

-Observando tu obra descubro en ella tres elementos básicos que tú interrelacionas: el ser humano -su corporeidad-, los objetos -su fisicidad- y los signos -lo simbólico-. ¿Cómo funciona?
-¡Me preguntas una cosa tan difícil! ¡Es como si me pidieras que te explicara la vida!

-¡Caramba, Antoni! Me acabas de contestar. Tu obra es tu vida, intentas expresar la vida, tu manera de ver la vida. ¡Fantástico!
-¡Exacto!

Proyectos con NY al fondo

-A lo largo de tu trayectoria has escrito siete libros y muchos artículos. ¿Tienes la impresión de que te queda algo por decir sobre tu vida y tu concepto del arte?
-No, creo que ya no debo decir nada más. Ya soy mayor. Sin embargo estoy muy contento porque pensadores que yo valoro mucho, como Xavier Antich y Sam Abrams, están preparando dos libros a partir de mis escritos. El de Antich aparecerá seguramente en diciembre publicado por el Círculo de Lectores-Galaxia Gutenberg y se titulará En blanco y negro. Ensayos. Son casi 50 textos publicados entre 1955 y 2002 que ha seleccionado con acierto el mismo Antich. Me hace mucha ilusión. En cuanto al libro del bibliófilo que dirige Sam Abrams, y que editará Cuixart Goday SL con el título Tàpies escriu, recogerá una serie de fragmentos extraídos de mis libros. Lo espero con especial anhelo porque con él Abrams quiere reivindicar el valor que atribuye a mi obra literaria.

-Como te veo en plenitud de forma, antes de despedirme quiero que me cuentes cuáles son tus planes más inmediatos.
-Tengo una exposición de dibujos en la Galería Lelong de París, otra en Nueva York, como las que suelo hacer cada dos años, y una novedad, que me tiene muy contento y entusiasmado. No podía hablar de ella porque no estaba cerrada. Pero ahora ya sí. Me han pedido una exposición de obra de los años cincuenta y sesenta para la Dia Art Foundation de Nueva York, que se hará en febrero coproducida por el MNCARS. La prepara Manolo Borja.

-Tenéis muy buena química Manolo y tu. Dirigió tu fundación, articuló tu retrospectiva en el MACBA, ha preparado diversas exposiciones y libros de tu obra… ¿Crees que es tu mejor intérprete?
-No sé si es el mejor, pero sin duda es uno de los mejores. Es evidente que Manolo y yo tenemos buena química, aunque no siempre estamos de acuerdo. Pero es que las cosas no sólo funcionan por la categoría intelectual que se pueda tener, sino también por los sentimientos. Como la vida. Queremos mucho a Manolo, y él nos quiere a nosotros.

A mi pesar, debo poner punto final a esta entrevista. Nunca me cansaré de escuchar a Antoni Tàpies, lo que explica y cómo lo explica, y el marco en el que lo explica no es ajeno a este sentimiento. Esa casa repleta de las obras de arte que lo han acompañado a lo largo de su vida: Picasso, Miró, Paul Klee, Dubuffet, Kandinsky, Arp... pero también de máscaras de Nueva Caledonia, arte negro, arte japonés, mandalas... Un espacio incomparable al que espero volver pronto.




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