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Arte y espiritualidad en el cambio de milenio

El instante eterno

Espacio de Arte Contemporáneo de Castellón. Prim, s/n. Castellón. Hasta el 25 de Marzo

KOSME DE BARAÑANO | 07/02/2001 |  Edición impresa


La psiquiatría es una ciencia al servicio de la locura, que busca los bajos tonos que devuelve la flauta mágica o -en palabras de Goya- los sueños de la razón que pinta monstruos. En 1922, un psiquiatra de Heidelberg, con estudios de Historia del Arte, Hans Prinzhorn (1880-1933), publicó Bildnerei der Geisteskranken (La pintura de los enfermos mentales), un ensayo basado en el estudio de más de mil dibujos de pacientes. Este libro no sólo interesó a Sigmund Freud, que invitó a Viena a su autor, sino también a los historiadores del arte.
Esta colección, cuya última presentación pública se hizo en 1980 en Heidelberg, en la Biblioteca de la Universidad, es pacientemente custodiada desde 1971 por Ingeborg Nady. Se presentó en 1997 en el Musée de l’Art Brut de Lausana. El término art brut fue acuñado en 1945 por el pintor Jean Dubuffet para su colección de dibujos infantiles, de personas enajenadas y de fotografías de signos y escritos de las arenas saharianas donde vivió un par de años. El término no pretende ser descalificativo. Pretende resaltar la característica de intuitivo o primario, resultado de una relación directa con la naturaleza y los sentimientos primarios de la especie humana.

El MACBA acoge ahora esta colección que pertenece a la Facultad de Psiquiatría de Heidelberg, la ciudad en las orillas del Neckar, donde un sendero conserva el nombre de otro loco ilustre, el poeta Hülderlin. La historiadora Cathy de Zegher, del Drawing Center de Nueva York, ha seleccionado doscientos dibujos y libros realizados por pacientes, unos cincuenta artistas anónimos, que nos presentan la crónica visual de ese seismo que se produce entre su existencia interior y las exigencias normativas del entorno social y cultural. Es un acierto del MACBA presentar esta selección, en su día también catalogada por los nazis como “arte degenerado”, en cuanto referente de gran parte de la antropología estética actual.
La colección lleva el nombre de Prinzhorn, pero parece que fue Emil Kraepelin, director del Clínico de Heidelberg entre 1890 y 1903, el que primero formó una colección de dibujos de pacientes. Después de él, Karl Wilmann, director entre 1917 y 1933, y quien contrató a Prinzhorn, pretendió la creación de un Museo de Arte Patológico (Museum för Pathologische Kunst). Fue, sin embargo, Hans Prinzhorn quien se dedicaría por completo al estudio, tanto clínico como formal, de los trazos e imágenes creadas por los pacientes, imágenes que recogió entre 1890 y 1920. En 1907 había aparecido el libro L’art chez les fous, escrito por Marcel Réja, pseudónimo que escogió el psiquiatra Paul Meunier para publicar los dibujos de enfermos mentales en los sanatorios de París. Fue un libro de consulta de Paul Klee, de Max Ernst y, por supuesto, de miembros de Dada (hay una excelente edición actual con prólogo de Michel Thevoz, Viena, 1997).

La muestra expone la variedad de las formas de expresión de los enfermos mentales, tanto en el mundo de la línea como en el del color, en el mundo del collage diminuto o en el de los murales amplios. La selección y la presentación didáctica y documental permite asimismo que se haga una lectura de estas imágenes como obras estéticas por derecho propio, más que como simples sismografías de esquizofrenias o de otros terremotos anímicos. El llamado arte primitivo funciona como fermento y transforma lo personal y lo europeo, no sólo por la búsqueda de lo extranjero, sino por la radicalidad formal, libre de prejuicios y cánones de lo establecido. La exposición lleva por subtítulo Trazos sobre el bloc mágico, aludiendo a la terminología de Freud, der Wunderblock, a la forma de funcionar del sistema psíquico en la captación y procesamiento de las impresiones externas.

El dibujo como medio de expresión puro representa o formula asimismo una radiografía de la percepción individual. Por ello cuestiona y complica las teorías previas de la percepción, esto es, desarticula el contexto cultural, sano, donde se establece la mirada normal o no patológica. Aquí se difuminan esas coordenadas de arte primitivo, arte naïf, arte bruto, o como quiera que lo llamemos. La enfermedad psíquica que lleva a algunos a hundir en el caos al mundo exterior permite a veces mundo exterior permite a veces colocarse en un mundo interior que, sin embargo, conforma un universo de belleza remos este mismo año en el IVAM.




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