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Arte  Exposiciones

El efecto de la Rubell Collection

Pinturas de la Rubell Family Collection.

Sala de Arte Santander. Ciudad Financiera Grupo Santander. Boadilla del Monte. Madrid. Hasta el 17 de junio.

Impulsores de Miami como capital del arte contemporáneo, los Rubell muestran por primera vez una selección de su gran colección en España. El lugar elegido ha sido la exclusiva sala de arte de la Ciudad del Grupo Santander. Allí pueden disfrutarse sesenta y ocho pinturas de los artistas más relevantes de la Rubell Family Collection, entre los que se encuentran Andy Warhol, John Baldessari, Elizabeth Peyton, Hernan Bass, Takashi Murakami, Neo Rauch o Francesco Clemente.


ELENA VOZMEDIANO | 24/02/2012 |  Edición impresa


David Schnell: Balas, 2003

Hace casi veinte años, en 1993, Mera y Don Rubell, un ginecólogo que había heredado poco antes la fortuna de su hermano, el empresario Steve Rubell -copropietario de la mítica discoteca Studio 54-, se trasladaron desde Nueva York a Miami. Su presencia tuvo un pronto efecto en dos áreas de la ciudad. De un lado, se lanzaron al negocio hotelero que ya conocían a través de Steve y compraron tres de los establecimientos más característicos de los tiempos gloriosos de Miami, el Albion, el Greenview y el Beach House en Bal Harbour; los transformaron y consiguieron que South Beach recuperara poco a poco el esplendor Art Deco que el narcotráfico y la delincuencia le habían arrebatado. De otro, compraron un siniestro almacén de armas, droga y dinero decomisados por la policía en el depauperado distrito de Wynwood que convertirían en un museo para su colección, integrada hoy por más de 5.000 piezas, y se instalaron en la casa vecina. Unos años después, en 1999, Martin Z. Margulies, otro gran coleccionista de Miami -que inauguró ayer una selección de sus fotografías en la Fundación Foto Colectania-, adquirió otro almacén en el distrito; llegaron las galerías, los restaurantes, las tiendas... hoy se conoce como Wynwood “Arts” District. Con la creación de Art Basel Miami Beach, feria de la que los Rubell fueron impulsores, la ciudad se ha convertido en una de las capitales del arte a nivel internacional.

La colección ha tenido siempre una vocación pública y los préstamos e itinerancias son constantes. En los últimos tiempos, se han expuesto diversas selecciones en el Brooklyn Museum of Art, el Palm Springs Art Museum, el North Carolina Museum of Art y la Corcoran Gallery of Art en Washington. Hace unos meses, los Rubell compraron a este último museo, a precio de ganga, un colegio vecino adquirido para una frustrada ampliación. El director de la Corcoran ha declarado que ambas operaciones no están en absoluto relacionadas (¡ejem!). El plan es convertir el colegio en un combinado de museo y complejo residencial que financie su mantenimiento y completar, así, el efecto iniciado con la compra y remodelación de un hotel cercano, el Skyline, donde Mera organizó en octubre una feria de arte, (e)merge. La Fundación Banco Santander ha orquestado la primera presentación en Europa de esta colección, que es una de las más importantes -entre las particulares- de arte contemporáneo en el mundo. Con algunas características distintivas. Es una colección más de artistas que de piezas; lo que más les gusta a los Rubell es “descubrir” artistas jóvenes y acompañarlos a lo largo de sus carreras. Eso ha hecho que tengan obras importantes sin haber pagado por ellas los precios disparatados que los especuladores son capaces de satisfacer y que haya conjuntos representativos de artistas destacados de las últimas décadas en su colección.

Dado que ésta se inició en 1964, con un esfuerzo económico y una pasión que no han disminuido con el paso de los años y las diferentes circunstancias económicas de la pareja, han cubierto casi medio siglo de creación. En su espacio de Miami, que tuve ocasión de visitar hace pocos años, hacen montajes en los que van mostrando de forma rotatoria sus obras, en torno a algún eje vertebrador. Muchas de ellas se pueden ver en su web y la impresión que produce en conjunto la colección dista de la que se obtiene en Madrid. La decisión de traer sólo pinturas no refleja la multidisciplinariedad de la colección y la selección parece haberse puesto restricciones en cuanto a la inclusión de las obras más provocadoras, por las que los Rubell sienten debilidad. Sólo hay una concesión a la instalación, con la obra de Urs Fischer, y al vídeo, con las de William Kentridge, Jacco Olivier, Jennifer West y Hernan Bas, que se relacionan de una u otra manera con la pintura.

Los elegidos son, en cualquier caso, cuadros en su mayor parte estupendos que reflejan bien algunas de las tendencias recientes en la pintura. Muchos son de este siglo; hay unos cuantos de los años 90 y muy pocos de los 80. La pintura que gusta a los Rubell es fundamentalmente figurativa y con valores muy visuales. A pesar de que defienden que buscan obras que se relacionen con su tiempo, que expresen ideas y circunstancias, no se perciben grandes diferencias respecto a otras colecciones “de mercado”. Tampoco se aprecia ese buceo en los talleres de los más jóvenes, pues todos estos artistas están bien asentados y muchos están en las listas de los más codiciados... claro que supieron ver a tiempo que iba a ser así.

La relación con las pinturas del Museo del Prado que han querido establecer no es un argumento muy convincente pero sí pueden encontrarse algunas referencias interesantes a la pintura antigua en John Baldessari, Hernan Bas, Cecily Brown, Neo Rauch, Julian Schnabel, Luc Tuymans, Michaël Borremans... Son, además, excelentes las obras de Robert Colescott, Matthew Day Jackson, Adam McEwen y algunas de las de Wilhelm Sasnal. Y decepcionantes las concesiones a las modas, tipo Takashi Murakami o Yoshimoto Nara.




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