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Imágenes de la música

Proceso Sónico. MACBA. Plaza de los Ángeles, 1. Barcelona. Hasta el 30 de junio

JAUME VIDAL OLIVERAS | 08/05/2002 |  Edición impresa


Mike Kelly y Scanner: Esprits de Paris, 2002

Desde siempre ha existido una dicotomía entre el sonido/música y la imagen. Lo uno y lo otro han habitado compartimentos estancos. Sin embargo en las últimas décadas se constata una sensibilidad que los aproxima, que dialoga con estos dos universos... Este es el tema de la exposición que nos ocupa, Proceso sónico, que explora la confluencia entre el sonido y la imagen. Es difícil explicar las razones de esta interacción entre imagen y sonido. Pero uno de los factores -entre muchos otros- que favorecen una inquietud por la música y la imagen es la aparición de la denominada música electrónica identificada en sus orígenes con la cultura popular y la música bailable. Esta ha sido la opción -entre otras posibles- de la comisaria Christine Van Assche. Muy esquemáticamente, la denominada música electrónica es un sonido creado por ordenador (procesos secuenciales, ritmo, apropiación y manipulación de sonidos existentes...)... y, espontáneamente, parece como si esta música se asociara o se expandiera a una noción más amplia de cultura y acabara dialogando con la imagen u otros comportamientos sociales o culturales.

Con el tiempo, con o sin razón, la música electrónica acabará por asumir un aura de experimentación. Digamos de paso que existe toda una retórica a propósito de la música electrónica: que si el substrato y los orígenes son populares, que si supone nuevos modelos culturales, que si implica una desterritorialización de los puntos de referencia tradicionales... Es el mito de las nuevas tecnologías a las que, cual espejismo, se les atribuye el nacimiento de una nueva cultura.

Para el MACBA, Proceso sónico no es una exposición como cualquier otra, es una exposición vertebradora de su acción museística. Ya se sabe que esta institución desarrolla una reflexión crítica sobre lo que debe ser un museo y su función. Las nueve instalaciones que se presentan significan una reflexión de lo que es una obra de arte y replantean la noción de espacio para este tipo de creaciones. ¿Es museable la música o el sonido? ¿Qué condiciones exige? ¿De qué manera se articula el diálogo entre música e imagen? Proceso sónico, frontera entre imagen y sonido, amplía el concepto de exposición y obra de arte con propuestas muy espectaculares que obligan a reinventar el espacio expositivo y la noción de obra de arte. Pero hay más: a nadie escapa que este producto híbrido no es una obra única, que exige nuevos modelos de difusión, que implica una nueva relación con el público... Es decir que posee una naturaleza completamente diferente a la de la obra de arte tradicional; bien inmueble, este último, con una cotización y otros canales de difusión que todos conocemos. Proceso sónico es una opción política.

Naturalmente que previamente a la del MACBA se han organizado muchas y variadas exposiciones sobre esta temática. Pero el enfoque ha sido completamente distinto. Muchas de estas exposiciones han sido como si el museo hubiera abierto sus puertas sin más a la cultura de club o a la cultura popular; con ello el museo evidenciaba su sentimiento de inferioridad frente a una supuesta cultura viva, además de crear una especial confusión. Otras han sido una especie de repertorio de efectos especiales y “ruidosos”, aspecto empobrecedor de la aportación de este tipo de manifestaciones.

Pero existe otro elemento muy importante que diferencia a la muestra del MACBA: la dimensión metafísica a pesar de la variedad y altos y bajos del conjunto. Muy a grandes rasgos el debate sobre las nuevas tecnologías y su aplicación a la creación, o bien consiste en una elogio desmesurado y superficial -ya que parece que nos tienen que liberar de todo- o bien en una censura acérrima que califica este tipo de manifestaciones como algo superficial-comercial-publicitario-sin pensamiento, algo así como el detritus de una antigua civilización. Por el contrario, en la actual exposición, algunas de las obras como las de David Shea, Mike Kelly y Scanner, que hace referencia a la muerte, o la de Flow Motion son expresiones que aluden a lo sagrado. Estas obras no hacen desaparecer el contenido divino o religioso que pueden tener las imágenes o la música desde sus orígenes, al contrario representan una aproximación trascendente, son experiencias de lo profundo desde lo digital. ésta, nos parece, es la aportación de Proceso sónico.

Claro que existe diferencia, y además importante, entre un Malevich, por ejemplo, y cualquiera de las experiencias que se han citado. Un conocido artista nos comentaba hace tiempo que las nuevas tecnologías eran como una lupa que intensificaba o ampliaba los procedimientos tradicionales. No estamos seguros de ello. Cierto es que existe en estas obras mestizas entre la música y la imagen algo profundamente corporal, sensual y envolvente, pero no sabemos explicar con precisión lo que diferencia la actitud de estos creadores con aquellos otros. Ayer como hoy el arte responde a las mismas inquietudes: aproximaciones fragmentarias al misterio del universo.




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