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Jóvenes ruidosos buscan espacio

Circuitos y la Muestra de Arte Joven del Injuve reúnen en Madrid la última producción artística

El 19 de noviembre se inaugura la XIV edición de Circuitos, selección de artistas jóvenes de la Comunidad de Madrid. Dos días después se abrirá al público Dieciocho, la Muestra de Arte Joven que organiza el Injuve. Son dos exposiciones de muy diferente carácter que nos sirven, sin embargo, como excusa para tomar el pulso a la joven creación española.


ELENA VOZMEDIANO | 14/11/2002 |  Edición impresa


De izda. a dcha.: F. García, D. Vega, J. de la Jara, S. Hernández, A. Cabaleiro, L. Alonso, D. Hernández, L. Arjona, E. Sánchez Poxon. Sentados: P. Rubio, J. Quintanilla, A. Soler y E. Mañas. Foto: Mercedes Rodríg

Tienen a favor su peso numérico. Hay unos 12.000 matriculados en las Escuelas de Bellas Artes Españolas; muchos se dedicarán a otra cosa, pero sumen las promociones de los últimos años que están ahora dando sus primeros o segundos pasos. Aunque no es cuestión de hacer estadísticas, ¿cuántos artistas mayores de 40 ó 45 años puede haber en activo? El arte es mayoritariamente joven. Pero las salas de exposiciones y el mercado ignoran esa juventud. Urge una renovación y un cambio de actitudes. Los jóvenes quieren acción y participación, visibilidad, ruido. Naturalmente, el arte es una carrera de largo recorrido y no cabe esperar, con excepciones, grandes realizaciones desde el primer día. Pero sí se les puede dar un espacio que reconozca como tales esos proyectos más o menos primerizos de los que, aunque a los más inmovilistas les pongan los pelos de punta, incluso los más maduros pueden aprender mucho. Esos espacios existen pero no son suficientes: La Sala Amadís y el Centro de Arte Joven en Madrid, la Sala Montcada en Barcelona, la Zona Emergente en el CAAC de Sevilla, Arteleku y Hangar como centros con funciones más amplias... La agitación desborda el marco institucional y empiezan a surgir colectivos de artistas que organizan sus propias actividades, así como nuevos espacios alternativos. Por ejemplo, se acaba de inaugurar Arruinados, la tercera edición de Puntos de encuentro, comisariada por la Asociación RMS, donde los artistas Lara Almárcegui, Sergio Belinchón, Santiago Cirugeda, Adrià Julià, Cristina Lucas y Antonio de la Rosa intervienen un solar en ruinas de Lavapiés, en Madrid.

¿Hacia dónde camina el arte de los jóvenes? No hay una sola dirección, desde luego. Ni ha habido en los últimos años figuras aisladas que despunten sobremanera por encima del resto y sirvan de referencia, como ocurriera en los ochenta. Algunas de las actitudes con más adeptos son la intervención social, que utiliza a menudo medios de la publicidad o la acción callejera; la utilización de nuevas tecnologías y en especial la manipulación digital; la ocupación de los espacios artísticos y extraartísticos con obras que rebasan los marcos y que cuestionan la “Institución Arte”; la autobiografía, desde la egolatría al masoquismo y desde la crudeza al lirismo; la construcción de historias y realidades paralelas con diferentes objetivos; las cuestiones de género y otras situaciones de discriminación... Todas las disciplinas artísticas conviven y se mezclan, aunque pierden terreno la pintura o la escultura tradicional. La fotografía y los audiovisuales hacen furor, como lenguajes accesibles y por tanto eficaces. Y se expande, sin llegar a imponerse, una idea distinta del artista, que ya no es un genio ensimismado sino algo así como un productor de bienes culturales.

Estén atentos porque vivimos un momento excelente. Claro que en toda esta avalancha hay mucho de emulación, de ingenuidad, hasta de chapuza si quieren. No todo vale, y hay que escudriñar toda esta producción con mirada crítica. Pero cada año conocemos un buen número de artistas que derrochan creatividad. Si España no ocupa a nivel internacional un lugar destacado no es porque falten artistas. Simplemente no hay promoción, que se concentra ahora en costosas e interminables itinerancias de artistas en la sesentena. Pero ése es otro asunto.

La Muestra de Arte Joven y Circuitos son dos de las más eficientes plataformas de lanzamiento y, junto a otras citas como Generaciones de Caja Madrid, funcionan como escaparate ineludible para comprobar tendencias y descubrir talentos. Muchos artistas hoy bien situados han pasado por una u otra y esa presencia acelera al menos la penosa tarea de darse a conocer. El Injuve es seguramente el organismo más activo, pues no se limita a organizar exposiciones: produce las piezas y hace un seguimiento de los artistas, que pueden exponer después en la Sala Amadís o participar en proyectos colectivos. También es frecuente que el Centro de Arte Joven, donde se celebra Circuitos, repesque a alguno de los seleccionados, y ambas hacen lo posible para que las exposiciones itineren.

La mejor plataforma
La Muestra de Arte Joven es en esta edición, en mi opinión, una de las mejores de los últimos años. Jorge Díez, Juan Guardiola, Rosa Pera, Miren Jaio y Frederic Montornés escogieron 30 proyectos de los 300 presentados, que los dos últimos miembros del jurado redujeron a ocho, lo que permitirá un más desahogado montaje en el Círculo de Bellas Artes, y minimizará la confusión para el espectador que tuviera que confrontarse a una más amplia variedad de propuestas. Son estupendos los vídeos de Antón Cabaleiro, una divertida y borrosa observación de la cotidianidad, Paul Ekaitz, que se sirve a gran escala del velcro para hablar sobre las dificultades de las relaciones interpersonales y para dificultar los desplazamientos de los cuerpos en el espacio, y Cristina Gómez Barrio, que hace una romántica y literaria recreación de la vida de Frankenstein en el Polo Norte. La fotografía está representada por Lucía Arjona, con una serie de retratos con “atributos” ajenos y la pintura por Juan Francisco Casas, con sus Situaciones inquietantes, de técnica sorprendente y parentesco fotográfico. Juan López y Elena Genís dibujan en las paredes de las salas, el primero con cinta aislante y la segunda con escrituras diminutas que juegan con la verdad y la mentira. También utiliza la escritura Iván Pérez, con un gran luminoso que nos recuerda que todos estamos de alguna manera hipotecados.

Más numerosa, con doce seleccionados, pero menos interesante es esta entrega de Circuitos, con un jurado compuesto por Salvador Díaz, Diego Figari, Fernando Huici, Enrique Juncosa y María Molina León, y circunscrita al ámbito madrileño. Las propuestas son en general menos arriesgadas y menos atractivas. No sería justo criticar duramente a artistas de tan corta trayectoria y, especialmente, juzgando sus obras, como me veo obligada a hacer en esta ocasión, a partir de fotografías, pero algunas piezas parecen demasiado blandas o tópicas. Más vale pecar por exceso que por defecto. Destacan, no obstante, las “arqueologías” de Jaime de la Jara, los brutales grafismos de Fernando García o las peculiares vistas urbanas de Daniel Vega Borrego, a quienes acompañan en esta cita Loreto A., Secundino Hernández, Elvira Poxon, David Israel, David Hernández Cediel, Julián Quintanilla, Esther Mañas, Ana Soler y Paula Rubio Infante.




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