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Susy Gómez, cita en el IVAM

"Me aburre la cultura de subvenciones"

Mañana se inaugura en el Centro del Carmen, del IVAM, la primera gran exposición institucional en España de Susy Gómez. La artista, fille terrible del arte de los noventa, no sólo se ha consolidado como artista a tener muy en cuenta en España, sino que ya se ha lanzado a la escena internacional. En esta entrevista defiende su independencia artística, reclama profesionalidad por parte de todos los agentes implicados en el mundo artístico y se muestra aburrida y escéptica ante las políticas culturales y la transformación del arte en mero espectáculo.


JOSÉ LUIS CLEMENTE | 17/05/2000 |  Edición impresa


La primavera parece detenerse en el Centro del Carmen donde unos almendros plantados por Susy Gómez (Pollença, Mallorca 1965) colman de aromas plateados la sala gótica, en la que la artista se mueve como Alicia en el País de las Maravillas. Entre los árboles, al fondo, una manzana negra gigante refleja, misteriosa, sus brillos metálicos. A un lado y otro, fotografías de grandes dimensiones encubren gestos fragmentados. Y en las capillas, dibujos de textos no escritos, y un libro, en el que se relata el recorrido de las huellas de unas caricias ciegas que, a punto de ser corazones, desgranan Algunas cosas que llamaba mías, título de la exposición. Son “como restos de cosas, intenciones, deseos...”, señala, entusiasmada con el proyecto.

Proyecto que culmina una etapa fundamental en el crecimiento artístico de Susy Gómez que, desde su primera individual en 1993, se ha movido en la multiplicidad de propuestas (pintura, escultura, vídeo, fotografía, instalación) y en un registro simbólico y muy ligado a los sentimientos, la memoria y la identidad. Como ha dicho Enrique Juncosa, comisario de la exposición, sus comparecencias tienen siempre una “teatralidad arrogante y frágil”, “algo de escenario”. Sus piezas, de gran formato y que remiten a objetos e imágenes familiares (prendas de vestir, miembros corporales, mobiliario, cortinas, fragmentos de paisaje) se adueñan de los espacios
expositivos.

-¿En qué consiste la muestra que ha realizado para el IVAM?
-Algunas cosas que llamaba mías es una declaración de principios, de posiciones inicialmente vitales que acababan por encadenarse en la estructura artística. No hay en mi trabajo una búsqueda premeditada de estilo, es más bien una oscilación entre distintos modos y medios, con la voluntad de crear un espacio para la duda. Un paisaje no te indica cómo moverte por él, eso lo decides tú. Es como si se tratara del paisaje mental de un yo que se resiste a mostrarse del todo, si no es a través de la presencia del espectador. Quizá por eso, se ha dicho que mis exposiciones tienen algo de escenográficas. Entiendo la instalación como un dispositivo, como un punto de encuentro, donde el espectador se encuentra con lo que queda de una acción que ha ocurrido en el pasado y que toma forma en el momento presente. Algunas cosas que llamaba mías es, una vez más, la única manera que tengo de tender puentes hacia los demás.

Para que ocurran cosas

-¿Qué novedades presenta su última obra respecto a trabajos anteriores?
-Las novedades. ¡Claro que hay novedades! Las entiendo como aquellas noticias que uno aporta a una cita con un amigo. Pero no es lo esencial, lo esencial es encontrarse. Espero que mis obras se escapen de esas novedades que sacian momentáneamente las ansiedades de todas las citas que valen la pena. Me interesa que ocurran cosas entre tú y yo, entre el espectador y el artista.

-En su obra hay una serie de referencias, como la identidad femenina, el cuerpo, etcétera, que han acabado instaurándose como una tendencia de moda, incluso su presentación en fotografías de grandes dimensiones se ha establecido también como una garantía de éxito. ¿Cómo sitúa su trabajo respecto a este fenómeno?
-Mira, yo trabajo con lo que hay, a través de un cuerpo. Ahora estoy esperando un hijo. No me invento nada, -y se lleva las manos al vientre-. No es cuestión de moda. Es así, no lo puedo evitar.

En avanzado estado de gestación, Susy Gómez se muestra resplandeciente. Mueve y mueve los brazos que salen desparramados de su cuerpo redondeado, vestido de negro. No para. Extiende las piernas y posa sus largas manos sobre las rodillas, dejando ver sus prominentes zapatos de color piel. Mientras habla y habla, su voz, tranquila, canturrea prolongada por su acento mallorquín. Susy Gómez, fille terrible del arte de los noventa, recuerda cómo se fue gestando el proyecto expositivo, a la par que su embarazo.

-No le dije nada a Enrique Juncosa -confiesa con sonrisa maliciosa y mira alrededor como buscándolo- hasta que el embarazo fue evidente y la obra estaba más o menos acabada. No quería preocuparle.

Hacer magia con las manos

No resulta extraña esa estrategia de la ocultación para quien, valiéndose de sus propias manos, hace magia y agiganta las cosas más pequeñas. Así, mientras concebía en la intimidad lo que será su mejor obra, fue doblegando el hierro, martillo en mano, en Mallorca y tejiendo de bronce una tela roja, cuando no manoseaba corazones o engrandecía paisajes acuarelados. Hago un repaso rápido por su dilatado currículum, y le pregunto, de nuevo, por su exposición en el IVAM, su primera exposición individual en un museo en España, tras exponer su obra hace un año en Musée d"Art Contemporain de Niza.

-¿Es éste un signo de profesionalización artística? ¿Qué significa para usted esta exposición?
-Menos mal que hay exposiciones como la del IVAM que me animan a pensar en la profesionalización del arte. Aunque no me puedo quejar, porque siempre he trabajado con profesionales, y cuando no ha sido así, lo he evitado. Lo relevante es el arte, y no los problemas éticos, económicos en torno al arte. Lo que esta exposición supone para mí, seguramente, difiere muchísimo de lo que realmente vaya a significar para otros. Esta exposición ha supuesto llevar a término un proyecto que, sin el soporte del museo, no habría sido posible. Para mí ha sido un reto colaborar, por primera vez, con Enrique Juncosa, después de años de amistad.

-¿Piensa que los museos españoles prestan la suficiente atención a los artistas de su generación?
-El arte no necesita atención. El arte no es más que el reflejo de una sociedad. Ni más ni menos.

De repente, cuando pensaba que su respuesta iba a ser combativa, sus palabras paran en seco, y extiende las manos como diciendo “no hay más”. Desde que, a principios de los años noventa, irrumpiera en la escena artística española, su obra ha ido ocupando una posición cada vez más destacada, a fuerza de llevar a cabo un trabajo técnicamente impecable. Las galerías Luis Adelantado, Maior, Toni Tàpies-Edicions, Giorgio Persano y Soledad Lorenzo, así como la Fundación Miró (Espai 13) y el Centre of Contemporary Art Ileana Tounta de Atenas, son algunos de los espacios en los que se ha expuesto individualmente su obra, amén su presencia en las colectivas de relumbrón.

Profesionalidad en el arte

-¿Qué opina de la escena artística actual?
-Me aburre el proteccionismo, la cultura de subvenciones, la queja... y hablar de mercado cuando apenas lo hay, de tendencias, de generaciones emergentes... El arte parece una burbuja, pero no lo es. Es un ámbito de trabajo como cualquier otro. Por eso, cuando voy a un hospital y pido profesionalidad, también la pido en el arte. Lo que ocurre es que, en esto, pesan los números, y aún a pesar de que ciertas posiciones del arte han sido siempre elitistas, se piensa que todo consiste en que haya colas, como en un espectáculo. Y esto no siempre ocurre o no tiene por qué ser así.

-¿Qué artistas le interesan?
-Muchísimos, y ninguno en especial. Todos, por una y mil razones. Ninguno, porque cuando entras demasiado ya estás haciendo tu trabajo. Lo que me fascina es que cuando entras en contacto con obras muy potentes de cualquier época o estilo, me entra como un gusanillo de ir corriendo a contar mi versión. Estos momentos son únicos. Los museos nunca me han parecido mausoleos. Me inquietan. Las exposiciones de artistas contemporáneos me provocan, me resultan confusas y contradictorias, me interesa verlas y sentirme perdida en ellas, como cuando estoy en una de Monserrat Soto, Juan Uslé, Carles Congost, Damien Hirst, Louise Bourgois, Velázquez o Miguel ángel. Ya sé que parece un tópico, pero...

-¿Cree que los artistas españoles tienen la suficiente presencia en los circuitos internacionales?
-Si los estadounidenses a duras penas nos sitúan en el mapa, no es sólo por su ignorancia, es que no somos internacionales -y me mira aburrida-. Aún se copian modelos extranjeros, y además tarde y mal. En fin, somos un país muy inseguro. A ver si cambia nuestra suerte... No es fácil, están las relaciones de poder, y el poder mueve al arte. Deberíamos ser más autocríticos. A todos nos queda mucho por hacer, instituciones, galeristas, críticos, artistas.

Perspectivas de futuro

De nuevo, sus respuestas acaban cortadas de repente, aún cuando sus manos no han acabado el gesto. Entonces sonríe. Le pido su opinión sobre los últimos acontecimientos en los que se ha visto envuelto el IVAM. Hace una mueca y, tras un pequeño silencio, contesta contrariada:

-Estas cosas me deprimen... Creo que en el fondo son poco importantes. Me parece una pérdida de tiempo y energía, cuando hay tantas cosas por hacer.

Tratando de quitar gravedad al asunto, le pregunto por sus intereses en el arte, y entonces contesta con vehemencia:

-No me fío demasiado de lo que pienso. Así que... El arte no me interesa más que otra cosa, es sólo que no lo puedo evitar.

La obra de Susy Gómez se viene exponiendo en las galerías y en los espacios institucionales de mayor consideración, y ha estado presente, de forma notoria, en la última década en Arco. Sin embrago, se le considera como una fille terrible. Le pregunto a qué cree que se debe esta opinión, y contesta, con sonrisa malévola:

-No lo sé. Quizás, porque sencillamente lo soy.

Entre sus proyectos futuros, tras dar la bienvenida al bebé y descansar en su pequeño paraíso mallorquín, piensa disfrutar del estudio que ha establecido en Barcelona. Sin embrago, Susy Gómez no baja la guardia, y dirigiendo la mirada hacia la sala gótica, donde su exposición espera ya los primeros visitantes, advierte:

-Estoy abierta a proyectos interesantes...

“No somos internacionales. Aún se copian modelos extranjeros, y además tarde y mal. En fin, que somos un país muy inseguro. Deberíamos ser más autocríticos. Queda mucho por hacer”
“Pesan los números, y aún a pesar de que ciertas posiciones del arte han sido siempre elitistas, se piensa que todo consiste en que haya colas, como en un espectáculo”




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