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Los últimos hallazgos arqueológicos trastocan las ideas establecidas acerca del origen de la escritura

Un invento de pa ternidad dudosa

La escritura, uno de los hitos que marca el umbral del inicio de la civilización, tuvo su cuna en Sumeria, según sostiene la teoría más asentada. Sin embargo, recientes descubrimientos en Egipto y Pakistán amenazan derrumbar ese postulado. En su lugar, una hipótesis se abre paso: la del origen policéntrico de la escritura, según la cual habría aparecido más o menos simultáneamente a mediados del IV milenio antes de Cristo.


LUIS MIGUEL ARIZA | 30/05/1999 |  Edición impresa


Los más recientes hallazgos en torno al origen de la escritura están abriendo un fascinante debate. Las recientes excavaciones dirigidas por el arqueólogo Gönter Dreyer, del Instituto Arqueológico alemán en El Cairo, a sólo 482 kilómetros al sur de esta ciudad, han desenterrado un conjunto de tabletas de marfil, vasijas e impresiones de barro con jeroglíficos egipcios cuya antigöedad ha sido fechada por el método del carbono 14 entre 3.400 y 3.200 años antes de Cristo.
Los jeroglíficos constituyen un sistema de caracteres compuestos por imágenes. Pueden significar las imágenes, símbolos de ellas o de sonidos. Las tabletas de marfil descubiertas por Dreyer, de unos tres centímetros cuadrados, contienen entre uno y cuatro glifos, y fueron localizadas cerca de la tumba de un rey llamado Escorpión.

Origen simultáneo
El descubrimiento de Dreyer añade una interesante perspectiva al origen de la escritura. “Las primeras referencias escritas fueron realizadas por los sumerios en Mesopotamia y se remontan a 3.500 años antes de Cristo”, explica a El CULTURAL Jesús Luis Cunchillos, experto en semiótica del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).
“Los primeros intentos representan una escritura gráfica, un logograma, que es una imagen que trata de representar la idea”, añade.
Este tipo de representación derivaría hacia la escritura cuneiforme, plasmada en documentos muy antiguos hallados en la ciudad de Uruk, así denominada por escribirse sobre soportes más blandos como el barro, que dan a los signos una apariencia de cuñas o clavos. Al principio tales signos se escribían en columnas, siguiendo el orden de arriba hacia la base. Pero hacia el año 3000 a. C. se cambia de formato, y las inscripciones se escriben de izquierda a derecha.
Los hallazgos de Dreyer contradicen la teoría de la escritura como una “invención” única. “En mi opinión, la escritura aparece a la vez tanto en Egipto como en Mesopotamia”, indica Cunchillos. “El soporte más utilizado podría ser el barro, aunque los egipcios usaron el papiro de forma frecuente, un material que se ha conservado bien debido al clima seco de Egipto”.
Este doble origen resulta tanto más fascinante cuando se comprueba que ambas culturas no tuvieron contacto, aunque vivieran en la misma época. “Eran civilizaciones muy diversas, aunque habían alcanzado un grado de desarrollo similar”, añade el investigador del CSIC.
En este sentido, la escritura nace de una necesidad propia de una sociedad desarrollada. Pero, ¿de qué necesidad estamos hablando?
Para Cunchillos, encontrar una causa única es poco menos que imposible, aunque quizá el comercio pudo alimentar necesidad de disponer de un modo de cuantificar los objetos comercializados.
“Tampoco se pueden descartar otras posibles razones del desarrollo de la escritura, como la influencia religiosa, que se concentraba en los templos. En Mesopotamia, además, también se estaba comenzando a desarrollar el derecho”.
¿Se trató, pues, de un nacimiento simultáneo? Denise Schmandt-Besserat, arqueólogo de la Universidad de Texas en Austin, rastrea el pasado de este tipo de logogramas cuyo objetivo posiblemente fue el comercio. Existen dispositivos de arcilla que contaban útiles a vender o intercambiar entre las comunidades agrícolas primitivas. Según Schmandt-Besserat, la escritura en las tablillas de los sumerios deriva de contabilizar ganado, cereales, aceite o productos textiles, entre otros bienes.
Es interesante constatar las diferencias en cuanto a la aparición de la escritura en dos focos distintos; mientras que en Mesopotamia la escritura deriva gradualmente de un sistema de señales con claros fines comerciales, Egipto no muestra antecedentes a sus primeros jeroglíficos, por lo que parece lógico pensar que existió una conexión entre ambas civilizaciones, es decir, una influencia de Mesopotamia.
La conexión vendría sustentada por la similitud observada entre algunos jeroglíficos sumerios y egipcios. La falta de antecedentes egipcios en cuanto a la escritura hacen todavía más fuerte y sospechosa esa vinculación.
Por otra parte, los arqueólogos intentan ver algunas influencias sumerias en otros aspectos de la cultura egipcia, tanto en la arquitectura, el uso de cilindros herméticos, patrones decorativos que hacen referencia a animales de naturaleza fantástica. Esto pudo ocurrir hacia finales del siglo IV a. C. Al no apreciarse signos de influencia en sentido contrario, parece razonable pensar que el flujo de ideas discurrió en una sola dirección, de Mesopotamia a Egipto, y no al revés.
Los glifos de Dreyer están escritas sobre un material duro. La obtención del material (hueso, marfil, cerámica ) tampoco resultaba fácil, y al principio esas primeras formas de escritura no estaban extendidas; la propagación implicaría la elección de materiales más accesibles y blandos, como el barro.
Las tabletas de marfil de Dreyer indican tanto la cantidad como el origen geográfico de los artículos a que hace referencia, con los nombres de las instituciones y los lugares donde se intercambiaban.
“Estos registros proporcionan una valiosa información referente a la organización política y la distribución de recursos en el Egipto Superior Predinástico”, ha declarado Dreyer a la revista “Archaeology”.

Escritura fonética
El significado de tales símbolos aparece conectado a su uso de acuerdo al sonido de la idea que representan, después de traducir el 70 por ciento de las inscripciones encontradas. Es una escritura claramente fonética, ignorándose si esta ubicación en el tiempo podrá o no ser confirmada en el antiguo Egipto. Y mientras se discute si este foco dual de los primeros escritos estuvo o no conectado, un tercer y polémico hallazgo viene a complicar sobremanera la situación. El doctor Richard Meadow, director del Harappa Archaeological Project, ha encontrado fragmentos de cerámica en Pakistán con una edad de 5.500 años, que podrían constituir la evidencia de escritura más antigua hasta ahora desenterrada.
Meadow, un arqueólogo de la Universidad de Harvard, asegura que tales fragmentos están datados en torno a los años 3.300 y 3.200 antes de Cristo,una fecha un poco anterior a la escritura sumeria del año 3.100 antes de Cristo.
Los fragmentos de cerámica muestran dibujos parecidos a una planta y una forma de tridente, y fueron descubiertos en Harappa, donde la civilización del Indo floreció hace el año 2600 a. C, a partir de un asentamiento 900 años atrás.
“Se trata de una larga serie de signos o símbolos que no parecen algo meramente decorativo, sino que fueron hechos en relación al contenido de las vasijas. Muchos se remontan a unos 3.300 años antes de Cristo, y podemos seguir su evolución hasta los signos escritos característicos de la civilización de Indo”, asegura a EL CULTURAL Richard Meadow, que admite desconocer su significado.
¿Cuál es la postura de este experto ante la hipótesis de un posible triple origen de la escritura? “En Egipto, Mesopotamia y el Indo se desarrollaron diversos sistemas de escritura. Y estas zonas estuvieron en contacto en los tiempos antiguos, por lo que quizá se haya puesto de moda intentar averiguar cuál de todas ellas fue la primera en desarrollar este sistema de comunicación”.

Incógnita pendiente
Para Meadow, lo importante es averiguar cómo era esa sociedad que presumiblemente escribió tales signos. “La naturaleza social y política de la civilización del Indo es desconocida, ya que no se han descifrado los signos escritos”, indica.
Pero los datos arqueológicos resultan fascinantes. ¿Cuál es la imagen que queda de esta cultura? “Esta civilización construyó centros urbanos tan grandes como los hallados en el mundo antiguo, aunque esos centros no mostraron esa diferenciación social tan característica de civilizaciones como la egipcia, la mesopotámica o la china”, afirma Meadow.
No se trataba, por tanto, de una civilización constructora de grandes obras arquitectónicas, sino de gente pacífica que dejaba sus obras artísticas grabadas en piedra. No hay señales de distinciones sociales o separación de clases. En este sentido, según Meadow, se trata de una civilización completamente diferente a lo que los arqueólogos están acostumbrados a encontrar.
En definitiva, la razón última de la aparición de la escritura sigue siendo tema de debate entre especialistas. “Anteriormente se pensaba que había razones distintas tanto en Egipto, Mesopotamia, China o Mesoamérica”, dice Meadow.
“Pero ahora se tiende a pensar que quizá haya habido un motivo común, si bien no está claro, ya que en el contexto arqueológico sólo trabajamos con los objetos que han sobrevivido al paso del tiempo durante miles de años”, concluye.
El misterio, pues, continúa en pie.




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