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Ciencia  

Más impulso hacia la Luna

Nuevas misiones marcan los 40 años del Apolo XI

El próximo lunes se cumplen cuarenta años de uno de los máximos hitos del hombre: pisar la Luna. Desde entonces no han dejado de sucederse los hallazgos científicos. Anna Artigas, del Instituto de Estudios Espaciales de Cataluña (IEEC), analiza nuestro satélite a la luz de este aniversario.


ANNA ARTIGAS | 17/07/2009 |  Edición impresa


Imagen del Apolo XI con la tierra al fondo. Fuente: Nasa

La Luna es el único astro del firmamento al que el hombre ha sido capaz de llegar. Se cumplen 40 años de la mítica frase de Neil Armstrong: “Es un pequeño paso para un hombre pero un gran salto para la humanidad”. Se cumplen 40 años de aquella gran hazaña y todavía la humanidad no ha sido capaz de llegar a ningún otro planeta. De todas formas, a parte de la gran expectación pública que suscitó, el viaje resultó un gran hito científico. Se consiguió llevar tripulación de ida y vuelta a nuestro satélite y se obtuvieron muestras de suelo lunar. Estas muestras fueron estudiadas en laboratorios de todo el mundo con posterioridad, y de ellas pudo sacarse información que ayudara a esclarecer el origen de la Luna y también del nuestro. Existen varias teorías acerca de esta formación, pero la que parece responder al mayor número de preguntas es la teoría del gran impacto. Según ésta, en algún momento del pasado, un cuerpo celeste habría cruzado la trayectoria terrestre provocando una gran colisión, de la que sobrevivió la Tierra, aunque mermada, y se formó la Luna de los restos del impacto.

Ultimas tecnologías.
Pero ha llovido mucho desde la misión Apolo 11 y el hombre ha explorado mediante naves y telescopios de última generación el Sistema Solar entero. Hoy conocemos mucho mejor a los planetas gigantes que se encuentran tras el cinturón de asteroides, ellos, junto a sus lunas, han dado pie a grandes descubrimientos. También ha aumentado mucho nuestro conocimiento sobre los planetas rocosos y cercanos al Sol, pero aún ningún viajero ha sido capaz de ir más allá de nuestra querida Luna.

Hace ya mucho tiempo que se plantea la posible llegada a la estación roja de Marte, pero la comunidad científica la ve todavía lejana. Y es que un viaje de ida y vuelta de ese calibre requeriría una cantidad desorbitante de carburante que pesaría demasiado, y la duración de tal travesía sería también demasiado larga para poder asegurar la salud de quien se enrolara en tal odisea.

Por el momento, la primera parada vuelve a ser la Luna. Los ojos de la NASA ya han vuelto a posarse en ella. El 18 de junio se lanzó la sonda Lunar Reconnaissance Orbiter (LRO) junto a su compañera kamikaze Lunar Crater Observation and Sensing Satellite (LCROSS). A primeros de este mes retransmitió sus primeras imágenes. El trabajo de la LRO es estudiar el terreno. La sonda quiere hacer una radiografía del subsuelo lunar y buscar posibles lugares seguros para futuros alunizajes.

También se llevarán a cabo investigaciones sobre los efectos que la radiación cósmica causa en los astronautas y en los equipos electrónicos , y es que dicha radiación sigue siendo a día de hoy, a pesar de los múltiples estudios realizados, uno de los principales riesgos a los que se someten los viajeros espaciales. Pero uno de los estudios más interesantes será el de localizar potenciales recursos naturales, con particular atención en la posibilidad de hallar la preciosa sustancia, el agua, aunque sea en forma de hielo.

Material al espacio
Y para ello es necesario el trabajo de la compañera suicida de LRO. ésta está provista de un misil, con el que bombardeará un cráter polar, adyacente a la cara lunar permanentemente oscura. El potente impacto, que hasta podría ser visible desde la Tierra hacia el 10 de octubre, eyectará material al espacio que perdurará durante unos días esparcido alrededor del satélite. LCROSS será entonces dirigido hacia dicho material para recolectar medidas acerca de su composición, que serán transmitidas directamente a las estaciones terrestres antes de que la nave espacial exhale un último suspiro antes de estrellarse contra el suelo selenita. De esa manera se espera establecer la presencia de agua (hielo y vapor), hidrocarburos, materiales hidratados y otros recursos naturales fundamentales para el desarrollo de actividades humanas en la Luna.

Una colonia lunar
Los estudios que se están llevando a cabo en la Luna en estos momentos serán también preparativos para una colonia lunar permanente que la NASA tiene planeada para el año 2020. En diez años por lo tanto, la ciencia-ficción podría convertirse en realidad, con la presencia de habitantes en nuestro satélite. La base lunar tendría una capacidad inicial para cuatro astronautas, que harían estancias de aproximadamente una semana.

Pero éste sería tan sólo el comienzo, y es que los planes de la NASA son mucho más ambiciosos. La colonia podría ampliarse y convertirse en un auténtico centro de operaciones desde el cual lanzarse a viajes mucho más lejanos. La gran ambición, que se vislumbra en el horizonte, es la llegada a Marte. Por otro lado, una base lunar, de forma similar a la Estación Espacial Internacional (ISS, de sus siglas en inglés), supondría un laboratorio excepcional para la realización de multitud de investigaciones científicas.

Está previsto que la base se construya en uno de los polos del satélite. La ventaja del lugar es el hecho de que el Sol luce allí de forma casi permanente, siendo por lo tanto posible proveer toda la estación de la energía necesaria y resultando también un ambiente más confortable debido a que las temperaturas no son tan extremadamente bajas como en latitudes menores. Por otro lado, la extracción in situ de oxígeno, que es un recurso abundante en la Luna, permitiría cubrir las necesidades de soporte de vida y actuaría como oxidante para los vehículos espaciales y de superficie.

Pero sin lugar a dudas, el mineral estrella selénico es el helio-3. Este es un mineral que casi no se encuentra en la Tierra y que, en cambio, existe en abundancia en nuestro astro nocturno. Se trata de un isótopo del helio que llega a lomos del viento solar, y que mientras que el campo magnético terrestre lo mantiene alejado de nosotros, llega a la superficie lunar sin problema. Pero, ¿para qué podría utilizarse el helio-3? Pues para olvidarse una larga temporada de los combustibles fósiles.

Actualmente se está estudiando la generación de energía para consumo humano vía fusión nuclear, que generaría menos residuos radioactivos que la tradicional fisión que se usa hoy en día en las centrales nucleares. La fusión nuclear es el proceso físico que se da en el interior de las estrellas y que les suministra la energía. Para llevarla a cabo en la Tierra son necesarias altísimas temperaturas, con todos los riesgos que eso supone, y aún así, a día de hoy aún no es posible generar energía útil mediante este proceso.

Utilización del helio
La utilización del isótopo del helio, según los expertos, permitiría la generación energética por fusión nuclear de forma mucho más segura, limpia y estable, permitiendo que se convirtiera en nuestra fuente principal de energía. Pero por el momento, el helio-3 se encuentra en la Luna, lejos de los reactores nucleares terrestres y, por lo tanto, solamente al alcance de los vehículos espaciales que necesiten repostar en la Luna antes de empezar un largo viaje. Pero ¿qué sucedería si al final resultara rentable transportar helio-3 a la Tierra? ¿Iríamos a por él hasta agotar sus reservas minerales?


Un 20-7-1969 para la historia

16:05. El módulo lunar Eagle y el de mando, Columbia, se separan. Michael Collins permanece en el Columbia.
16:17. Neil Armstrong y Edwin Aldrin alunizan en el Eagle 103 horas después del comienzo de la misión. Los astronautas preparan impacientes su salida.
22:56. A esa hora (4:56 del día siguiente en España) Neil Armstrong se convierte en el primer ser humano en pisar la Luna. Dieciocho minutos después, Aldrin se une a su compañero. “Una magnífica desolación”, describe para la historia.
(Información del libro La carrera espacial, de Ricardo Artola. Alianza).


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