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Ciencia  

¿Qué hace gracioso un buen chiste?

Neurociencias

Recientes experimentos han demostrado que determinados chistes activan zonas del cerebro partiendo de la información sensorial a procesar, su significado y características. El catedrático de Fisiología Francisco Mora analiza para El Cultural este proceso, estrechamente relacionado con el humor, el bienestar y el equilibrio de nuestro organismo.


FRANCISCO MORA | 07/09/2006 |  Edición impresa


El buen humor, la alegría, son ingredientes básicos en la vida cotidiana. Son elementos de la conducta críticos para una buena comunicación y desde luego para todo tipo de interacción social. Se dice que el buen humor, y con él la risa o la sonrisa, son estados muy característicamente humanos. No cabe duda que la vida de todos los días está sembrada de conductas sazonadas con buen humor y de las que desconocemos su más elemental significado biológico. ¿Qué nos hace reír al escuchar un buen chiste? Chistes inteligentes cambian el ambiente de una reunión social anodina y hasta pueden romper una situación fría y tediosa. ¿Qué hace pues, poderoso al chiste, para crear esa sincronía de conductas, en este caso la de la risa?

Los estudios del funcionamiento del cerebro nos acercan cada vez más a respuestas a estas preguntas. En un estudio reciente, se registró la actividad cerebral a una serie de personas a las que se les leyeron treinta chistes. Los chistes fueron seleccionados sobre la base de su contenido de significado (el chiste clásico), de juego de palabras (por ejemplo del tipo de aquel que dice “No es lo mismo Santiago de Compostela que compóntelas Santiago”) o fonológicos (voces e imitaciones). Los individuos seleccionados para el estudio (mientras estaba siendo escaneado su cerebro) apretaban un botón cada vez que encontraban gracioso u ocurrente uno de los chistes.

Cada tipo de chiste, bueno o malo, gracioso o no, activó, como no podía ser de otra manera, varias áreas del cerebro, según la información sensorial a procesar, su significado o las características del chiste (sonidos). Pero lo interesante fue que hubo una convergencia en la activación de un área del cerebro que fue común a todos los chistes buenos o graciosos, cosa que no ocurrió en el caso de los chistes malos, independientemente del tipo de chiste y la manera de contarlos. Esta área fue la corteza prefrontal ventral medial. Es más, el grado de activación de esta área del cerebro durante el disfrute del chiste se correlacionó bastante bien con el grado o clasificación de “gracia u ocurrencia” que mostró el sujeto durante el escáner o tras terminar éste y leer él mismo los chistes. Lo interesante es que esta área prefrontal es parte importante de los sistemas del “cerebro emocional”, aquellos que se activan cada vez que una persona experimenta una sensación de placer.

Es interesante el hecho de que personas con lesiones de esta área cerebral, particularmente de su cerebro derecho, tienen un cierto impedimento en encontrar gracioso ningún tipo de historia o chistes. Estas personas carecen de la capacidad de sonreír ante algo simpático o gracioso. Por supuesto que entienden perfectamente el significado de lo que se les dice y encuentran sentido en el contexto de la historia, pero son incapaces de “entresacar” más allá de ese significado semántico, y no pueden imprimir ese otro añadido que ya digo es la “gracia” que una persona normal encuentra en ese tipo de relato.

Sin duda todo el mundo reconoce que la gracia de un chiste no sólo está en el mismo sino en quién lo cuenta y en el contexto social en el que se cuenta. Hay personas con capacidad de “acercamiento” o “empatía” emocional capaces de predisponernos a encontrar “gracioso” lo que “supuestamente” es gracioso. Y la disposición o recepción del individuo mismo hacia lo que se le cuenta es un poderoso determinante en la clasificación de bueno o malo del chiste. No es lo mismo una reunión relajada de amigos para la reacción ante buenos chistes si estos son contados por alguien que ya se le reconoce “la gracia” en contar historias que ese mismo chiste contado en otro contexto diferente y contado además por un “mala sombra”.

El chiste pues, el buen chiste, es “socialmente” placentero. Y lo es porque tiene la virtud de activar áreas del cerebro que también se activan en situaciones placenteras, particularmente aquellas que se obtienen en un contexto social humano. Sin duda que esto explica, también en parte, por qué la risa y la sonrisa son tan característicamente humanas. El ser humano con su cerebro ha expandido, más allá de lo estrictamente placentero para sobrevivir, cómo es comer o beber cuando se tiene hambre o sed, lo placentero de ciertas relaciones humanas. Para el ser humano reír o sonreír significa además activar una parte del sistema nervioso, el sistema parasimpático, que proporciona a su cuerpo bienestar, restauración a sus desequilibrios fisiológicos, vuelta en definitiva a “la felicidad” del organismo.




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