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Jaime Chávarri y Oscar Jaenada

Conversación entre el director y el protagonista de "Camarón"

La interpretación de Oscar Jaenada en la piel de Camarón es un prodigio de técnica y arte, uno de los trabajos más serios que se recuerdan en un actor español. Dirigido por Jaime Chávarri en la biografía del mítico cantaor que se estrena el 4 de noviembre en salas, Camarón, el actor catalán lleva prácticamente todo el peso de una película que rinde homenaje al arte del genio gaditano. El Cultural ha reunido a Jaime Chávarri y a Oscar Jaenada para conversar en torno a la máxima figura del cante jondo y al proceso de realización de la película.


 | 03/11/2005 |  Edición impresa


Jaime Chávarri y Oscar Jaenada. Foto: Mercedes Rodríguez

Jaime Chávarri: El otro día me decía alguien hablando de tu Camarón, que él no sabía cómo lo habías hecho (y yo tampoco), pero que le daba la sensación de que te habías planteado la parte de canciones de una manera muy técnica, pero al mismo tiempo de una forma muy instintiva. Entonces yo le decía que seguramente será verdad. Yo lo que sé es que cuando ensayábamos te corregía diálogos de escenas y algún movimiento, pero cuando llegábamos al rodaje, ya te traías el personaje completamente incorporado, y lo único que tenía que dirigir era lo anecdótico. Mi pregunta es que si tu parte técnica de cantar fue una puerta de entrada al resto del personaje, o si lo preparaste de forma paralela.
Oscar Jaenada: Hombre, sí que es verdad que eran como dos bloques. Yo me planteé lo que la gente conocía de Camarón y lo que la gente desconocía de Camarón. Lo más fácil era lo que la gente conocía, porque es algo que puedes imitar, pero a la vez, sí, al preparar las canciones, lo haces de una forma muy técnica, pero esa técnica no te sirve de nada si no entiendes las canciones, si no puedes sentirlas, porque a partir de las canciones creas al personaje. Me ayudó mucho en esto ir a San Fernando, a conocer a la familia...
J. C.: Creo que entonces te dijo el hermano que eras muy grande para hacer de Camarón...
O. J.: Sí, sí... la primera vez que lo vi, el Pijote, Jesús, se me quedó mirando y me dijo “Eres mu arto”. Le dije que no se preocupara, que eso se podía arreglar.
J. C.: Otra cosa que me hacía gracia es que, antes de rodar, hablábamos y no se te olvidaba nada de lo que decíamos. De la forma de andar, de la forma de toser... Una chica me dijo que le impresionaba mucho la parte física del personaje, porque parecía que se iba ahogando a lo largo de la película... Pero a mí lo que más me divertía es que cuando llegabas al rodaje ya no eras Oscar, eras Camarón. Yo no tenía que estar diciendo esto y aquello...
O. J.: Ya, pero aún sin decir nada, ya estás diciendo. Si no dices nada, sabemos que eso funciona...
J. C.: Sí... claro, pero generalmente había pocas correcciones sobre la parte física del personaje. Te podía decir que quizá Camarón nunca diría una frase así, pero no que no adoptaría esa actitud con el cuerpo, que no se sentaría así o no haría ese gesto, porque el físico lo incorporaste totalmente. Hasta tal punto que a medida que rodábamos iba quitándole a Camarón frases del guión, porque todos sabemos que era muy parco en palabras, y las expresabas con el cuerpo, con la mirada.

Pizarra en blanco
-¿Cuál era vuestra relación con Camarón antes de la película ?
O. J.: Bueno... conocía algo su música, sabía quién era, claro, pero no mucho más...
J. C.: La primera entrevista nos miramos acojonados... yo decía, ¿pero este va a hacer de Camarón? ¡Si no sabe casi nada de él! Luego le vio La Chispa [la viuda de Camarón] y dijo: “Pero si no se parece nada...” y Raimundo Amador ya fue quien nos dejó hundidos... pero al final quedaron encantados.
O. J.: Hay personajes de los que coges cosas que ya has hecho o instintos que recuerdas y puedes utilizar, pero la verdad es que con un personaje como Camarón había pocas cosas de las que podía tirar. Empecé con una pizarra en blanco y a partir de ahí mamé todo... primero en la escuela de flamenco, luego en San Fernando, en el ambiente que le rodeó.
J. C.: Yo tenía la ventaja de que había visto a Camarón en concierto y me había emocionado tremendamente. De todos los conciertos a los que he ido, no recuerdo ninguno tan intenso como el de Camarón. Por otro lado, al saber lo que la presencia y el arte de Camarón había dado, me sentía comprometido a transmitir algo de eso en la película. El inconveniente es que si no encontraba un Camarón convincente no había película. Oscar fue el segundo actor al que probamos, y en el primer play-back nos miramos todos y ya sabíamos que era él.
O. J.: Para mí, el proceso fue simplemente transformarme en Camarón, no había otra cosa. Vi muchas imágenes de archivo de él, conocí y conviví prácticamente con su familia, aprendí todo lo que podía. Las hijas de Paco de Lucía me llevaron una vez a su casa para enseñarme vídeos privados que tenían de él, imágenes muy emocionantes de ellas con Camarón grabadas por el propio Paco de Lucía... y todo eso ayuda.
J. C.: Me he acercado a la figura de Camarón tal como yo lo siento. No he creado pensando en qué espera recibir la gente, sino que he tratado de transmitir de él aquellas cosas que a a mí me fascinaron. Para mí era un personaje que me producía una sensación de talento y arte inmensos, y al mismo tiempo un desvalimiento y un desamparo que no había visto nunca en un artista que actuara públicamente. Era un desamparo intrínseco a su personalidad, además, no tenía nada que ver con sus circunstancias, era algo puramente físico, muy impresionante.
O. J.: Totalmente. Yo lo que hice fue dejarme llevar por el reparto, la dirección y sobre todo la caracterización... eso ayuda muchísimo a meterte en su piel. Pero en ningún momento podía plantearme la posibilidad de imitar su voz, sólo en clavar el play-back de las grabaciones.
J. C.: Los flamencos generalmente no quieren cantar en play-back porque es muy difícil, no se encajan, pero tú lo tenías tan pillado que se te podía grabar cámara en mano, muy de cerca y en el momento que quisiéramos, que siempre encajaba la voz con la letra. Eso ha hecho mucho más sencillo todo el proceso. Todavía me sorprende cómo lo conseguiste.
O. J.: Primero con muchas ganas de hacerlo bien, de entregarme en cuerpo y alma, y segundo con el respeto por lo que hago. Yo tenía claro que nunca sería suficiente todo lo que practicara. Cada vez que escuchaba una canción, la quería volver a escuchar, así hasta 400 veces cada canción. Me fijaba en la respiración, procurando respirar al mismo tiempo que respiraba él cuando cantaba. Ahí es donde fui hallando la clave.

Sin concesiones
-¿En qué medida creéis que el permiso y el apoyo de la familia a afectado a la libertad del proyecto?
J. C.: Estos temas son siempre complicados, porque tú sabes cómo vas a hacer la película, pero la familia no. Yo la verdad es que al final he hecho lo que he querido, sin ningún tipo de concesión... Al contrario de lo que se suele estilar en los biopics, yo me planteé su biografía como una historia de pequeños momentos, porque además él era un hombre sencillo. No quería darle ni a los diálogos, ni a los movimientos de cámara, un tono de grandilocuencia, porque Camarón era todo lo contrario a la grandilocuencia. Tuve mucho cuidado en darle un tono épico, pretencioso o incluso intelectual a cualquier imagen. Están muy medidos los momentos en que Camarón dice tres frases seguidas.
O. J.: No es que hablara poco, sino que escuchaba mucho.
J. C.: Por eso hicimos doce versiones del guión, y en cada una le quitábamos más diálogos a Camarón, hasta convertirle en un personaje casi prácticamente mudo.
O. J.: Cuando estábamos rodando, los hermanos de Camarón estaban allí mismo. Ha sido un regalo concerles a todos. ¿Que si afectaba a mi libertad como intérprete? Bueno, ellos son los que me han dado la esencia de Camarón, por muchos libros que haya leído, por muchos vídeos que haya visto, son ellos y los músicos con los que trabajó con quienes he aprendido más. Tres frases de Tomatito o de La Chispa me ayudaron más que tres biografías de Camarón. Creo, simplemente, que la película no tendría ni la mitad de verdad de la que tiene si no hubiera sido por la colaboración incondicional de la familia.
-¿Cómo será recibida la película entre los que no tienen especial interés por el flamenco?
J. C.: Hemos tenido la prueba de San Sebastián, donde la vio mucha gente “profana”, y creo que la película sí gustó. Hemos intentado ante todo que sea una película sobre una persona, y que no el hecho de que sea una figura del flamenco se convirtiera en un obstáculo para cierto público. Pero nunca se sabe lo que ocurrirá. Yo he visto la película muchas veces, y todavía no me aburro de ella, ni de Oscar, ni de la música, ni de la historia... Pero cambiando de tema, a mí me gustaría preguntarte si este papel ha sido el más difícil que has hecho en teoría o en la práctica también.
O. J.: Ha sido mi papel más difícil en el sentido de que exigía mucho trabajo. Es un papel con el que lo he pasado muy bien y muy mal. Yo me planteé desde el primer momento que o lo hacía muy bien o no lo hacía. Y con un proyecto así tienes que aparcar muchas cosas... es inevitable, tienes que aparcar a tu familia y amigos, llegan momentos en los que tienes que olvidarte de todo excepto de que eres Camarón.
J. C.: Yo estaba preocupado contigo, deseando que en cuanto acabara el rodaje empezaras con otro, para quitarte el personaje de encima y dejaras de fumar...
O. J.: Bueno, luego he hecho de violador... Para mí el mayor regalo es que la película se vea, que la gente pueda descubrir a Camarón con esta película. No hay mayor recompensa al esfuerzo que hemos puesto todos en Camarón.




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