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Los puentes de Madison

Clint Eastwood en DVD

El Cultural entrega el jueves 17 de noviembre, por sólo 7,50 euros, el DVD Los puentes de Madison (1995), película-isla en la filmografía de Clint Eastwood con la que el actor y director mostró su sensibilidad para el melodrama. Meryl Streep dio una exhibición de su extraordinario talento en la piel de Francesca, una ama de casa que se debate entre el amor y la familia.


CARLOS REVIRIEGO | 10/11/2005 |  Edición impresa


Clint Eastwood en Los puentes de Madison

Acaso inspirándose en esta película, en uno de sus desconsolados temas country Lucinda Williams glosa la paradoja de la que se nutre preguntando si “me amaste eternamente durante esos cuatro días”. El escenario de Los puentes de Madison es una granja perdida en un paisaje plano de Iowa, más que propicio para el country, pero no se equivoca Eastwood llenando el ambiente de ópera, jazz, blues y temas de Johnny Hartman. La música que destila el transistor de la cocina o la radio del coche trae de vuelta imágenes gastadas del color de los sueños, de un tiempo perdido, de una oportunidad desperdiciada. Si algo debe quedarnos claro tras la película, es que a veces las cosas más importantes de la vida no tienen nada que ver con conquistar la felicidad. Richard (Clint Eastwood) y Francesca (Meryl Streep) lo aceptan con resignada tristeza. La promesa de una felicidad perfecta será sólo una nostalgia, un recuerdo de cuatro días para ellos.

El guionista Richard Lagravenese y el director Clint Eastwood saben que sus personajes se enamoran de una idea, de algo a lo que Richard prefiere llamar certeza, “una de esas certezas que sólo aparece una vez en la vida”. Aceptamos que el amor es una idea, nos identificamos con esa idea y luego renunciamos a ella cuando la realidad, menos grandilocuente, se impone. Pero acaso tiene que ser así. El fotógrafo debe seguir su camino y la ama de casa atender a sus obligaciones adquiridas. Qué hubiera sido de sus vidas juntos, qué tiempo de pasión les habría sido concedido, cuánta culpa hubieran tenido que soportar. Aunque sólo sirva de consuelo, si la historia de ese romance de cuatro días no perteneciera a un pretérito empeñado en anular un fututro feliz pero improbable, el libro de Robert James Waller no se hubiera convertido en un best-seller y nadie habría visto la película de Clint Eastwood. De ahí la importancia de la dimensión narrativa que añade el film respecto a la novela, la de los hijos leyendo el diario, a pesar del evidente desequilibrio que provoca en el resultado final.

Nos quedamos en la memoria, por tanto, con la lluvia, el retrovisor y la mano en la cerradura. Es duro admitirlo, pero el clímax emocional de Los puentes de Madison descansa en el acto de renuncia a la felicidad, en la abnegación total del amor. Es lo que se supone que debemos esperar de un melodrama. Dos personas se han encontrado sin buscarse, se han reconocido, se han amado y se han perdido para siempre. Lo extraordinario es que podamos comprender las razones de que haya sido así. Es más, podemos revivirlas con ellos, se nos concede el privilegio de asistir a cada una de las miradas que se robaron, de los pensamientos que se callaron y de las emociones que les pusieron en contacto con lo mejor de ellos mismos. Nunca una mano sobre un hombro tuvo tanto interés, tanto significado, en una película.

Insondables misterios
¿Qué hace posible que el cine ilumine de modo tan preciso los insondables misterios del corazón? Ocurre en Breve encuentro, ocurre en Carta de una desconocida, y ocurre también en Los puentes de Madison, acaso una suerte de combinación de aquellas. Son películas hermanas que retratan las mismas rugosidades del alma, la misma clase de vértigo y de duda y de fatalidad. Nos permiten descifrar los elocuentes silencios de los amantes, como si todos los amantes del mundo emplearan códigos equivalentes y la historia estuviera condenada a repetirse una y otra vez. En su aliento trágico es donde acaso hallamos su verdad para sentirla y creérnosla de nuevo.

Sobre las decisiones de Clint Eastwood para exprimir de esta historia la máxima emoción posible, sin sentimentalismo, hay una que se antoja esencial. Meryl Streep. El mejor acierto de casting, el mejor trabajo de esta extraordinaria y extraña actriz. Su trabajo gestual, su acento, su mirada, sus reacciones... insuperable Francesca. Sólo su radiante presencia ya estimula la propia actuación de Clint, que con este personaje se alejó del prototipo creado para demostrar que es un gran actor (de cine) aparte de un excelente cineasta.

Es Los puentes de Madison una película-isla en la filmografía eastwoodiana, sin demasiados lugares comunes si no es la grandeza, la epicidad que respiran las escenas determinantes, aquellas en las que se pone a prueba todo el mecanismo de la película. Aquí el cineasta norteamericano se lo juega todo a un semáforo. Tanto con tan poco.


Curiosidades
-Steven Spielberg había adquirido los derechos de la novela para dirigir la película, pero finalmente contactó con Eastwood para que la hiciera, justo antes de que Bruce Beresford abandonara el proyecto.
-Antes de que Clint Eastwood entrara como director, se barajaron como actrices para interpretar a Francesca, a Angelica Houston, Barbara Hershey, Jessica Lange, Susan Sarandon y Glenn Close.
-El libro estaba construido desde el punto de vista del hombre, pero Eastwood consideró más interesante reescribir el guión desde la perspectiva de Francesca.




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