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2014, en danza

Los datos del Anuario de las Artes Escénicas de la Fundación SGAE mostraron un panorama desolador para la danza en nuestro país. El desplome en la cantidad de espectáculos, asistencia de público y recaudación en taquilla la colocan en cifras de hace más de 15 años. El Cultural sondea un sector desmoralizado a fin de atisbar posibles soluciones de cara al futuro. Para cortar la hemorragia, Miguel Ángel Recio, director del Inaem, enarbola el Plan Platea, que concede a la danza un tratamiento preferente en la inyección de recursos públicos a las artes escénicas. Y nombres tan relevantes como Víctor Ullate, José Carlos Martínez (director de la CND), Manuel Segovia y Francesc Casadesús apuestan por abrirla a nuevos públicos, hacer piña y tener mayor visibilidad en los medios.


RAFAEL ESTEBAN | 03/01/2014 |  Edición impresa


Silencio, de la compañía Daniel Abreu.

La salud de la danza en España es cada vez más preocupante. Los recientes datos del último Anuario de las Artes Escénicas de la Fundación SGAE pertenecientes a 2012 no han hecho más que cifrar lo que todo el sector conoce desde hace tiempo: que esta disciplina tiene una enfermedad muy grave, que va más allá de la crisis económica. Tal vez las declaraciones del secretario de la Fundación Francisco Galindo al presentar la publicación -“la danza en España está en trance de desaparición”- sean exageradas pero su estado asusta.

El Cultural se ha puesto en contacto con integrantes de todos los sectores de la profesión para chequear la situación. Hay que mirar los datos de 2012, últimos disponibles, pues los del año pasado no se conocerán hasta octubre o noviembre, cuando ya habrá empezado la temporada 2014-15, lo que también puede tomarse como una manifestación más de la enfermedad.

De acuerdo con los números del Anuario, en España se celebraron 2.633 funciones (7,2 cada día) durante 2012 que congregaron a 1.066.361 espectadores (405 asistentes a cada una), con una recaudación de 10.325.890 euros (3.921 por sesión). Esas cifras indican que la danza ha sufrido un retroceso claro. En concreto, respecto a 2011, las actuaciones han disminuido en 406 (un 13,3% menos), los espectadores han mermado en 121.601 (10,2%) y la taquilla ha bajado 1.748.058 euros (14,4%). En contraste, el teatro tuvo sólo un 10,4% menos de representaciones que en 2011, un descenso del 9,8% en asistencia y un 8,3% menos de recaudación. Aunque el diagnóstico es aún peor al revisar el historial del paciente y comparar su estado de 2012 con su mejor situación, 2007, el año que la danza tocó techo.

Según la publicación hubo entonces 4.812 funciones que congregaron a 1.649.346 espectadores, que dejaron en taquilla de 19.482.869 euros, aunque en realidad el año con mayor recaudación fue 2006 con 19.941.382. Es decir, que en un lustro la danza ha perdido un 45,2% de actuaciones, un 35,3% de público y un 45,9% de dinero. Si además el médico mira más hacia atrás, para ver cuándo el enfermo había presentado una sintomatología peor que en 2012, no la encontraría, ya que los datos conocidos llegan hasta 1998, momento en que la Fundación SGAE empezó a publicar su Anuario. Así que su conclusión sería demoledora, pues la danza en España ha retrocedido nada menos que quince años. Y eso sin conocer los datos de 2013 que según las estimaciones del sector serán igual de malos o peores que en 2012.

La prioridad, clama el sector, es revertir la subida del IVA al 21% de hace 15 meses. “Es insostenible, nos está ahogando”, confirma Manuel Segovia, vicepresidente de Emprendodanza, la asociación de las compañías madrileñas. Pero el cambio no parece que vaya a llegar pronto. “No hay mes en el que no me ponga en contacto con el director general de Tributos para ver cuándo ocurrirá”, responde el director del Inaem, Miguel Ángel Recio. “Pero no será hasta la reforma de los impuestos”, que el gobierno ha anunciado para 2015.

La segunda medida urgente también es económica. Consiste en que los municipios, empresarios de casi el 90% de los teatros españoles, liquiden sin retrasos escuralienses a las compañías lo que le deben. “Estamos financiando a los ayuntamientos que, en algunos casos, tardan hasta cuatro años en pagarnos”, dice Segovia, también director de Ibérica de Danza, formación que acaba de celebrar sus 20 años de existencia colgando el cartel de ‘No hay localidades' en el Teatro Fernán Gómez de Madrid. Es cierto que esto ocurre con muchas empresas de todos los sectores de la economía, pero en el cultural -danza, teatro y música- tiene el agravante de que gracias a los artistas los consistorios ingresan un dinero, el de la taquilla, que luego dedican a otros pagos. Como el de un municipio que “destinó el dinero presupuestado y aprobado para las actuaciones a pagar la factura de la basura, dejando sin pagar”, continúa el Premio Nacional de Danza de 2001, “a unas compañías que para sobrevivir tienen que pedir créditos ICO con unos intereses que no recuperan y deben asumir ellas”.

El inaem mueve ficha: Plan Platea

“Hemos conseguido incluir al sector cultural en el Plan de Pago a Proveedores de este año a diferencia del pasado en el que estaba expresamente excluido”, replica Recio, que es consciente de que también es necesario revertir la situación. Para ello el Inaem ha creado Platea, un plan de apoyo a los teatros municipales dotado con 6 millones de euros, de los que el 25% está destinado a la danza. Con esta medida, Cultura se compromete a completar hasta el 65% del caché de las compañías si la taquilla no es suficiente, mientras que los municipios deberán pagar a las formaciones en un máximo de 30 días naturales. Para este año se han inscrito 128 formaciones. Además, el Inaem mantiene Danza a Escena con el que desarrolla programas de colaboración con diferentes teatros de la Red Nacional.

El resto de males no son, en su mayoría, hijos de la crisis. Al contrario, son problemas estructurales que tienen más de veinte años. Por eso Toni Pastor, gestor cultural y fundador del festival Dansa València, piensa que su generación ha “fracasado”. El también creador del circuito de su comunidad no usa la palabra como un reproche a sus compañeros de los años ochenta, que levantaron un sector que en algunos campos, como el de la danza contemporánea, apenas existía en España, sino como la constatación de que “lo hecho hasta ahora no ha servido, de que otra vez hay que volver a empezar”. Un diagnóstico que corrobora Víctor Ullate al confesarse “resignado” al ver cómo la danza en España parece vivir su día de la marmota particular. Aunque no todo es vuelta a la casilla de salida. José Carlos Martínez, director de la Compañía Nacional de Danza, reconoce la “extrema gravedad del panorama para las compañías privadas”, pero destaca como un un cambio relevante el que “ahora un chico que quiera formarse en España lo puede hacer y no como antes”. Él tuvo que marcharse a Francia con 14 años.

Las soluciones al resto de problemas requieren abordar el sector de manera conjunta. “Necesitamos un plan global, no podemos centrarnos cada uno en su chiringuito, los contemporáneos con sus cosas, los del flamenco con las suyas..., porque si no no haremos nada y perderemos todos”, asegura Francesc Casadesús, director del Mercat de les Flors, el espacio de Barcelona que se ha convertido en una suerte de teatro nacional de la danza en España tras el cierre del capitalino Teatro de Madrid. Uno de los defectos históricos de la profesión ha sido el de su “atomización”, opinión que confirman Segovia y Recio desde esquinas opuestas.

Con un sector profesional más unido y más coordinado podrán enfrentarse a leyendas de hace veinte años que siguen circulando y que amenazan con mantenerse otros dos decenios. Al habitual “no hay público para la danza” que enarbolan los responsables de algunos teatros para justificar la ausencia de espectáculos de baile en su programación, sin presentar datos que confirmen su tesis, Ullate les pregunta “¿Y qué haces tú para remediarlo?”, antes de asegurar por enésima vez que es una “falsedad”. Aunque esto no descarta el mucho trabajo pendiente para abrir la danza a un público distinto del habitual, con especial atención a los niños.

Búsqueda de nuevos públicos

Cada vez más formaciones cuentan con programas específicos. Desde la Compañía Nacional de Danza, con sus jornadas de puertas abiertas y estrenos por toda España, a Ibérica de Danza, que el año pasado hizo actuaciones especiales para 2.200 chavales de colegios en Las Rozas, donde es grupo residente. O el Mercat, que dispone de distintas actividades para hacer perder ese miedo que tienen algunos a no comprenderla. El teatro barcelonés organiza “un taller-escuela para el espectador, visitas a ensayos, encuentros para bailar con los coreógrafos”, asegura Casadesús. “De esta manera conseguimos llegar a los diferentes públicos de la danza, porque cada estilo tiene el suyo, que es diferente al del teatro”. Y también consigue aumentar el índice de ocupación de sus salas, que la temporada pasada “alcanzó el 75%”.

Estos programas serían más fáciles de apuntalar si aumentara la política de convertir en residentes a las formaciones, una medida barata que permitiría mantener unos teatros que en muchos casos sólo abren una vez a la semana. Para Pastor es fundamental, pues “una gran parte de las pequeñas subvenciones se las gastan las compañías en pagar los mínimos sueldos de los bailarines, cercanos a la autoexplotación, o en el alquiler de locales, con lo que no pueden dedicar ese dinero a una verdadera producción”. Otro paso, aunque ya a plazo más largo, sería recuperar el plan de creación de centros coreográficos, unos espacios que “no son sólo un lugar para ensayar o exhibir, sino también un lugar de encuentro donde intercambiar ideas y conocimientos, recibir a la sociedad y entablar las necesarias relaciones con los centros de artes plásticas o el mundo universitario ”.

Por esto último apuesta Isabel de Naverán, investigadora en danza de Artea. La especialista en la vanguardia coreográfica cree que “la creación más actual debe volver a dialogar con la sociedad en general, como ocurría en los ochenta, y con la Universidad en particular, que es el centro de la reflexión”. Así conjurará, además, otro peligro, en este caso no cuantificable económicamente pero muy dañino: “el de que la mirada se vuelva mucho más conservadora como pasa siempre que hay crisis”.


Dedicación, trabajo y disciplina

“La gente cree que la danza es levantar una pierna y dar vueltas, y no es eso. Supone dedicación, trabajo, disciplina..., valores que no están de moda, pero que son necesarios”, dice José Carlos Martínez. “Sobre todo en la formación de las personas, los niños, a los que hay que inculcar esos valores en vez de los del triunfo fácil, sin esfuerzo ni responsabilidad hacia nada ni nadie, que predominan hoy”, continúa el director de la Compañía Nacional de Danza. “Si eso pasa, la sociedad verá la danza, y la cultura, como algo positivo, necesario y no permitirá que desaparezcamos”.Para que llegue a la sociedad, el sector reclama apoyo, que no tiene que ser económico. “Que la televisión preste atención a la danza. No es necesaria mucha, sólo que hablen de ella cuando haya un estreno, porque de lo que no se habla no existe”, dice Víctor Ullate. “Y cariño desde el poder porque, por ejemplo, ¿alguien ha visto al ministro de Cultura en un estreno?”.


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