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Acróbatas en tacones a ritmo de Leonard Cohen

Los australianos de Circa vuelven a Madrid durante tres semanas al Circo Price. Son unos “fuera de serie” de la acrobacia y su concepción del espectáculo, con una limpia y contundente puesta en escena, rompe con los habituales esquemas del género. Con ellos llega el circo de nuestro tiempo.


LIZ PERALES | 30/03/2012 |  Edición impresa


Una escena del espectáculo Circa.

Cada muestra circense que sale de Australia da que pensar que a los habitantes de nuestras Antípodas el género les debe apasionar. De otra manera no se explica que las contadas formaciones procedentes de allí que giran por Europa tengan un nivel técnico tan extraordinario y una concepción tan innovadora del circo. El pasado año vimos a dos en Madrid, el gamberro y divertido Circo Oz, y el pequeño pero magnífico Circa. Ahora el Price ha programado a esta última casi tres semanas, del 28 de marzo al 15 de abril. Vuelven con el mismo espectáculo que ya presentaron en el Festival de Otoño en Primavera, de título homónimo al de la compañía.

Protagonizado por siete acróbatas fuera de de serie, diría que “maravillas de la naturaleza”, su puesta en escena es minimalista lo que la hace muy vulnerable a los actores, un espacio vacío en el que Circa interpreta un gran concierto de poesía física convenientemente apoyado en una iluminación y una música contundente.

La obra es una antología del trabajo de la compañía. Los diferentes números que la componen proceden de tres obras que ya no están en su repertorio (The Space Between, ...By de Light of Stars That Are no Longer y Furioso). Hay números en los que participan los siete intérpretes, en acrobacias perfectamente sincronizadas, de gran precisión; hay otros que el protagonismo se desplaza a una pareja, o a un trío que luego da paso a otras combinaciones de artistas y de técnicas, como las del trapecio, la cuerda y el hula hoop. En todos hay una concienzuda exploración de los límites del cuerpo; y la potencia y rapidez con que ejecutan sus movimientos es prodigiosa. Se diría que son literalmente de goma.

Comienza el show con un juego coreográfico a gran velocidad, en el que los actores son lanzados como si de pelotas se tratara, y que sitúa inmediatamente al público en la naturaleza del espectáculo. El virtuosismo de las chicas es tan sorprendente como el de ellos. La banda sonora está muy cuidada, coinciden los islandeses Mum, el dj Shadow, Balanescu Quartet hasta Jacques Brel y Leonard Cohen. Este último ilustra sonoramente uno de los números más llamativos, con un toque “sado”: el de una acróbata en tacones de punta pisoteando el cuerpo de su compañero, que va contorneándose y adoptando diversas posturas como si intentara eludir la tortura a la que le somete.

Transparencia y publicidad

La concepción del espectáculo es de Yaron Lifschitz, director artístico, en colaboración con su entregado elenco. Merece la pena pasearse por la web de Circa, no sólo para conocer la filosofía y los espectáculos de la compañía afincada en Brisbane, la tercera ciudad más importante del continente australiano. También para comprobar la transparencia y publicidad que dan a sus actividades. Siendo como son una formación financiada en parte por el gobierno nacional y local, también por patrocinios privados, publican anualmente sus auditorías y dan cuenta de su trabajo pormenorizadamente: En 2010 ofrecieron 137 actuaciones (de las que 83 fueron en giras internacionales, 17 en Brisbane y 37 en el resto de Australia). Tienen también una escuela, con 30 profesores, que imparte numerosos cursos de técnicas circenses para niños y adultos, casi 6.000 participaron en ellos el pasado año. Además, desarrollan un programa escolar de gran implantación en la población de Brisbane, Circa Zoo. Su presupuesto ascendió a casi dos millones de dólares al año, el 45% sufragado por instituciones y programas públicos.

El lema de la formación reza así: “Un Circo para el corazón, la mente y el alma”. Están convencidos de que el circo ha sufrido una radical transformación y que ha pasado de ser un lugar para la evasión y el escapismo a un lugar auténtico, de verdad. Ellos, desde luego, no engañan.




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