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¿Cómo sonará la música del futuro?

Llega la 34ª edición del Festival Internacional de Música Contemporánea Ensems de Valencia

La 34 edición del Festival Internacional de Música Contemporánea Ensems de Valencia plantea una pregunta incómoda: ¿cuál es el futuro de la música contemporánea? Gestores, compositores e intérpretes apuntan a un cambio de paradigma. La alternativa pasa por nuevos formatos de concierto y una música menos intelectual para reconquistar al público.
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  • BENJAMÍN G. ROSADO | 25/05/2012 |  Edición impresa


    El compositor Alva Noto, durante un concierto. Foto: Tania Castro.

    Ha tomado como lema el Festival Internacional de Música Contemporánea Ensems de Valencia, que arranca el lunes, el título de la única ópera de Elliott Carter, What Next?, estrenada en la Staatsoper berlinesa en 1999. “Nos habría gustado llevarla a escena -cuenta a El Cultural Joan Cerveró, director artístico del ciclo-, pero dadas las circunstancias actuales nos conformaremos con presentar nuestras respuestas a esta pregunta con nuevos formatos y ofrecer al público argumentos musicales sobre el futuro de la música contemporánea”. Toda una proeza en la que participan 79 músicos y 11 grupos de España, Alemania, Luxemburgo y Estados Unidos con propuestas de teatro musical, electroacústica, diálogos con el folclore de diferentes países y varios seminarios en torno a la vanguardia de nuestros días. “Ensems es un refugio para las minorías musicales, que no por ser de pequeño formato son menos importantes”.

    “¿Y ahora qué?”, entonan los seis personajes de la ópera carteriana tras un accidente de coche. No es una pregunta cualquiera, sino una constante en la historia de la música. La respuesta no por imposible deja de resultar estimulante y hasta necesaria en estos momentos. “Evidentemente nadie sabe cómo sonará la música del futuro”, añade el director del Grup Instrumental de Valencia, “pero, abolidas ya la utopías, en la huida hacia no se sabe dónde, en esta época postpostmoderna, hay motivos para pensar en un cambio de paradigma”. Se refiere, sobre todo, a la reconquista del público a través de nuevos formatos de concierto. “Los compositores tienen claro que hoy la música no se escucha sólo con el oído y que cada vez han de cuidar más la puesta en escena con ayuda de proyecciones, performances o juegos de luces. Está claro que la música no tiene que servir al entretenimiento. Pero tampoco renunciar a él por definición”.

    A salvo ya de dogmas y de capitales del serialismo, los compositores buscan una sonoridad personal e intransferible, ajena a cualquier afinidad generacional. “Hoy, con el planeta archipoblado, hay más compositores que nunca”, apunta Luis de Pablo, compositor y uno de los presidentes de la comisión de expertos para las ayudas de la Fundación Autor y la Asociación Española de Orquestas Sinfónicas. “Aun así la situación sigue siendo la misma para todos: retroceder buscando seguridades o avanzar hacia lo desconocido. Por eso no podemos ni debemos creer en una evolución hacia una meta previsible. Construimos, muchas veces sin saberlo, un camino que hay que definir día a día con nuestra obra. Nadie puede adivinar hacia dónde vamos porque sólo respondemos a nuestra necesidad de dar rienda suelta al instinto creador y así comunicarnos, mejor o peor, con los demás. No sabemos tampoco, quizá hoy menos que nunca, quiénes son esos demás”.

    Y es que en la ecuación del público intervienen múltiples factores, que van desde una formación musical adecuada (con los planes de estudio de España a la cola de Europa) hasta una sensibilidad, digamos innata, para juzgar el tiempo presente. “No hay un único destinatario de nuestra música, sino muchos, muchísimos”, afirma De Pablo. “Empezando por los que acuden a nuestros conciertos y terminando, por supuesto, por los que no lo hacen y prefieren escucharnos desde casa. Por eso la más rigurosa de las estadísticas sobre consumo desfallece ante la música contemporánea”. No hay datos oficiales, pero se habla de una disminución en el último año de en torno al 50-60% de la programación de repertorio de los siglos XX y XXI, esto es, de música protegida.

    Entre copas y compases

    Los escasos 150.000 euros de presupuesto no han impedido que Ensems pueda celebrar un año más los Encuentros sobre Composición Musical, que se llevarán a cabo en el Instituto Valenciano de la Música que dirige Inmaculada Tomás y en los que participarán tres españoles que desde hace tiempo vienen desempeñando labores docentes en el extranjero: Mauricio Sotelo (Wissenschaftskolleg de Berlín), José Evangelista (Université de Montreal) y Ricardo Llorca (Juilliard School of Music de Nueva York). “Hay un fenómeno muy curioso que está ocurriendo en el Downtown neoyorquino”, asegura Llorca. “Me refiero a los bares con música contemporánea en vivo. Cada noche la Sala Galápagos de Brooklyn o el Poisson Rouge del Village se llenan de gente que, mientras toma una copa relajadamente, escucha música contemporánea, electrónica y hasta óperas de nuevo formato”. Una fórmula que ha convertido algunos garitos de Berlín, París y Londres en auténticas schubertiadas de artistas y públicos de toda raza y condición. “Lo de acudir a conciertos con una copa en la mano no es ninguna novedad. Ya en el barroco el público iba a los teatros a comer y beber. Fue en en el siglo XIX cuando la cultura de los conciertos se hizo más rígida y museística. Lo que ocurre en las salas de música hoy tiene muy poca conexión con la realidad”. Por eso su obra Sarao, programada para el 2 de junio, “aboga, ante todo, por la sencillez”.

    Este año el Ministerio de Cultura ha convocado 15 ayudas de 20.000 euros cada una destinadas a compositores de “contrastada calidad y amplia trayectoria”, que acrediten “un amplio catálogo de obras sinfónicas, líricas o de cámara, estrenadas e interpretadas habitualmente en la última década”. ¿Cómo sobreviven entonces los talentos emergentes? A base de ciclos como el del desaparecido Centro para la Difusión de la Música Contemporánea, de encuentros como el abortado Festival de Alicante y de encargos locales que no siempre garantizan una proyección internacional. “En la composición pasa un poco como en la literatura, que se sigue considerando jóvenes a autores que rondan la cincuentena”, explica Leticia Martín, músicóloga y directora de promoción de repertorio de Tritó, sello especializado en contemporánea. “Los nacidos en los sesenta, el dream team según los críticos, siguen ocupando los lugares que ya deberían haber heredado otros”. Tras la estela de Jesús Torres, Jesús Rueda, José María Sánchez-Verdú, César Camarero, David del Puerto, Voro García, Pilar Jurado y Fabián Panisello se abre una enorme brecha, también estilística. “En este momento se aprecia un retorno a la melodía. La música se está volviendo más sensorial y menos intelectual. En la mayoría de los casos ha sido una evolución consciente por necesidades estéticas pero también para recuperar a un público casi inexistente”.

    La mayoría opta por hacer las maletas y probar suerte fuera de España, repitiendo el modelo de sus predecesores. “Escribía el poeta Valente en sus imprescindibles Tres lecciones de tinieblas: exilio, infinito regreso...”, parafrasea Sotelo, que ha tardado 12 años en volver a su Madrid natal en busca de una voz interior que no ha dudado en llamar flamenco espectral. Hace unos meses que vive en Berlín. “Aquí, en la tranquilidad de los bosques de Grünewald, trabajo en mi ópera El público, que se estrenará en el Teatro Real en 2015. Es un exilio voluntario e imprescindible para tener la perspectiva y la distancia necesarias para oír con claridad los poemas de Lorca”. Allí ha compuesto también KlangMuro...II, que, junto a KlangMuro...I y Como llora el viento, sonará en el Centre del Carme valenciano el 29 de mayo y, al día siguiente, en el Auditorio 400 de Madrid.

    No es habitual encontrar una guitarra flamenca -nada menos que la de Cañizares- en los programas de música contemporánea. “Quedan muy pocos compositores que sean capaces, como Sotelo, de integrar sin complejos ni reservas el folclore en la vanguardia”, comenta Cerveró. “Este arte de la memoria es un método que para nada le impide hacer uso de las últimas tecnologías”.

    Uno de los pioneros en este campo es Alva Noto, alias del artista visual y electrónico berlinés Carsten Nicolai, que el 2 de junio presentará en Valencia univrs (uniscope version), basada en la manipulación en tiempo real de imágenes generadas por software a partir de señales de audio. “Durante mis conciertos utilizo un hardware personalizado que genera una señal de vídeo según las diferentes distorsiones de audio”, dice Noto. “Los patrones de color resultantes cambian constantemente, sin repetición y en un espectáculo de luz y sonido en estado puro”. En la misma línea experimental, el grupo neoyorquino Oneohtrix Point Never se adentrará en lo desconocido con Replica el 1 de junio. La factura internacional la completan el Ensemble Mosaik berlinés, el californiano Kronos Quartet, que visita por primera vez Valencia (el 30 de mayo), y el pianista luxemburgués Francesco Tristano.

    Entre los intérpretes españoles encontramos a Carles Santos y el grupo Cabo de San Roque, que abrirán el festival el lunes con Maquinofobiapianolera, un espectáculo de teatro musical esperpéntico y transgresor. El Grup Instrumental recordará al desaparecido autor valenciano Ramón Ramos; Amores Grup de Percussió homenajeará al compositor norteamericano John Cage en el centenario de su nacimiento y están invitados el Spanish Braas Luur Metalls, el dúo de piano y violonchelo Alberto Rosado-David Apellániz y el grupo MixTour. En total, el Festival presentará seis estrenos absolutos, dos de ellos encargados para la ocasión por el Instituto Valenciano de la Música (Signum-nexus de José Miguel Fayos y KlangMuro...II de Sotelo), así como quince estrenos en España. “Una edición algo austera -señala Cerveró- pero de carácter solidario, novedoso y arriesgado. Valedora de proyectos individuales y de una creatividad desbordante. Lo pequeño es hermoso. Sí, difícil, por lo novedoso. Pero también apasionante”.


    El arte como matarratos

    What Next? ¿Ahora qué? ¿Y qué más da? La música no es como la lotería, donde gana el que acierta el número de mañana. La cuestión no es adivinar, sino crear. El compositor vive al borde del universo, con la nada por delante y con el vértigo de la obligación de avanzar. Pero, no nos engañemos: lo cierto es que las artes en general se parecen cada vez más a la moda (¡o a la bolsa de valores!): el más listo marca el paso y los demás le siguen, cuanto más rápidamente, mejor. Si el juego consiste en adivinar el próximo ismo y subirse a él el primero afectando estilo, entonces estamos ya en plena Pasarela Cibeles. Puestos a banalizar la creación artística, prefiero el camino del entretenimiento antes que el de la moda: el arte como matarratos. Mejor música entretenida que música fashion. Dame placer para el oído y déjate de esnobismos. Quién sabe por dónde irán las cosas pasado mañana, pero yo espero que sigan por donde van, que van bien: acercándose cada vez más la sensibilidad artística del compositor a la sensibilidad fisiológica del oído del espectador. Después de medio siglo de composición celestial, dirigida a un oído divino, ideal, omnipotente e inexistente, necesitamos aún unas cuantas décadas más de composición secular, dirigida a tímpanos humanos, terrenales, limitados en cuanto a potencia e indiscutiblemente existentes. Así tendríamos una música objeto. También puede pasar lo contrario: que se acentúen en los compositores las ganas de hacer música concepto, obras que no se dirijan a un oyente (ni con ni sin superpoderes en el oído), sino a un pensante; obras enigma que obliguen al personal a revisar sus ideas sobre la música, el arte o incluso la vida. Estaría bien que el mañana nos trajera a la vez ambos tipos de música: entretenida e inquietante. Álvaro Guibert


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