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Gullivers en Liliput

Hablamos con seis de los artistas que más han contribuido al teatro infantil en nuestro país

Son seis de los artistas que más han contribuido en nuestro país a profesionalizar y difundir el teatro para niños en los últimos 30 años. Gracias a su talento y voluntarismo, y a base de bregar en plazas, colegios y teatros, han creado una gran afición. Hablamos con ellos de su trayectoria y de sus proyectos.


LIZ PERALES | 24/02/2012 |  Edición impresa


De izda a dcha y de arriba a abajo: Pilar López, Paco Paricio, Marieta Monedero, Juan Manuel de Benito, Ana Isabel Gallego y Carlos Heranz.

1. Juan Manuel de Benito

“Las campañas escolares vuelven a tener relevancia. Hasta ahora podíamos vivir del circuito”

Juan Manuel de Benito es uno de los tres fundadores de La Gotera de la Azotea, una compañía jerezana creada en 1981 que empezó haciendo teatro de títeres para niños y así ha continuado. En sus inicios ya decidieron trabajar y vivir juntos. Esa utopía libertaria se ha prolongado durante 24 años, pues sigue compartiendo con sus familias una casa señorial que adquirieron en el centro de Jerez y en cuyo patio organizan veladas teatrales durante el verano. “Una crisis se pasa mejor en grupo. El éxito de nuestro proyecto es que tenemos un cajón único, hacemos frente a los impagos más fácilmente”. Estuvieron vinculados al mundo de la enseñanza hasta que de la mano de Carlos Aladro conocieron los Títeres de Tía Norica, una compañía centenaria de Cádiz, hoy institucionalizada. “Con Aladro relacionamos los títeres, la escuela y el juego. El juego es el lenguaje universal de la infancia y a medida que crecemos los sustituimos por el arte. La ventaja del títere es que es interdisciplinar”. La compañía hace unas 200 funciones al año, lo que les exige contratar a tres artistas más: “Ahora las campañas escolares vuelven a tener relevancia. Hace cuatro años vivíamos prácticamente del circuito comercial”.

2. Ana Isabel Gallego

“Trabajamos más que el teatro para adultos y nos pagan menos”

Fundadora del grupo Teloncillo de Valladolid y presidenta de TEVEO (Asociación de Teatro para Niños y Jóvenes), Ana Isabel Gallego transmite la preocupación del sector: cómo está afectando la crisis a las campañas escolares. Éstas son la vía principal que alimenta a estas compañías, pues están subvencionadas por las administraciones públicas. La fórmula ha llevado a artistas especializados en el títere para adultos a trabajar para un público infantil por su mejor comercialización. “Trabajamos más que el teatro para adultos, pero nos pagan menos y encima ponen en duda nuestra profesionalidad”. La Asociación que preside, y a la que pertenecen 44 compañías, ha impulsado una de las iniciativas que mayor acogida ha tenido el Protocolo sobre las condiciones de exhibición en el teatro para niños y jóvenes. Respecto a Teloncillo, que actuará en FETEN con Los animales de Don Baltasar, es una de las que más gira por el país. “El sector ha experimentado un crecimiento brutal, ha dado un giro de 180 grados. Y lo hemos hecho de forma autodidacta, aprendiendo del intercambio con compañías extranjeras. Ahora podemos ofrecer unos espectáculos perfectamente exportables”. Acaban de venir de Ucrania, donde han actuado en colegios con alumnos que aprenden español, de la mano del Instituto Cervantes. Por otro lado, este año han llegado a un acuerdo con el Calderón de Valladolid para ofrecer en el desván del teatro una programación intantil que “está siendo un éxito” .

3. Carlos Heranz

“La dependencia de lo público hace huir del riesgo”

Hace 27 años se inventaron las Semanas Internacionales de Teatro para Niños celebradas en Madrid, el primer festival destinado a acoger espectáculos extranjeros que hoy todavía pervive y del que Heranz fue uno de sus promotores. Con ellas se tuvo noticia de compañías de referencia, como la belga Théatre de la Guimbarde o la italiana Teatro dell'Angolo. Pedagogo y maestro en la década de los 70, con la aprobación de la Ley de Educación de Villar Palasí se ocupó del desarrollo curricular de la parte teatral. Cofundó la Asociación Acción Educativa desde la que ha contribuido a formar a numerosos profesores en la utilización pedagógica del teatro. “Fue un movimiento increíble. Recuerdo escenas memorables, como la de tres monjas haciendo improvisaciones vestidas con sus hábitos. Eran buenísimas”. Está convencido de que el éxito del uso del teatro en la escuela y de las campañas escolares depende “de la sensibilidad del maestro y de su implicación”. Desde hace siete años participa en varios proyectos europeos (Small Size, Big Citizens). Es también director de escena y autor de teatro. Ha colaborado con distintas compañías y se muestra crítico con la creación actual: “Hay una literatura dramática para niños que cultiva poco la reflexión. Las temáticas son políticamente correctas y el niño no tiene escapatoria. No se arriesga por miedo a un mercado pequeño dependiente de las instituciones”.

4. Pilar López

“No ha habido grandes cachés y hemos conectado con el público”

Fundadora de una de las más veteranas compañías, Paraíso, Pilar López ha llevado a cabo en Vitoria, con el apoyo del Ayuntamiento, una ambiciosa iniciativa de difusión del teatro para niños. En 2011 unos 40.000 pequeños (de los que 29.000 fueron por campañas escolares) pasaron por los teatros de la ciudad, que son numerosos (el Principal y cuatro centros cívicos). “Cuando ponemos a la venta las entradas, en una hora ya están vendidas”, asegura López. Además, Paraíso gestiona desde hace 18 años la sala Beñat Etxepare, también de propiedad municipal, y en la que la compañía programa obras hasta los 18 años. El 55% de los ingresos de la sala se obtiene por taquilla. “Creo que los que nos hemos dedicado al teatro para niños hemos hecho un trabajo ejemplar. En este ámbito no ha habido excesos ni grandes cachés, sino que hemos intentado conectar con nuestra audiencia. Hemos hecho los deberes y eso nos da una legitimidad que otros artistas no tienen. Espero que se tenga en cuenta la validez de estos proyectos”. Respecto a la evolución artística de las compañías en nuestro país, Pilar López cuenta cómo sin apenas una tradición a la que asirse han pasado de contar cuentos tradicionales a plantear todo tipo de asuntos. “Podemos tratar cualquier tema, la dificultad es encontrar el camino”. El gran salto se ha dado en la última década, cuando las compañías han comenzado a segmentar por edades sus trabajos.

5. Marieta Monedero

“El teatro no debe ser proselitista ni demasiado didáctico”

Desde 1999, Marieta Monedero ha contribuido desde la Biblioteca Municipal Torrente Ballester a suplir la ausencia de una oferta de actividades culturales para niños en Salamanca. Comenzó como actriz y directora y, con la llegada de la democracia, organizó en la antigua Casa de Cultura los primeros talleres de teatro. La construcción en 1999 de la Biblioteca, en el barrio más poblado de la ciudad, el Garrido, se presentó como una ocasión única: crear un espacio en el que la lectura estuviera unida a la divulgación de otras artes. El edificio, además de la biblioteca, alberga un teatro, una sala de exposiciones, una sala de cuentacuentos y una placita. En ella los espacios de lectura de adultos están abiertos a los de los niños, para permitir un acceso libre. La Biblioteca destina un presupuesto a las actividades que programa Marieta. Todas las semanas hay cuentacuentos y coincidiendo con la Feria del Libro o el Festival Titirimundi, se exhiben espectáculos. “Voy a FETEN todos los años para ver los espectáculos que nos pueden interesar. Creo que hay mucha gente que investiga, que arriesga, que hace un teatro con mucho rigor. Pero también hay un teatro para niños horrible, con propuestas demasiado didácticas, pensadas para gustar más a los padres y a los profesores que a los niños. Yo creo que el arte no debe hacer proselitismo”.

6. Paco Paricio

“Hubiéramos tenido que acostumbrar al público a pagar”

Hace poco más de 30 años nacieron Los titiriteros de Binéfar, un pueblo aragonés más cerca de Lérida que de Huesca, en la comarca de La Llitera. Paco Paricio y Pilar Amorós, sus fundadores, eran y son un matrimonio de maestros que acabaron abandonando el oficio para dedicarse a los títeres y el teatro de calle. Tras tres décadas recorriendo ciudades de 40 países y con más de 5.000 funciones a sus espaldas, les llegó el reconocimiento con el Premio Nacional de Teatro para la Infancia 2009. La compañía ha creado un teatro en Abizanda, un pueblecito del Pirineo, donde programan en vacaciones. Han apuntado al folklore y a las leyendas tradicionales de Aragón (El Bandido Cucaracha es uno de sus éxitos) como fuente de inspiración, huyendo del didactismo: “El teatro para niños se ha aprovechado para transmitir ideología, hay un abuso de asuntos que están de moda. El propio Ministerio de Cultura, en su convocatoria de ayudas, establece que se tendrá en cuenta aquellos que transmitan valores como la ecología y la interculturalidad. Considero que el teatro educa, pero hay que ir al componente artístico”. Sobre la gratuidad de los espectáculos infantiles, dice: “Hubiéramos tenido que aprovechar las vacas gordas para crear un público que nos permitiera ir a taquilla ahora que vivimos tiempos de flacas”.




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